Ireide Martínez de Bartolomé, decana de la Facultad de CCSS Aplicadas y de la Comunicación en UNIE Universidad.
A lo largo de los siglos la universidad ha sido mucho más que un centro de aprendizaje. Ha representado un bastión del conocimiento, un espacio de pensamiento crítico y un motor de transformación social, demostrando una notable capacidad de adaptación, evolucionando para responder a los desafíos de cada época.
Hoy, sin embargo, se enfrenta a un contexto más dinámico y complejo que nunca. Nos encontramos en una era de cambio acelerado, en la que los avances tecnológicos, los desafíos medioambientales y las transformaciones sociales exigen respuestas innovadoras y profesionales con habilidades inéditas.
La historia se ha dividido tradicionalmente en cinco edades: prehistoria, edad antigua, media, moderna y contemporánea. Sin embargo, en las últimas décadas, la universalización del uso de internet ha marcado el inicio de una nueva era: la digital.
En un mundo con más de 8.000 millones de habitantes, circulan 9.000 millones de teléfonos móviles, de los cuales el 90 % son smartphones. Esto significa que cualquier persona puede acceder en 48 horas a tanta información como la humanidad acumuló desde sus orígenes hasta el año 2003.
Durante este tiempo, la educación superior se ha centrado en la acumulación de conocimiento, avanzando a través de la especialización y la tecnificación. Este enfoque ha permitido un enorme desarrollo intelectual y científico, pero también ha fragmentado la comprensión de los problemas globales.
En un mundo hiperconectado y con un flujo de información sin precedentes, se hace imprescindible fomentar un conocimiento integrador, capaz de conectar disciplinas y de abordar la complejidad de los desafíos actuales. Para ello, es necesario reforzar habilidades transversales como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la creatividad.
En este contexto, la universidad no puede limitarse a ser un espacio de transmisión de conocimientos. Debe asumir un papel activo en la transformación social, ayudando a interpretar la información en su conjunto y promoviendo una visión holística y contextualizada del mundo.
El siglo XXI ha traído consigo una de las revoluciones tecnológicas más trascendentales: la inteligencia artificial. Sus aplicaciones están transformando áreas tan diversas como la economía, el derecho o la medicina, con avances que hace apenas cinco años parecían ciencia ficción. En el ámbito de la salud, los algoritmos de IA ya analizan imágenes médicas con una precisión que puede superar la capacidad humana. En el sector empresarial, los sistemas de IA permiten optimizar estrategias de mercado en cuestión de minutos.
Se prevé un crecimiento exponencial en la demanda de graduados con formación en inteligencia artificial. En pocos años, cuando miremos en retrospectiva, distinguiremos un "antes" y un "después" de la IA en la educación superior.
Para responder a este desafío, muchas facultades están incorporando herramientas de análisis de datos, digitalización y estrategias de innovación en sus planes de estudio, asegurando que los egresados posean las competencias necesarias para desenvolverse en mercados altamente tecnificados y globalizados.
Sin embargo, la transformación de la educación superior debe ir más allá de la mera incorporación de tecnología. La universidad tiene el compromiso de formar ciudadanos preparados para un mundo en constante cambio, fomentando metodologías activas, aprendizaje autónomo y, sobre todo, el desarrollo de habilidades como la reflexión, la creatividad y la capacidad de adaptación.
Como destacó recientemente la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Pilar Alegría, en un acto en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Zaragoza, la universidad debe seguir siendo un bastión del pensamiento crítico, la reflexión y la creatividad. Estos valores son esenciales en la era de la IA, donde las decisiones ya no dependerán únicamente de los datos, sino de nuestra capacidad para interpretarlos desde una perspectiva ética y humanista.
Como en toda revolución tecnológica, hay quienes ven la IA como una amenaza para el empleo o temen su uso fraudulento. La historia, sin embargo, nos ha enseñado que cada avance conlleva nuevos desafíos que deben abordarse con responsabilidad. La regulación de la IA, la transparencia en el uso de algoritmos y la protección de la privacidad son cuestiones fundamentales que requieren de una respuesta sólida.
En este aspecto, la universidad debe desempeñar un papel clave. No solo debe formar profesionales capacitados para utilizar la IA, sino también generar conocimiento que ayude a establecer marcos normativos adecuados. Es fundamental que los futuros líderes en tecnología y gestión de datos comprendan la importancia del uso ético, responsable y sostenible de la IA.
Un desafío inaplazable para la universidad
La inteligencia artificial representa una oportunidad única para potenciar la educación, acelerar la investigación y mejorar la calidad de vida. Pero para aprovechar todo su potencial, es imprescindible que la universidad no solo se adapte a estos cambios, sino que los lidere.
El desafío de la educación superior en el siglo XXI no es solo tecnológico, sino también conceptual. La universidad debe dejar de ser un ente estático para convertirse en un espacio de aprendizaje continuo, donde la innovación, el pensamiento crítico y la interdisciplinariedad sean los pilares fundamentales.
Nos encontramos en un momento clave para la educación universitaria. La IA está transformando la manera en que aprendemos, trabajamos y nos relacionamos con el mundo. La universidad, como motor del progreso, debe asumir su papel con determinación. No basta con incorporar tecnología: es necesario repensar el modelo educativo, fomentar la creatividad, el análisis crítico y la capacidad de adaptación.
La historia nos ha demostrado que quienes lideran la innovación son quienes definen el futuro. Y la universidad, sin duda, debe estar al frente de esta revolución.
***Ireide Martínez de Bartolomé es decana de la Facultad de CCSS Aplicadas y de la Comunicación en UNIE Universidad.