El Partido Popular cerrará la campaña para las municipales y autonómicas del 28-M con la oferta a Pedro Sánchez de un pacto nacional para que gobierne quien gane las elecciones. La propuesta estará vigente hasta que finalice el recuento de votos. En ese instante, la primera llamada que hará Alberto Núñez Feijóo será al PSOE, no a Vox.

"Estoy dispuesto a dejar gobernar al PSOE en aquellos lugares donde ha ganado. En justa correspondencia, ¿está el PSOE dispuesto a hacer lo mismo con el PP?", será la pregunta que formulará el líder de los populares a los socialistas. Aún a riesgo de sacrificar gobiernos en aquellos territorios donde queden segundos pero puedan sumar una mayoría alternativa con Vox.

Desde la dirección popular son conscientes de que "a lo mejor, en ese planteamiento, el candidato de Castilla-La Mancha, Paco Núñez, no llegaría" a desbancar a Emiliano García-Page. "Pero sí podrían hacerlo Jorge Azcón en Aragón o Carlos Mazón en Valencia sin tener que meter a Vox en el Gobierno", aseveran fuentes próximas a Feijóo. 

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La oferta para dejar gobernar a la lista más votada se circunscribe a ayuntamientos y comunidades autónomas, pero también es extensiva al Gobierno de la nación, si el PSOE la acepta. Como adelantó EL ESPAÑOL en enero, se trata de la gran apuesta de Feijóo para conseguir que su partido gobierne en solitario en caso de quedar en primera posición sin una mayoría absoluta. 

Para la actual dirección popular resulta un hecho "insólito" e "inexplicable" que una mayoría de ciudadanos se decante por una opción política para gobernar una administración y, finalmente, el Ejecutivo resultante esté encabezado por la segunda o tercera fuerza elegida en las urnas, como ha ocurrido en varias ocasiones. 

Las perspectivas del PP

En Génova son conscientes de que esto mismo es lo que sucedió en 2018 cuando el PSOE ganó en Andalucía, pero Juanma Moreno se hizo con el poder gracias a un acuerdo con Ciudadanos y Vox. En 2019 se repitió ese mismo esquema en la Comunidad de Madrid, con Isabel Díaz Ayuso; en Castilla y León, con Alfonso Fernández Mañueco, y en Murcia, con Fernando López Miras.

Pero eso es cosa del pasado. Ahora las cosas han cambiado. Para empezar, en el PP hay una nueva dirección. Además, las perspectivas electorales son sustancialmente mejores. En cuatro años, los populares han pasado de perder en todos los procesos electorales que se celebraron en 2019 a estar en disposición de ganar un puñado de plazas en las municipales y autonómicas y, después, en las generales. 

A escasos días de que se celebren los comicios del 28-M, los populares no quieren hacer quinielas sobre las comunidades donde serán la primera fuerza. Y ello a pesar de que los sondeos internos apuntan a que esto ocurrirá en Comunidad Valenciana, Aragón, Cantabria, La Rioja y Baleares. Además de la Comunidad de Madrid y Murcia, donde la mayoría absoluta está a tiro de piedra. 

El PP asegura que lo más importante es ganar y que se proclamará vencedor de los comicios si saca un voto más que el PSOE. Así lo remarcó el propio Feijóo en su última entrevista con EL ESPAÑOL: "El que gana las elecciones es el que tiene más votos. Es elemental eso. ¿Quién gana? El que tiene más votos. ¿Quién pierde? El que tiene menos".

Acuerdos

Sin embargo, en su comité de dirección hay quien apostilla: "¿De qué sirve ganar si luego no puedes gobernar?". Existe el riesgo de que en algunos de los territorios donde los populares queden primera fuerza no tengan luego los apoyos parlamentarios suficientes para gobernar. Esto dejaría de ser un inconveniente si el PSOE facilita la investidura.

En sentido contrario podría suceder en Castilla-La Mancha y Extremadura, donde hay pocas dudas de que el PSOE resultará vencedor de los comicios pero donde todo está abierto, ya que el PP podría conformar una mayoría alternativa con Vox. Si el PSOE no suscribe el pacto, Génova dará vía libre a sus barones para desbancar a García-Page o Fernández Vara.

Desde que se hizo con los mandos del PP, Feijóo insiste en que una de sus prioridades políticas es "derogar el sanchismo en el fondo y en la forma". Esto también pasa por neutralizar a los extremos, que en la actualidad se han convertido en actores principales, con "Podemos dentro del Gobierno y con Bildu y ERC como socios prioritarios".

El líder del PP asegura que él quiere abrir "un nuevo tiempo en España", con "la buena política" por bandera. Un tiempo en el que las "minorías o fuerzas radicales" no se impongan a las "mayorías silenciosas". Según transmite con frecuencia, uno de sus objetivos es devolver la "estabilidad" al país con gobiernos monocolor que no se tengan que apoyar en los extremos.

Desde su equipo critican que "hace siete años se estaba reinventando la política" con un ramillete de nuevos partidos que, a la postre, han causado que se "repitan las elecciones generales en dos ocasiones, que se pospongan investiduras de forma reiterada" y, por último, que se conforme "una coalición que es un auténtico desastre". 

"Hemos reventado el bipartidismo y tenemos un país mucho peor que el que teníamos. Con el acuerdo para la lista más votada, España se hubiese librado a ministras como las de Podemos, Irene Montero y Ione Belarra. Feijóo ha venido a dignificar la política", concluyen en Génova, sede nacional de los populares