"No renunciamos a la independencia, ni a negociar. Esto es algo extremadamente complejo", reconoció Pere Aragonès, "pero es que esto va de soberanía, sobre la comunidad política que debe decidir su futuro y nosotros vamos a defender que es Cataluña". Y ya está. No hay más que hablar.

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...o sí, en la tercera semana de septiembre, cuando Barcelona -según pactó con Pedro Sánchez- sea sede de la reanudación de la mesa de diálogo, negociación y acuerdo. Pero a saber de qué podrán hablar ambas partes si ya todo está claro: hay un conflicto político, debe resolverse políticamente mediante el diálogo, la negociación y el acuerdo, y todo debe acabar en un referéndum en Cataluña.

El president de la Generalitat llegó a Madrid, a su primera reunión con el presidente del Gobierno en la Moncloa, con un plan estratégico muy bien trazado y explícito, que exlicó en la Delegación que la Generlitat tiene en la capital de España.

En primer lugar, le dijo a su interlocutor, "el presidente de España", que está muy bien su Agenda para el reencuentro, pero que no cuela que de los 44 puntos de la misma, 40 no tengan nada que ver con "el conflicto político entre Cataluña y el Estado". Y en segundo lugar, fijó y atornilló sobre la mesa una posición de máximos "a la que nunca vamos a renunciar" aunque, sin embargo, la vendió como "la más inclusiva de todas", el referéndum de independencia.

Sobre lo primero, Aragonès dijo haber acordado con Sánchez que "todo lo que tenga que ver con incumplimientos del Estatut, transferencias de competencias y financiación se discutirá en la Comisión bilateral". E incluso dio una fecha, cerrada entre ambos para su reunión, ya en este mes de julio que entra.

Y en lo segundo, lució una dialéctica especialmente hábil: aseguró que su exigencia del referéndum de secesión "no es, en realidad, una propuesta de máximos", sino "la solución intermedia". Y lo explicó así: "No he venido aquí a pedir la independencia, sino que los ciudadanos de Cataluña puedan decidir su futuro. Si quisiese imponer mi idea, habría exigido que mañana nos reconozcan como república... pero no, he venido aquí con una solución para todos".

Es decir, que hay dos fechas para dos reuniones, y es lo más tangible que salió de la reunión. Una en julio, para las exigencias legales; y otra en septiembre, para las ilegales. Y todo, con una condición previa "para poder negociar en igualdad de condiciones": seguir el "camino marcado" por el informe del Consejo de Europa y que "los exiliados puedan volver libremente".

El pin indepe de Aragonès

Al añadir que "la única propuesta del Estado hasta ahora es mantener el status quo" y que eso -por supuesto- "no es inclusivo", porque deja fuera a los independentistas como él, cerró el círculo del argumento. Y así, se sintió legitimado para concluir: "Que nadie se equivoque, porque defenderé el referéndum de independencia y la amnistía con toda la ambición". Y, sonriendo, añadió que "sería muy fácil si renunciáramos, pero es que no lo vamos a hacer".

Las fotos y el vídeo que distribuyeron los servicios oficiales de Moncloa no ofrecían ningún primer plano de Pere Aragonès. Sólo del presidente, Pedro Sánchez. E imágenes conjuntas, gestos afables, la expectación de muchos medios gráficos. Lo más llamativo, la escena de la bienvenida que quedó algo ortopédica y que medios catalanes analizaban -al rato de recibir la secuencia- tratando de averiguar si efectivamente hubo, o no, saludo del president al presidente. Y poco más.

Aragonès llegaba a Madrid con su pin en la solapa. Una flor en tonos amarillos que, según fuentes de su entorno, no iba a quitarse precisamente para la ocasión de su primera visita a Moncloa como mandatario catalán.

Pero en un juego de simbolismos similar al de la visita de Sánchez a Pedralbes, cuando al presidente español le pusieron una planta amarilla en el velador trasero al tiro de cámara, durante su charla con Quim Torra -y los servicios de Moncloa le añadieron una flor de pascua roja-, esta vez la Secretaría de Estado de Comunicación evitó planos cercanos del pin indepe.

En todo caso, en Moncloa no se sorprendieron por "la retórica independentista" del president

Nada inesperado lo de la chapita amarilla indepe, según fuentes del Gobierno, que daban por hecho que Aragonès gastaría sus largos minutos en Moncloa -fueron más dos horas y media las que se dieron los dos presidentes- en desplegar "sus dos reivindicaciones, la amnistía y la autodeterminación", es decir, el referéndum de independencia... "que es imposible, él ya sabe los límites".

A cambio, el plan previsto era que el presidente le dejara hablar, es decir, que expusiera sus peticiones, para luego responderle "con cosas más fáciles de acordar, como inversiones en Rodalies, o la ampliación de El Prat". Ambos eran puntos de la Agenda del reencuentro, ésa que ya ha quedado superada en la primera toma de contacto y en la que Sánchez confiaba como su hoja de ruta para la mesa de negociación.

Sin sorpresas en Moncloa

Aragonès, en su rueda de prensa y en su posterior charla con los periodistas, ya más distendida y sin micrófonos, dio la sensación de que se había topado con un muro en la persona de Pedro Sánchez en toda la parte de sus reivindicaciones secesionistas.

Y así lo trató de constatar María Jesús Montero: "El presidente en ningún momento ha hablado de amnistía, de exiliados o de autodeterminación", dijo antes de corregirse: "No son exiliados, sino personas que huyeron de la Justicia y deben volver para ser juzgadas, como los demás".

Según la portavoz del Gobierno, en la reunión, el president expresó lo que deseó, y el presidente trató de que la cita fuera útil, "dentro del protocolo de reuniones con presidentes autonómicos". Ésa es una coletilla muy repetida desde hace un mes, vinculado la cita de Aragonès y Sánchez con la que se celebrará la semana que viene entre el presidente y la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.

Pere Aragonès, en la rueda de prensa tras la reunión con el presidente del Gobierno, en la Delegación de la Generalitat en Madrid. ADP

Montero, eso sí, admitió implícitamente la derrota del plan de Sánchez al ofrecer como logros de la reunión "los acuerdos alcanzados en materia de normalidad institucional, reanudación de las reuniones de la Comisión bilateral y, ya después, la mesa de diálogo en septiembre", sobre la que no pudo dar un solo detalle ni de calendarios ni, sobre todo, de contenidos. Entre otras cosas, porque el president había arrancado de su cita con Sánchez que en ella sólo se traten sus cuestiones "irrenunciables".

Así, Moncloa destacó que el presidente le invitó "a viabilizar propuestas que permitan avanzar en la Comisión bilateral con un orden del día concreto que sea útil".

Pero Aragonès también fue un muro para Sánchez cuando éste le planteó que liderara "un foro de diálogo dentro de Cataluña" con todos los partidos. Una idea en la que insiste Salvador Illa, líder del PSC en el Parlament, y a la que ya han asegurado que irían incluso el PP y Ciudadanos. "Pero el president no ha respondido".

"Desempedrar el camino"

Finalmente, ninguna de las partes anunció acuerdo al respecto, pero hubo una coincidencia y una sonrisa que pueden significar algo. La sonrisa fue la de Aragonès, preguntado por el Tribunal de Cuentas, cuando dijo que "el Estado tiene resortes, ya encontrará la vía" para solventar el problema. Y la coincidencia fue que tanto en Moncloa como en Blanquerna se abordó esta cuestión con el mismo argumento

...nada que decir sobre la responsabilidad contable de las 40 líderes políticos del nacionalismo catalán a los que este martes se les comunicó el inminente embargo de más de cinco millones de euros -entre ellos, el recién indultado Oriol Junqueras, el fugado Carles Puigdemont, el expresident Artur Mas y el prestigioso economista Andreu Mas Colell- y toda la presión sobre el Partido Popular.

En palabras del president Aragonès, "es el PP el que tiene secuestrado el Tribunal de Cuentas y el CGPJ ejerciendo un derecho de veto para no renovarlo y no se me puede culpar a mí de romper la separación de poderes". Poco más o menos, lo que dijo la portavoz Montero. Y es que Aragonès se fue de vuelta a Barcelona sabiendo hasta qué punto el Gobierno está dispuesto a "desempedrar el camino" de la convivencia y la concordia.