Adrián Bertol Pinilla, profesor del Máster en Inteligencia Artificial y Data Science en IMMUNE Technology Institute.

Adrián Bertol Pinilla, profesor del Máster en Inteligencia Artificial y Data Science en IMMUNE Technology Institute.

Opinión HUMANIZANDO LA TECNOLOGÍA

IA y empleo: más productividad, mejor remuneración y una nueva brecha laboral

Adrián Bertol Pinilla
Publicada

La IA ya está impactando de forma real en el empleo: aumenta la productividad, transforma tareas y acelera el cambio de habilidades. Lejos de destruir puestos de trabajo, mejora la empleabilidad de quienes saben utilizarla y amplía el valor del trabajo humano. El principal riesgo hoy no es la IA, sino quedarse fuera de su adopción.

La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en un factor real de transformación de las empresas y el empleo. A diferencia de tecnologías anteriores, su impacto no se limita a sectores o perfiles profesionales específicos. Por primera vez, una tecnología se integra de forma cotidiana en el trabajo diario de millones de personas. Y los datos empiezan a dibujar con claridad qué está cambiando, a qué ritmo y con qué consecuencias para el mercado laboral.

Durante años el uso de la IA estuvo limitado a perfiles técnicos especializados, como los data scientists. Su aplicación requería equipos expertos, largos ciclos de desarrollo y una inversión considerable. Hoy ese modelo ha cambiado radicalmente. La IA generativa ha reducido de forma drástica la barrera de entrada: cualquier trabajador puede utilizarla para escribir, analizar, resumir información, generar ideas, programar, preparar presentaciones o mejorar la comunicación con clientes.

Este cambio ha tenido un efecto directo en la productividad. Según el 2025 Global AI Jobs Barometer de PWC, las industrias más expuestas a la IA están logrando hasta tres veces más crecimiento en ingresos por empleado que aquellas con menor adopción. Por lo tanto, no se trata de un efecto marginal ni futuro: es un impacto ya medido en sectores como servicios profesionales, tecnología, finanzas, marketing o atención al cliente. Parece claro: la IA aumenta el valor económico del trabajo existente.

El alcance de esta transformación se entiende mejor cuando se analiza la exposición real del empleo a la IA, como hizo la OIT en el estudio Generative AI and Jobs. Lejos de los titulares alarmistas, los datos indican que aproximadamente un 24% del empleo global presenta algún grado de exposición a la IA generativa. Sin embargo, solo entre un 3,3% de los puestos se sitúan en niveles altos de riesgo de automatización. En la gran mayoría de los casos, el impacto es parcial y se refleja en una transformación del contenido del trabajo, es decir, de las tareas; no en su desaparición.

Por tanto, la clave está en analizar en qué tareas se aplica más. Con este propósito, varios investigadores de Microsoft analizaron 200.000 conversaciones de usuarios con la IA. En su estudio Working with AI: Measuring the Applicability of Generative AI to Occupations constataron que se utiliza sobre todo en tareas que implican uso de información: escribir, documentar, analizar datos, explicar o comunicar, que no por casualidad son además aquellas en las que resuelve con mayor tasa de éxito. Esto explica por qué la tecnología se ha extendido con rapidez en ocupaciones administrativas, comerciales, analíticas y creativas.

En este tipo de empleos, la IA supone un aumento de las capacidades de los empleados y esto tiene una consecuencia directa en las habilidades que demandan las empresas. En los empleos más expuestos a la IA, las competencias requeridas cambian a una velocidad muy superior a la media. En concreto, según PWC, las habilidades evolucionan un 66% más rápido que en los trabajos menos afectados por la IA. Es decir, el puesto de trabajo sigue existiendo, pero su desempeño exige aprender nuevas formas de trabajar, colaborar con sistemas de IA y supervisar resultados generados por la máquina.

Ante este escenario, el debate sobre si determinadas profesiones están en riesgo resulta incompleto si no se incorpora una pregunta clave: ¿riesgo para quién? Los datos muestran que el factor clave no es la profesión en sí, sino el grado de adopción de la IA por parte del profesional. En prácticamente todos los sectores, quienes incorporan la IA a su trabajo aumentan su productividad y su valor para la organización. Quienes no lo hacen, ven cómo su perfil pierde relevancia con rapidez.

Uno de los temores más habituales es que la IA reduzca la necesidad de perfiles expertos en programación. Este temor tiene fundamento. El propio OpenAI, la empresa de ChatGPT, indica en otro estudio que el ingeniero de software es el perfil que más transformación está viviendo con la IA. Sin embargo, esto es así cuando reducimos las tareas de este perfil a "picar código". En cambio, si lo vemos como un perfil capaz de diseñar, integrar, escalar y llevar la dirección tecnológica, la foto cambia totalmente: la empleabilidad sube. Si bien es cierto que no harán falta tantos desarrolladores de código, harán falta más ingenieros de software para dirigir el número multiplicado de proyectos que se llevarán a cabo gracias a la IA.

Esta transformación se refleja también en la remuneración. Los empleos que incluyen habilidades relacionadas con la IA presentan una mejoría salarial media del 56 % frente a roles comparables que no las requieren, según PWC. Este incremento, que casi se ha duplicado en el último año, no se limita a perfiles técnicos. Afecta a todos los tipos de empleo.

Como vemos, usar IA se ha convertido en factor clave de empleabilidad y en el mercado laboral se está empezando a crear una brecha entre dos grandes grupos: quienes saben utilizarla y quienes no. Y esa brecha es transversal a todos los niveles profesionales. Por tanto, no se trata de convertir a todos los trabajadores en expertos técnicos, sino de garantizar una base mínima de competencias en IA: formular buenas preguntas, interpretar resultados, validar información y entender hasta dónde puede llegar la tecnología.

Este escenario plantea una responsabilidad clara para las empresas. La evidencia muestra que la adopción de IA genera más productividad, mejores salarios y mayor valor económico. Pero esos beneficios no se producen automáticamente. Requieren inversión en formación, disponibilidad de tiempo para aprender y herramientas accesibles. Las organizaciones que tratan la IA como una capacidad estratégica, y no como un experimento aislado, son las que están consiguiendo un mayor impacto.

En conclusión, la IA está transformando el empleo: está acelerando el cambio de habilidades, incrementando la productividad y premiando a quienes saben utilizarla. En este nuevo contexto, el mayor riesgo no es perder el trabajo, sino quedarse fuera de esta transformación. Porque, cada vez más, cuanto más sabe un profesional de IA, mayor es su empleabilidad. A buen entendedor...

***Adrián Bertol Pinilla es profesor del Máster en Inteligencia Artificial y Data Science en IMMUNE Technology Institute.