Mientras el ala izquierda del Congreso aplaudía y los diputados de Junts simplemente disfrutaban, satisfechos, de tener al presidente del Gobierno de España en sus manos, Alberto Núñez Feijóo cruzaba el hemiciclo y estrechaba la mano de Pedro Sánchez.
Era 16 de noviembre de 2023 y aunque había ganado, como siempre, las elecciones, el líder del PP felicitaba a otro, recién investido.
Algo le dijo, casi al oído. Y preguntado después en el patio del Congreso, Feijóo contó entonces que, en ese saludo, dijo al presidente: "Esto es una equivocación, tú eres el responsable de lo que acabas de hacer". Es decir, armar "un Gobierno imposible" sostenido sobre una mayoría inexistente que sólo se reunió gracias a la promesa de la amnistía.
Este viernes, todo ese castillo de naipes de inestable equilibrio durante tres años se ha derrumbado sobre Sánchez, en la humillante derrota de sus dos decretos de vivienda, que tanto le hizo apretar la mandíbula al acabar su discurso en el estrado: "Hagan lo correcto, o si no, la historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que imaginan".
¿Elecciones? Parece que no hay más remedio.
¿Pero no iban a ser "en tiempo y forma", en el año 2027, que "es cuando tocan"? ¿No era que las legislaturas "duran cuatro años" no sólo "cuando gobierna la derecha"? ¿No era que él se volvería "a presentar en 2027" y que volvería "a ganar para llegar a 2031, y más allá"... aunque esta última vez no había ganado?
En la tribuna, el líder del PP le había advertido de que la investidura nacía "de un fraude" y que su pacto con Carles Puigdemont era "corrupción política". Antes de que supiésemos nadie nada de la otra corrupción.
Y le añadió que, cuando le fallasen sus socios, no debía acudir a buscarle.
Desde entonces, no es que Sánchez haya buscado a Feijóo para negociar o para que le vote. Lo ha buscado en el sentido más callejero del verbo, culpando al PP de cada una de sus derrotas. Y de que, todas ellas, se basaban en que "la extrema derecha les ha llevado a la derecha extrema".
Fuentes populares llevan desde entonces insistiendo en que el presidente "nunca asume una sola responsabilidad". Y recordando que esa suma que hizo presidente a Sánchez fue meramente funcional. "Una colusión de intereses para la investidura", pero nada suficiente para garantizar cuatro años de gobernabilidad.
Legislatura sin Presupuestos
La arriesgadísima apuesta de Sánchez, esta última semana, subiéndose al tsunami callejero provocado por el desahucio de Maricarmen, esa señora de 87 años sacada de un piso del barrio de Retiro, tras subrogarse un contrato de renta antigua casi dos décadas más de lo que marca la ley, le ha salido mal.
Las votaciones nominales que hicieron decaer los dos textos se diseñó para tener un vídeo corto, que es lo que se lleva ahora en las redes, de cada uno de los diputados de las derechas para explotarlos en campaña. Porque se decidió en la mañana del mismo viernes, una vez que Junts había advertido de que no apoyaría las normas.
Pero la humillación parlamentaria le impedirá, con toda probabilidad, cumplir otra de sus insistentes promesas de los últimos meses: "Presentaremos Presupuestos para 2027 y el Congreso los votará para que estén en vigor en el inicio del año".
Ya ha incumplido la Constitución un año más, porque a 30 de septiembre las cuentas públicas no están en la Cámara.... ni se las espera en breve.
Pero es que el más que posible adelanto electoral le convertiría en el primer presidente de la democracia que ni siquiera debate unos Presupuestos en toda una legislatura.
Feijóo, ése de la advertencia al presidente recién investido en noviembre de 2023, puede acabar yendo a su segundo debate de investidura, dentro de unos meses, sin haber debatido ni votado un solo Presupuesto, casi cuatro años después de estrenarse como diputado.
Una anomalía institucional inédita.
Y una ausencia de cuentas que ha hecho más frágil cada votación clave, más difícil la gestión diaria, y ha convertido las prórrogas y los decretos en el principal instrumento legislativo.
El mantra de 2027
Sobre ese terreno, Sánchez ha levantado en los últimos meses un relato muy insistente en torno al "objetivo 2027".
En entrevistas y mítines, ha repetido al menos seis veces documentadas que las próximas generales serán "en 2027" y que su intención es "gobernar hasta el último día de la legislatura". En declaraciones públicas del pasado junio; en la rueda de prensa de balance del curso político de finales de julio; en su primera entrevista tras las vacaciones de agosto, en la SER; un par de semanas después, en El Intermedio; y en los mítines de la Fiesta de la Rosa, en Gavà, y en Getafe.
Ese mensaje se acompaña de la otra consigna repetitiva: "Las legislaturas duran cuatro años también cuando gobierna la izquierda".
Entre finales de julio y septiembre pueden rastrearse al menos cinco ocasiones en las que utiliza casi literalmente esa formulación: la citada rueda de prensa de Moncloa en julio; esas mismas entrevistas en la SER y El Intermedio y en los mítines de Gavà y otros actos del PSOE... siempre rematando con el "hasta 2031 y más allá".
La idea se ha utilizado para subrayar que agotar el mandato sería, según el PSOE, un gesto de "estabilidad", lo que menos le refrendan los números de las votaciones en el Parlamento.
En total, ha perdido el 12,5% de las votaciones en la Cámara Baja... y sobre iniciativas propias del Gobierno, hay al menos 41 proyectos rechazados, 13 de ellos decretos ley que decayeron, con los dos últimos ya incluidos.
En paralelo, ministros y dirigentes socialistas han reiterado que se trabajaban "incansablemente" en los Presupuestos de 2027, y que estarían "en tiempo y forma".
También se dejó entrevistar por TVE a inicios de septiembre. Y allí advirtió de que la fecha de las elecciones la decidiría "cuando convenga al interés general", dentro del margen constitucional, reforzando la idea de que el calendario está bajo su control.
Pero llegó Maricarmen
La crisis que ha desmontado ese relato no nace en el hemiciclo, sino en un piso de Madrid, el del desahucio de Maricarmen. Y en unos cientos de tiendas de campaña, las de la Puerta del Sol, con miles de personas reclamando medidas urgentes contra los desahucios.
El Ejecutivo interpretó esa emergencia social como una oportunidad política.
Anunció un paquete de medidas extraordinarias —el llamado decreto Maricarmen— y acabó aprobando dos textos contradictorios con prórrogas de contratos, ampliación de la protección hasta 2030, restricciones al alquiler de temporada y límites a la compra de vivienda por fondos de inversión.
La apuesta era arriesgada por dos motivos.
En abril, una primera versión de decreto de vivienda ya fue tumbada por la misma mayoría de la Cámara Baja que en esta ocasión. Y en julio, el Gobierno optó por no forzar determinadas votaciones ante la falta de garantías.
Pero esta vez, dos semanas antes del nuevo Consejo de Ministros, Junts había remitido a Moncloa un borrador propio con medidas duras contra los fondos... pero con unas condiciones que rechazaban de plano Sumar y Podemos.
Quizá confiado, el Ejecutivo mantuvo su diseño original y lo apostó todo a la presión de la calle para que el caso de Maricarmen arrastrara al independentismo catalán a la convalidación.
Junts nunca se fio
Desde aquel día de noviembre de 2023, Junts siempre dijo que no se fiaba de Sánchez. Que nunca lo hizo y nunca lo haría.
Desde el inicio de la legislatura, la formación ha denunciado "incumplimientos" en inversiones, financiación y desarrollo de acuerdos y llegó a tumbar la primera versión de la ley de amnistía en enero de 2024, devolviendo el texto a la Comisión.
En noviembre de 2025, la portavoz Míriam Nogueras defendió públicamente que "ante los incumplimientos reiterados del PSOE, lo más útil es plantarse" y confirmó la "ruptura definitiva" con Sánchez.
Desde entonces, los siete diputados de Junts han dejado ver con más frecuencia que "nunca" han sido parte de una mayoría estable, y han votado en contra de diversos decretos, utilizando cada cita parlamentaria como palanca de presión.
Este viernes, Nogueras acusó al Gobierno de "alimentar la mentira y las falsas esperanzas" y de no atreverse "con los fondos buitre".
Y cuando llegó la votación, Junts cumplió lo anunciado y, junto a los votos de PP y Vox, tumbó los dos decretos, desbaratando la estrategia de Sánchez.
Esta doble derrota lo deja sin sus medidas estrella en vivienda. Y también sin el marco político que pretendía utilizar para presentar unos Presupuestos sociales difícilmente aprobables, pero con vocación de programa electoral.
La vivienda, coartada y fracaso
La vivienda se convierte ahora en el terreno central de la batalla política de cara a unas elecciones que se huelen en el horizonte.
Según los barómetros del CIS, entre enero y septiembre de 2026 entre el 37% y el 43% de los españoles sitúan el acceso a la vivienda como principal problema del país, por encima de la economía o la inmigración.
Cuando Sánchez llegó a La Moncloa en 2018, la vivienda ocupaba un lugar muy inferior en ese ranking de preocupaciones: en torno al puesto 14º o 16º, lejos de la cúspide.
Ocho años después, el fracaso en las promesas, una ley intervencionista e ineficaz, y unas políticas que, donde se aplican, no dan resultados han convertido la vivienda en uno de los principales flancos de desgaste del Gobierno.
Pero el presidente tratará ahora de convertir ese fracaso en un relato contra "las derechas", como se evidenció en el bronco debate del viernes en el hemiciclo.
Y la oposición, por su parte, le reprochará haber fallado en todo a su electorado, a las clases medias, a los jóvenes... y haber usado el caso Maricarmen como coartada para salvarse de la quema.
Un patrón de riesgo
Sánchez ya ha demostrado en el pasado que es capaz de transformar una situación adversa en una oportunidad política mediante decisiones de alto riesgo.
La disolución inmediata de las Cortes tras la derrota del PSOE en las autonómicas y municipales del 28‑M de 2023 y el adelanto al 23‑J ejemplifican ese patrón: una jugada que muchos consideraron arriesgada y que acabó devolviéndole a la presidencia gracias a la suma del Frankenstein.
La amnistía, que hasta pocas semanas antes de las elecciones había sido calificada por él como "inconstitucional" y "no planteable", terminó siendo el instrumento que hizo posible su investidura.
En esa lógica, el decreto Maricarmen era otra apuesta fuerte: usar una crisis de vivienda para recomponer la mayoría y rearmar el relato social de la legislatura.
La diferencia es que, esta vez, la operación ha fallado.
El Gobierno se encuentra sin decretos, sin Presupuestos y sin garantías de que la legislatura pueda prolongarse hasta 2027 como se venía proclamando, mientras la advertencia de Feijóo sobre el "Gobierno imposible" y la falsa mayoría se recuerda como vaticinio acertado, por parte de la oposición.
