La sombra de Ivan Redondo, más de un mes después de su sorpresiva defenestración dentro de la profunda remodelación del Gobierno acometida por Pedro Sánchez, es alargada. Hasta el punto de que muchos, aun sin citarle, le señalan en el seno del PSOE como el responsable de que el partido lleve tiempo eclipsado, como organización, ante la cegadora luz que irradia el Palacio de La Moncloa.

Noticias relacionadas

"No es que el partido haya estado desaparecido, como se dice, sino que había un señor que no miraba por ese interés, sino por el suyo propio". Es el diagnóstico que, palabra arriba palabra abajo, hacen muchos socialistas ante la renovación que afronta la centenaria formación de cara al inminente 40º Congreso Federal, que tendrá lugar el próximo octubre en Valencia. Ahora es un socialista de pura cepa, Óscar López, quien ostenta el estratégico cargo de jefe de gabinete del presidente. 

Una remodelación o, dadas las circunstancias, rehabilitación del partido que obviamente no afectará al liderazgo, ni tampoco -con la excepción del también defenestrado José Luis Ábalos- a las caras más visibles actualmente del PSOE, o más importantes en el día a día.

Pero sí se visualizará en una Ejecutiva Federal mucho más reducida, o menos "mastodóntica" que la actual. Esa dirección saliente sobredimensionada fue fruto de los equilibrios realizados hace cuatro años, cuando las heridas de la guerra fratricida vivida por los socialistas, y ganada tras marcharse y volver triunfalmente por Sánchez, estaban aún abiertas. 

Adriana Lastra deja la portavocía del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados, donde será sustituida por el diputado canario Héctor Gómez. Pero su salida no es una caída, sino un refuerzo para el PSOE, o así se entiende en el partido.

La número dos del PSOE, Adriana Lastra. EFE

Se dedicará al 100% a su cargo de vicesecretaria general o número dos, y como tal ya empezaba este mismo lunes a asumir la portavocía orgánica en las habituales ruedas de prensa semanales después de la reunión de la Ejecutiva en la sede de Ferraz. Y pese a algunas informaciones, todo hace indicar que Santos Cerdán, un hombre de perfil público mucho más discreto, continuará como secretario de organización, cargo cuyas funciones ha asumido interinamente desde la salida de Ábalos.

Lastra y Cerdán comandarán, así, el aparato socialista ante el nuevo ciclo electoral que arrancará en 2022 con las elecciones en Andalucía, salvo mejor opinión del presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno. Allí, los socialistas pondrán a prueba a su nuevo líder, el alcalde de Sevilla Juan Espadas, quien en las primarias del pasado junio daba la puntilla definitiva a la gran rival de Sánchez, Susana Díaz.

Y después, vendrán las municipales y autonómicas de 2023, las generales de ese mismo año o muy probablemente de principios de 2024 -para completar sin interferencias la presidencia de turno de la Unión Europea (UE) que España asume el último semestre de ese 2023- y, por último, las elecciones europeas de mayo de 2024.  

Precisamente, el planteamiento de Sánchez, según las fuentes socialistas consultadas, es que Ferraz sirva de "faro ideológico" en este proceso, y que el partido en su conjunto salga beneficiado de la acción del Gobierno de coalición con Unidas Podemos. Creen que el Gabinete puede presumir de logros en materia social y de recuperación que se impondrán a los frentes que abre la oposición, sean éstos los indultos a los líderes independentistas condenados por sedición o las acusaciones dentro de la guerra por la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

Encuestas y abstención 

Una expresión muy gráfica, y que el propio Sánchez ha empleado en público, es que en el contexto de la pandemia -y referido a la acción de Gobierno-, "hay meses que valen por años". Algo que explicaría el desgaste de algunos dirigentes que ya no se sientan en las reuniones del Consejo de Ministros ni en las ejecutivas de Ferraz, pero también que ahora el tiempo se ralentizará y queda mucha legislatura por delante, de hecho la mitad de la misma. Y que en ese tiempo, con otros dos Presupuestos Generales del Estado por delante y con la llegada de los fondos europeos Next Generation, los socialistas podrán rentabilizar su gestión de cara a las citas con las urnas.

Aunque las encuestas dibujan a un PP muy pujante y que incluso podría formar mayoría con Vox para una eventual investidura de Pablo Casado, los socialistas creen que las catas demoscópicas reflejan que no hay movimiento entre bloques, sino que buena parte del electorado de izquierdas se ha ido a la abstención, de la que hay tiempo, confían, en sacarla. 

Todo ello en un contexto europeo en el que tras unos años de crisis de la socialdemocracia que llegó a parecer terminal, parece que el enfermo empieza a experimentar cierta mejoría. El PSOE confía en una victoria dentro de unas semanas del SPD alemán que impida a la conservadora CDU-CSU seguir en el poder tras la retirada de Angela Merkel y que, sin duda, haría estar a Sánchez algo más acompañado en el Consejo Europeo, donde de momento es el único socialista al frente de uno de los grandes países de la UE.