Ricardo Martínez, CEO de SAV. Vicent Bosch

Ricardo Martínez, CEO de SAV. Vicent Bosch

V Aniversario EL ESPAÑOL DE VALENCIA

SAV, 125 años de economía circular: de crear abono en 1900 a limpiar Valencia y gestionar 200 depuradoras

La compañía, duramente golpeada por la dana, ya ha renovado su flota eléctrica tras perder 39 barredoras en Paiporta.

Sociedad de Agricultores de la Vega recibe el premio de EL ESPAÑOL DE VALENCIA a la Sostenibilidad.

Formulario de inscripción a la gala del V Aniversario de EL ESPAÑOL DE VALENCIA

Valencia
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Cuando en el año 1900 un grupo de 72 agricultores valencianos decidió unirse en forma de cooperativa, difícilmente podían imaginar que estaban plantando la semilla de una de las empresas de gestión medioambiental más importantes de España: SAV, acrónimo de Sociedad de Agricultores de la Vega.

Su objetivo original era sencillo y humilde, pero pionero: recoger los residuos de la ciudad de Valencia para llevarlos a sus campos y transformarlos en compost, cultivar hortalizas y volver a la ciudad para venderlas.

"Economía circular claramente, pero ya en el año 1900, a principio de siglo", señala Ricardo Martínez, actual CEO de SAV y representante de la tercera generación de la entidad. Él, en nombre de la compañía, recibe este 21 de abril el premio EL ESPAÑOL DE VALENCIA a la Sostenibilidad en la primera edición de los galardones.

Con 125 años de historia, hoy la mercantil -dejó de ser cooperativa en la década de 1970- factura 148 millones de euros y se encarga de la limpieza viaria de grandes ciudades como Valencia, con más de 840.000 habitantes. Pero también de otras con un censo que supera las 50.000 personas, como Gandia o Torrent.

Su historia es la de una empresa que supo anticiparse a los cambios sociales y tecnológicos para brindar servicios a las grandes urbes. Durante las primeras décadas, los cooperativistas realizaban la recogida de residuos y de las cenizas de las Fallas para llevarlo al campo en sus propios carros con ruedas de madera tirados por caballos.

Aquello dio paso poco después a la tracción animal con neumáticos de goma, hasta la llegada paulatina en 1930 de los vehículos a motor. La primera flota de camiones dedicados a este cometido: a la recogida de basuras.

En 1967 impulsó la fundación de Fervasa, la considerada entonces como fábrica de abono compost más importante de Europa, con una capacidad de 800 toneladas diarias de residuos tratados.

A lo largo de su historia, han vivido varios puntos de inflexión, según recuerda Ricardo. El primero de ellos, sin duda, se produjo en la década de los 80. Para poder acceder a financiación bancaria y seguir creciendo, la empresa tuvo que abandonar su modelo fundacional, el de cooperativa, y transformarse en una Sociedad Anónima.

Este cambio societario obligó a los cooperativistas a avalar los préstamos con su propio patrimonio, lo que provocó que algunos de los miembros decidieran abandonar el barco.

Otros, por contra, prefirieron arriesgar y permanecer en él. Y aquel salto abrió las puertas a una profesionalización sin precedentes mediante la contratación de ingenieros, economistas e informáticos que permitieron a la empresa abrirse nuevos horizontes.

Limpieza de SAV en la Plaza de la Reina de Valencia. EE

Limpieza de SAV en la Plaza de la Reina de Valencia. EE

Hasta el punto de que en cada inicio de década se lanzaban a nuevos retos: de las labores de limpieza de las ciudades, al mantenimiento de los parques, jardines y cementerios en 1980, la depuración de aguas residuales en 1995 o la compleja limpieza de áreas forestales bajo líneas de alta tensión.

La magnitud que iba cobrando la compañía obligaba a diversificar, automatizar y digitalizar. "Era la única vía para sobrevivir frente a las grandes multinacionales", señala Ricardo.

Hoy en día, aquella cooperativa agrícola gestiona más de 200 depuradoras dando servicio a unos 5 millones de personas y trata 1 millón de toneladas de basura al año.

Su flota no solo ha dado un salto cualitativo por utilizar energías alternativas para recorrer las urbes, sino también por la manera en que se recogen los residuos: han pasado de los dos operarios que recogían las bolsas de basura y las introducían en los camiones, a la carga lateral con un único conductor asistido por cámaras.

El sistema, que inició las primeras pruebas piloto en 1997, ha resultado más eficiente y permite en la actualidad recoger la basura con mayor celeridad. Un factor que se vuelve relevante en jornadas especialmente complicadas como la noche del 19 de marzo, San José.

Las fiestas de las Fallas, según reconoce Martínez, se han convertido en un reto para la compañía. No por la recogida de ceniza de la noche de la Cremà, pues "sigue siendo la misma que siempre". Sino por la "masificación" que se produce estos días.

"El caos reside en la cantidad de gente que no tiene ningún tipo de compromiso con la ciudad, la higiene o la sostenibilidad. Hay papeleras que vaciamos 20 veces al día", detalla Martínez.

El zarpazo de la dana

Como en toda empresa, también SAV ha tenido que enfrentarse a adversidades a lo largo de su siglo de historia. Pero ninguno ha sido tan desgarrador como la dana del 29 de octubre de 2024.

Su sede central, ubicada en el polígono industrial de Paiporta, junto al barranco del Poyo, quedó "totalmente arrasada", relata el directivo.

El agua alcanzó 1,8 metros de altura en las instalaciones. Provocó la pérdida total de su flota eléctrica, que acababa de ser adquirida. Algunos vehículos ni siquiera tenían un año.

"De las 40 barredoras y baldeadoras que había allí, 39 fueron siniestro total. La más nueva tenía solo ocho meses". En total, 207 vehículos resultaron afectados y los motores eléctricos quedaron inservibles.

Pero más allá de las pérdidas materiales, cifradas en torno a los 21 millones de euros, el impacto humano fue inmenso. De los 2.100 empleados de la empresa, cerca de 250 familias resultaron directamente afectadas en localidades como Paiporta, Sedaví, Picanya y Alaquàs, y la empresa tuvo que lamentar la trágica pérdida de un trabajador.

Camión de SAV en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. EE

Camión de SAV en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. EE

A la devastación de las inundaciones, además, se sumó el pillaje. Martínez recuerda que durante las primeras semanas, cuando el acceso era casi imposible a los municipios afectados, equipos de profesionales desvalijaron las naves industriales valiéndose de furgonetas. Sin embargo, frente a la barbarie, emergió la mejor cara del ser humano.

Trabajadores de SAV, que lo habían perdido todo en sus casas, acudieron desinteresadamente a las instalaciones para ayudar en las labores de limpieza. Pero también desconocidos, los voluntarios que nada tenían que ver con ellos.

"Lo que más me impactó y emocionó fue ver a la gente que desinteresadamente iba allí a ayudar cuando no había ningún tipo de ayuda institucional", confiesa Ricardo.

La empresa reaccionó con celeridad: en 48 horas habilitaron ayudas económicas para las familias, establecieron rutas logísticas de transporte, proporcionaron apoyo médico y psicológico, y organizaron un servicio de comidas que alimentó diariamente a 300 personas.

Hoy en día, la empresa se ha recuperado funcionalmente y ha repuesto su flota, aunque ha tenido que endeudarse para hacerlo rápidamente. Sigue a la espera de que el Consorcio de Compensación de Seguros abone las cuantiosas pérdidas económicas que han tenido que adelantar mediante operaciones financieras.

Inteligencia Artificial e igualdad

Hoy por hoy, SAV mira al futuro con una hoja de ruta muy clara: "Veo a SAV absolutamente digitalizada, siguiendo con su gran apuesta por la innovación y la sostenibilidad".

Una digitalización que ya es palpable, por ejemplo, en plantas de tratamiento como la de Manises, donde se han incorporado robots capaces de seleccionar y separar los distintos tipos de plástico con gran eficiencia.

Ricardo Martínez, CEO de SAV, durante la entrevista. Vicent Bosch

Ricardo Martínez, CEO de SAV, durante la entrevista. Vicent Bosch

El futuro de la empresa, además, pasa por una "rotunda apuesta por el capital humano y la igualdad". Actualmente, el 50% de su consejo de administración y de su equipo directivo son mujeres. SAV busca romper los techos de cristal tradicionales del sector, integrando a mujeres en labores generalmente masculinizadas.

Ricardo Martínez, eso sí, reconoce que existe un reto que no depende exclusivamente de la empresa, sino de la sociedad: a pesar de los esfuerzos por implantar soluciones medioambientales, el éxito de la economía circular requiere el compromiso ciudadano.

Actualmente, la media de separación de residuos apenas roza el 50%, y el quinto contenedor (el orgánico) se enfrenta a un "problema de concienciación mayúsculo, con niveles de impurezas donde el 90% de las bolsas depositadas están contaminadas con envases o plásticos".

En una sociedad marcada por el consumismo y los embalajes, la educación ambiental sigue siendo la gran batalla del siglo XXI.