Pruden Martín, CEO de Grupo Emotiva Liderea. EE

Pruden Martín, CEO de Grupo Emotiva Liderea. EE

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Transformando empresas desde las personas: el Grupo Emotiva Liderea diseña cada proyecto desde cero

La entidad diseña soluciones 'ad hoc' para cada empresa, adaptadas a la necesidad real de la organización.

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En un contexto empresarial en el que las organizaciones se enfrentan a desafíos cada vez más complejos en la gestión de personas, Pruden Martín, CEO de Grupo Emotiva Liderea, tiene claro que no se deben ofrecer soluciones estándar y paquetizadas.

Su enfoque parte de una premisa fundamental: el cambio y el crecimiento pasa por personalizar cada proyecto y diseñarlo desde cero.

"En Grupo Emotiva Liderea diseñamos soluciones ad hoc para cada empresa, adaptadas a la necesidad real de la organización en la que se aplica", señala.

Antes de plantear cualquier intervención, el equipo dedica tiempo a comprender en profundidad la compañía: su historia, su cultura, su estructura y su estrategia.

Este planteamiento les permite trabajar con todo tipo de empresas y sectores. "Donde hay personas, podemos ayudar", expone. Y es que, aunque cada organización es distinta, los problemas que afrontan suelen ser similares.

El deterioro del clima laboral, el aumento del absentismo, dificultades en la comunicación interna o la baja eficiencia suelen ser situaciones recurrentes. Sin embargo, según Pruden Martín, estos problemas no son aislados, sino que suelen tener un origen común: el management.

"Inevitablemente, los líderes de las compañías tienen un alto grado de responsabilidad e influencia sobre estos indicadores", señala.

Por ello, una parte muy importante de su trabajo se centra en las estructuras de mando, desde los equipos de dirección hasta los mandos intermedios. El objetivo es claro: desarrollar su capacidad de liderazgo para provocar cambios reales en la organización.

Cuando esta línea de mando está alineada y es consciente de las necesidades de las personas, los resultados cambian. "Los indicadores mejoran, fomentando además el engagement", resume el CEO de Grupo Emotiva Lidera.

A esto se suma otro factor clave: la cultura interna. Muchas empresas arrastran modelos que ya no responden a la realidad. "Culturas obsoletas o no trabajadas generan una sensación de vacío dentro de la organización que no ayuda a la gestión ni a los resultados".

En estos casos es preciso abordar procesos de transformación o potenciar culturas que pueden ser positivas pero no están suficientemente desarrolladas.

Eso sí, hay un principio que guía todo el proceso: "Lo más importante es identificar de manera quirúrgica la necesidad real y de dónde parte todo. No se trata de hacer por hacer, sino hacer con sentido".

Áreas de mejora

Desde su experiencia como director de recursos humanos, Martín entiende las limitaciones internas de las organizaciones. "Los profesionales de RRHH se encuentran muy limitados para llegar con las personas a lo que realmente necesitan".

La falta de credibilidad o confianza en contextos internos dificulta que las personas se abran y compartan lo que realmente ocurre. Aquí es donde entra el papel del partner externo. "Nuestra labor es fundamental para poder llegar realmente a lo que necesitamos".

Además, el hecho de trabajar con múltiples organizaciones les proporciona una visión objetiva y transversal. "Tenemos la capacidad de detectar las necesidades y los focos de mejora de manera objetiva y certera".

Uno de los grandes retos actuales en las empresas es el absentismo. Para entenderlo, Martín amplía el foco más allá de la propia organización. "Debemos mirar al contexto social y económico que se lleva gestando desde hace años".

Según explica, se ha producido un cambio en la escala de valores, donde el trabajo ha perdido peso frente a otros aspectos.

"Priorizamos los dogmas del disfrutar frente a los del esfuerzo o la responsabilidad". A esto se suma la percepción de seguridad externa y determinados discursos que han calado en la sociedad.

Pero no todo depende del entorno, ya que el liderazgo juega un papel determinante. "Nos encontramos con líderes sin capacidad competencial, sin personalidad para tomar decisiones o sin intención de asumir riesgos". Esta combinación, advierte, puede resultar muy peligrosa a corto y medio plazo.

Metodología estructurada

El trabajo de Grupo Emotiva Liderea sigue una metodología estructurada pero flexible. Tras un diagnóstico profundo de la organización se diseña una solución a medida y se definen los indicadores clave que medirán el éxito del proyecto.

Con el enfoque validado, se planifican las acciones y el seguimiento junto a la empresa, siempre desde la cercanía, la confianza y la comprensión del contexto de cada persona.

La intervención combina formación, coaching individual y acompañamiento en el puesto de trabajo. La formación permite adquirir conocimientos y entrenar competencias, mientras que el coaching ayuda a trasladarlos a planes de acción concretos.

Posteriormente, la mentorización y el seguimiento en el día a día refuerzan los avances mediante observación directa y feedback.

"Esta combinación nos permite conseguir el cambio", señala Martín, asegurando que el aprendizaje se traslada al entorno real.

De media, cada proyecto se extiende alrededor de un año, el tiempo necesario para consolidar los cambios, aunque las primeras mejoras comienzan a percibirse a los dos o tres meses si existe implicación por parte de la organización y los participantes.

El impacto se mide a través de indicadores como bienestar, engagement, absentismo, rotación y a través del sistema de calidad propio de Grupo Emotiva Liderea, mediante el cual testan su trabajo al ritmo que avanza el proyecto.

Todo ello además de otros indicadores específicos definidos con cada empresa. Su mejora se traduce en bienestar para las personas y en la mejora de los resultados económicos, evidenciando lo que denominan "economía silenciosa".

Un caso real

A modo de ejemplo que resume bien su filosofía de trabajo, "intervenir sobre las personas para transformar los resultados", Martín recuerda un proyecto desarrollado en una empresa del sector cosmético.

Partían de una situación compleja: altos niveles de absentismo (12%), rotación (15%), baja productividad y elevada siniestralidad.

El origen estaba en los estilos de liderazgo de los mandos intermedios, promocionados sin formación específica y con un enfoque autoritario.

Tras un proceso de desarrollo de más de un año, los resultados fueron contundentes: el absentismo se redujo al 6%, la rotación al 4% y la siniestralidad al 2,5%, además de una mejora significativa en productividad y calidad de producto.