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El arzobispo de Madrid, José Cobo, ha aprovechado la homilía de la misa funeral celebrada este jueves en la Catedral de la Almudena por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz para lanzar un mensaje que ha trascendido lo estrictamente religioso y ha apuntado de lleno al clima político que rodea la gestión de la tragedia ferroviaria.
"Cuando compartimos la fragilidad y nos ponemos ante Dios, nos responsabilizamos porque descubrimos que estamos llamados a cuidarnos los unos a los otros, no a enfrentarnos ni a vivir encapsulados en nuestros propios búnkeres personales o ideológicos", ha afirmado desde el altar mayor.
Unas palabras pronunciadas en un contexto de fuerte fractura institucional y política, visible también en los actos de homenaje a las víctimas. Mientras, en la misa funeral organizada por la Diócesis de Huelva los ministros del PSOE accedieron por la puerta trasera del pabellón Carolina Marín, en Madrid el homenaje se ha desarrollado con solemnidad y con una representación política acotada, casi en exclusiva, por el Partido Popular.
Ante una Catedral de la Almudena abarrotada, Cobo ha señalado que, ante el dolor, la Iglesia "no viene a ofrecer respuestas rápidas, sino a compartir el peso del duelo".
El máximo representante de la Iglesia en Madrid ha recordado a las víctimas mortales con raíces madrileñas—Samuel, Jesús, Trinidad, Pablo, Mari Carmen y Francisco Javier—, así como a los heridos que aún se recuperan, y evocó "el silencio desconcertante del Sábado Santo" que queda tras una muerte inesperada.
"Jesús no pasó de largo ante el dolor, se detuvo y tocó la herida. Él mismo padeció una muerte prematura e injusta y sabe de nuestras impotencias", ha señalado, antes de insistir en que "si algo aprendemos hoy es que hay que cuidar los vínculos".
La misa funeral ha sido coordinada por las diócesis más grandes de la región —Alcalá de Henares y Getafe— junto al Arzobispado de Madrid.
La presidenta Isabel Díaz Ayuso abraza a la madre del alcalde de Carabaña que perdió a su hijo.
Es por ello que el obispo de Getafe ha abierto la celebración con unas palabras marcadas por su cercanía personal al suceso, al ser natural de un pueblo de Córdoba, y se ha dirigido expresamente al hermano de uno de los fallecidos, alcalde de Carabaña, presente en la catedral junto a su madre y quien ha perdido a su hermano.
El oficio comenzó con total solemnidad, con la Catedral de la Almudena completamente llena y en un riguroso silencio. Como viene siendo habitual en los funerales, el salmo responsorial elegido fue el Salmo 22, "El Señor es mi pastor, nada me falta".
Los aplausos a las autoridades no se han escuchado hasta el final, cuando la misa ya había concluido y la presidenta de la Comunidad de Madrid salía a la calle.
Las autoridades que han accedido en primer lugar al templo han sido la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; el presidente del Senado, Pedro Rollán; el presidente de la Asamblea de Madrid, Enrique Ossorio; y el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida.
El presidente del Senado, Pedro Rollán; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; el presidente de la Asamblea de Madrid; Enrique Ossorio; y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida.
Todos ellos han estado acompañados por un nutrido grupo de consejeros autonómicos, concejales del Ayuntamiento y diputados del PP, entre ellos su secretario general, Alfonso Serrano.
También han asistido Javier Ortega Smith, de Vox, y Reyes Maroto, del PSOE, como únicos representantes de otros grupos políticos en el Consistorio. Es decir, no ha habido ningún representante de la oposición de Ayuso en la Asamblea de Madrid.
Imagen aérea de la Catedral de la Almudena abarrotada.
El delegado del Gobierno, por su parte, ha accedido más tarde al templo, sin ser esperado por las autoridades autonómicas, y ha tenido que abrirse paso hasta el banco reservado para las autoridades, donde solicitó su espacio entre Enrique Ossorio y el alcalde de Madrid.
Durante el rito, todas las miradas se dirigieron a la bancada institucional en el momento de darse la paz. Según ha podido confirmar EL ESPAÑOL, el delegado del Gobierno sí intercambió el gesto con sus más cercanos, Enrique Ossorio y José Luis Martínez-Almeida.
Un detalle cargado de simbolismo en un contexto de enfrentamiento sostenido entre el delegado y el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso, hasta el punto de que el primero no suele acudir a actos organizados por la Comunidad de Madrid.
Tensión que, al menos durante la liturgia, quedó suspendida bajo el mensaje del arzobispo: frente al dolor compartido, advirtió, no caben trincheras ni búnkeres ideológicos.
