La letrada de la Administración de Justicia destinada en el Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona, Montserrat del Toro, ha relatado este lunes ante los magistrados de la Audiencia Nacional que juzgan al mayor de los Mossos, Josep Lluis Trapero, que "tuvo miedo" por la actitud de los concentrados el 20 de septiembre de 2017 ante la Consejería de Economía, donde se practicó un registro ordenado por el juez Juan Antonio Ramírez.

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Del Toro, que ha declarado por videoconferencia y con su imagen protegida (tras comparecer en el Tribunal Supremo el pasado 6 de marzo recibió amenazas de muerte y ahora tiene que llevar escolta), ha manifestado que no pudo abandonar la Consejería hasta la medianoche, y lo tuvo que hacer a través de la azotea de un edificio contiguo.

Para entonces llevaba más de 15 horas encerrada en el interior del Departamento que entonces dirigía Oriol Junqueras y del que los funcionarios "entraban y salían", pero ella y los guardias civiles no. "Hubiera sido un peligro para mi vida", dijo la letrada judicial a lo largo de una declaración muy adversa para Trapero y que su defensora, Olga Tubau, no pudo contrarrestar.

Para el Supremo, sedición

La concentración frente a las puertas de Economía convocada por Jordi Sànchez y Jordi Cuixart fue de tal magnitud -llegaron a contabilizarse 40.000 personas- que los detenidos no pudieron acceder a la Consejería para presenciar los registros, como prescribe la ley. Tampoco fue posible que las cajas con los elementos probatorios recogidos fueran trasladadas hasta el Juzgado por la letrada de la Administración de Justicia y bajo su control.

Del Toro y los 10 guardias civiles comisionados para efectuar el que a la postre fue el registro más exitoso de todos los relacionados con el proyecto independentista -dada la cantidad y relevancia de la información obtenida- se vieron privados de su libertad de movimientos hasta la medianoche -en el caso de la letrada judicial- o ya bien entrada la madrugada -en el caso de los agentes-.

Los hechos del 20-S fueron parte de la condena por sedición dictada por el Tribunal Supremo el 14 de octubre último. Ahora se trata de determinar si en esos incidentes tuvieron alguna responsabilidad penal Trapero y la intendente Teresa Laplana, que estuvo en la Consejería hasta las 22.00 horas.

Del Toro manifestó que la información que tuvo sobre las cuestiones de seguridad -la imposibilidad de alejar a la gente para proteger los coches de la Guardia Civil o de formar un cordón para la salida de la comisión judicial- le fue proporcionada a lo largo del día por uno de los dos tenientes de la Benemérita que la acompañaron en el registro. Pero dejó claro que "nadie de Mossos" se dirigió a ella durante esa larga jornada y no porque no pudieran hacerlo: sobre las 22.00, por orden de Trapero, dos mandos de la Policía autonómica pidieron hablar con ella para ofrecerle una posible salida saltando a la azotea del teatro que linda con el Departamento de Economía.

La letrada judicial aceptó esa vía -aunque "no era la más digna"- porque "ya no podía más". La tensión y la imposibilidad de abandonar la Consejería ni por la puerta ni por el aire (se llegó a pensar en un helicóptero) la llevaron a llamar al juez Ramírez y a pedirle que "la sacara de allí como sea". El magistrado telefoneó a Trapero para ordenarle que buscara una salida para Del Toro y entonces se encontró la solución de la azotea. "Tuve que ir pegada a la pared" para evitar que desde las terrazas cercanas la vieran y, una vez alcanzado el edificio del teatro, salió junto a los actores que habían terminado su función.

Las anteriores propuestas para salir de la Consejería eran "inaceptables" por no ofrecer condiciones de seguridad, declaró Del Toro, que en un momento de la tarde bajó al vestíbulo y vio cómo "la gente estaba completamente apretada contra el cristal" de la puerta de entrada. Oyó un estruendo. Era el lanzamiento de una botella. "Ahí fue cuando empecé a tener miedo".

La primera opción que se le dio fue salir ella sola con dos agentes de los Mossos, que la dejarían en el metro. La segunda consistía en la formación de un pasillo de voluntarios de la ANC, la organización que dirigía Jordi Sànchez, junto a un cordón de agentes de la Brigada Móvil de los Mossos, pero tampoco le garantizaban la seguridad. "No creo que los mossos pudieran hacer gran cosa para lo que ya había en el exterior”, ha indicado la letrada judicial.

Hasta cerca de la medianoche "nadie me ofreció ninguna opción que no fuera salir por la puerta, y por la puerta yo no iba a salir, ni sola ni acompañada”, dijo Montserrat del Toro.

"¿Recuerda que se formó el cordón de la Brimo y que se quitó porque la diligencia de registro no había acabado?", le preguntó la defensora de Trapero. "Me dijeron que se rompió porque había habido un malentendimiento en cuanto a la hora de finalización del registro y se me dijo que ese pasillo era sólo para mí, no para los guardias civiles, y habíamos tardado tanto en decidirnos que la gente se había echado sobre los mossos había roto el pasillo", contestó la testigo.

Mientras hacía su trabajo, Del Toro oía las consignas que se daban fuera por megáfono: "No pasareis", "la noche va a ser larga".