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Las claves

Quedan 72 horas para la invasión. En Ceuta ya se detecta un inusual aumento de los cruces a nado. En La Moncloa, en cambio, se respira tranquilidad y ambiente pre-veraniego.

Pedro Sánchez había dado por concluido unos días antes el curso político con un balance en el que había pedido un pacto de Estado para la emergencia climática tras la ola de incendios.

A 700 kilómetros al sur de Madrid, sin embargo, ya hay muestras de inquietud.

Ese día, la portada de El Faro de Ceuta, el diario local, no deja lugar a dudas: "Ceuta reclama reformar la Ley de Extranjería ante la presión migratoria".

Desde hacía días, el nerviosismo cundía en esa lengua de tierra de 80.000 habitantes situada en el Estrecho. Ese lunes, el presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas, decide llamar a La Moncloa.

Lo que está viviendo le provoca una sensación de déjà vu. Le recuerda a lo ocurrido en 2021, cuando unas 10.000 personas asaltaron la frontera. Aquella experiencia dejó una profunda huella en la ciudad. "Queríamos adelantarnos", rememoró Vivas unos días más tarde en EL ESPAÑOL.

Algunos trabajadores de la Delegación del Gobierno todavía recuerdan cómo, durante aquella crisis, intentaron contactar con distintos ministerios. Unos se pasaban la responsabilidad a otros. La respuesta no llegó hasta que La Moncloa descolgó el teléfono. En el Gobierno local tampoco han olvidado aquella experiencia traumática.

Vivas no consigue hablar con Pedro Sánchez. Al otro lado le pasan con Diego Rubio, jefe de Gabinete del presidente. Le dicen que esté "tranquilo" y que se pondrán en contacto con diferentes ministerios.

El presidente ceutí acude entonces a la Delegación del Gobierno. Allí pide que se active la emergencia nacional. Su propuesta no es bien recibida.

"Cuando yo hablaba de emergencia nacional en esa reunión, siempre me ponían mala cara", recordaba.

Vivas vuelve a intentar contactar con Sánchez, quien desde hace días no consta con agenda oficial. De nuevo, sin éxito. Otra vez, Diego Rubio al aparato.

Según el testimonio del presidente ceutí, en esa conversación llegan a decirle: "No pasa nada, esto es una tormenta de verano, está todo controlado. Marruecos colabora y, por tanto, aquí no hay ningún problema".

Las horas pasan. La respuesta no llega.

48 horas para el asalto

Sobre la mesa de Vivas hay otro ejemplar de El Faro de Ceuta: "AEGC reclama medios urgentes ante las continuas entradas a nado". El diario publica, además, una crónica desde el CETI: "No hacen más que llegar grupos de nadadores".

El presidente ceutí toma la iniciativa. Reclama el mando único de la operación y un refuerzo de los efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Llama cuatro veces a Diego Rubio. No obtiene respuesta. En un momento dado, el jefe de Gabinete le escribe para comunicarle que están trabajando en ello y que el delegado del Gobierno le informará.

Según el relato de Vivas, en una de esas conversaciones llegan a pedirle que deje de llamar, que se está poniendo muy pesado.

Quedan 24 horas para la invasión.

En ese momento, un portavoz de La Moncloa telefonea a Vivas. Le comunica que no existe fundamento jurídico para activar la emergencia nacional y que el mando único de las operaciones corresponderá al delegado del Gobierno.

Al día siguiente, día 30, comienza la avalancha.

Decenas de miles de inmigrantes, más de 70.000 según las cifras manejadas posteriormente por el Gobierno, entran a nado y por las puertas abiertas de la frontera.

Las imágenes de la turba entrando a la carrera y por las playas del Tarajal recorren el planeta. Saltan a las redes sociales y a los canales internacionales, desde la CNN hasta la BBC y los principales diarios extranjeros.

Hasta Donald Trump se posiciona y habla de "miles de inmigrantes" invadiendo España.

Es ese día 30, cuando ya habían entrado más de 43.000 personas, cuando Pedro Sánchez llama por primera vez a Vivas. "Tranquilo, que esto se va a solucionar", le responde.

No habrá más llamadas. La primera y la última.

El presidente ceutí le sugiere que viaje a la ciudad ante la "envergadura" del asalto. Sánchez le comunica que estará allí al día siguiente.

105 minutos en Ceuta

Sánchez viaja a Ceuta acompañado del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Aterriza a las 11:37 horas y se dirige rápidamente a la frontera del Tarajal, donde saluda a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Después se desplaza al Palacio de la Asamblea de Ceuta. Allí se reúne con Vivas.

La ciudad está cerrada a cal y canto. Los ceutíes permanecen confinados en sus casas, con temor. Las tiendas han cerrado ante el miedo a posibles asaltos y mientras miles de personas deambulan por la ciudad y empiezan a crear campamentos.

El presidente ceutí le pregunta por la causa del ataque. Sánchez responde que la desconoce, pero presume de que, a diferencia de lo ocurrido en 2021, las relaciones con Marruecos son ahora "magníficas".

Unos minutos más tarde, el presidente del Gobierno comparece ante los medios. Afirma que se ha producido un "ataque a la integridad territorial de España".

Sin embargo, en ningún momento señala directamente a Marruecos. Atribuye la crisis a la resolución del Tribunal Supremo que confirma que la ley no permite las "devoluciones" en caliente de quienes han entrado a nado.

"Durante estos últimos días, tras la sentencia, se produjo un repunte de las llegadas irregulares", afirma Sánchez.

Mientras tanto, desvía la atención hacia las organizaciones criminales. "Las mafias engañan a muchos jóvenes y muchos encuentran la muerte en el océano o en la frontera", añade para luego "agradecer a las autoridades marroquíes esa cooperación".

Tras 105 minutos, Sánchez abandona la ciudad.

Las vacaciones

Entre el día 31 y el 1, la mayoría de los asaltantes regresa a Marruecos. Según el Gobierno, lo hace el 90% de las más de 72.000 personas que, según el Ejecutivo, entraron en Ceuta.

El ministro Óscar Puente presume de la gestión de la crisis y asegura que está resuelta.

Sánchez, mientras tanto, ya descansa en el palacio lanzaroteño de La Mareta. El presidente del Gobierno disfruta de una de sus vacaciones más largas desde que ha llegado a La Moncloa.

El día 1, sube a sus redes un vídeo sobre "las canciones que más está escuchando este año". Recomienda El Baifo de Quevedo y otras "más eclépticas". "Espero que os ayude", dice.

Las críticas suben de intensidad. El PSOE, que criticó las cuatro horas que estuvo Carlos Mazón en restaurante El Ventorro en plena Dana, calla ante las prolongadas vacaciones de Sánchez.

Sólo interrumpe su asueto brevemente el día 7 para una "videoconferencia" con los ministros. Moncloa distribuye la imagen de un Sánchez arremangado con varios ministros en una pantalla de televisión.

No hay novedades. Todo sigue igual mientras la desesperación de los ceutíes copa horas y horas de programación televisiva.

Tras diez días sin ministros, se ordena que cada día pase uno por Ceuta, aunque sin anuncios concretos.

El día 9, Sánchez reaparece en las redes para recomendar "lecturas de verano". Una novela, un ensayo y un cómic. "Espero que os ayuden estas recomendaciones", dice.

La vuelta

El 23 de agosto, Sánchez regresa de La Mareta. En ese momento, se activa la maquinaria monclovita.

Se anuncia que en el primer Consejo de Ministros, que será ordinario ya que no se ha convocado ninguno extraordinario en plena crisis, se aprobará un mando único, controlado por Ángel Víctor Torres, y la declaración de la "situación de interés para la seguridad nacional".

Es algo que Vivas le había propuesto ya el 28 y 29 de julio, pero que Moncloa no contemplaba. Un mes más tarde, y aunque no lo admiten, toca rectificar.

Las críticas son unánimes. La oposición y sus socios acusan al Gobierno de pasividad y de no señalar a Marruecos.

El Gobierno había evitado durante semanas las comparecencias de ministros en el Senado. Finalmente, se fija un pleno extraordinario sobre Ceuta para el 3 de septiembre.

Antes, Moncloa idea una tournée de entrevistas. Primera parada: la SER.

Allí justifica su parón veraniego en plena crisis. "Para una parte de la oposición no tengo derecho a vacaciones ni a ser presidente", respondió. Y defendió su comportamiento durante el verano: "He trabajado y he descansado, son mis derechos".

El presidente sostuvo que un jefe del Ejecutivo no desconecta y reivindicó que también los políticos tienen derecho a pasar tiempo con sus familias.

Sobre la actuación previa de los servicios de inteligencia, defendió que el CNI había compartido informes de situación, pero que ninguno había advertido de la dimensión que finalmente alcanzaría la entrada masiva. Avala así a Marlaska, quien unos días antes había criticado al CNI y ya había abierto una guerra con Margarita Robles.

La posición del presidente respecto a Marruecos fue igualmente relevante. Sánchez sostuvo que no existían informes de los servicios de inteligencia que permitieran atribuir a las autoridades marroquíes la organización de la entrada masiva y calificó de "francamente positiva" la cooperación de Rabat durante la crisis.

Una tesis que mantendría durante las semanas posteriores.

También entonces apareció por primera vez con claridad otro de los mensajes que acompañarían al presidente durante el arranque del curso político: la visita del Rey a Ceuta.

En ese momento se compara con Felipe VI, añadiéndole más años de reinado.

"Llevo ocho años gobernando. El Rey lleva reinando más de 20 años, ¿cuántas veces ha ido a Ceuta?", afirma. Aunque obvia que es La Moncloa quien debe dar luz verde al viaje.

El relato

Tres días después, el 3 de septiembre, Sánchez compareció ante el Pleno del Congreso para explicar la gestión del Gobierno durante la crisis.

Allí trató de cerrar el debate sobre la actuación de los agentes españoles durante las horas más críticas.

El presidente defendió que los policías desplegados en la frontera tuvieron que escoger entre contener momentáneamente la entrada y proteger la vida de quienes intentaban cruzar.

"Eligieron lo segundo. Y yo, como presidente del Gobierno y como ciudadano español, afirmo que hicieron lo correcto", sostuvo mientras el PSOE acusaba a la oposición de querer disparar a los inmigrantes. Aunque hay algo que muestra su soledad: todos los partidos, incluidos sus socios, culpan a Rabat de la invasión.

Además, anunció que el Gobierno había compartido con la Casa del Rey la necesidad de que Felipe VI visitara Ceuta y Melilla. La visita, dijo, serviría para trasladar el compromiso del Estado con las dos ciudades.

"Eso, a Vivas"

La tercera parada llegó el 9 de septiembre. Sánchez acudió a Mañaneros 360 de TVE para conceder su primera entrevista televisiva tras la crisis donde afirma que los ceutíes se tienen que acostumbrar a "una realidad estructural".

Y allí introdujo uno de los principales matices respecto a su discurso anterior: reconoció expresamente que el Estado debía mejorar su capacidad de respuesta.

"No se previó una llegada masiva de migrantes", afirmó.

Pero ese mismo día se desclasifican los archivos. La documentación revela que el CNI había avisado al delegado del Gobierno y que incluso hubo una llamada de 11 minutos.

Ante las críticas, Sánchez sale en X a asegurar que "en modo alguno constituía o podía interpretarse como un indicador de la escala, naturaleza o probabilidad de lo que pasó después".

La frase devuelve la historia al principio: 72 horas antes de la invasión, Ceuta ya estaba en alerta.

Pero Moncloa guarda un último giro. Ante la pregunta de cómo es posible que todavía sigan menores en las calles de la ciudad, Pedro Sánchez espetaba a los periodistas un: "Eso, a Vivas".

Una forma de atribuirle la responsabilidad por los menores. Al mismo que Moncloa le pidió que no fuese tan pesado durante las horas previas a la invasión.