Pablo Iglesias no va a compartir "ningún espacio" con quienes "no condenan la violencia ni las amenazas de muerte", en referencia a Vox y a la posibilidad de debatir con el partido que preside Santiago Abascal.

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El líder de Unidas Podemos ha tomado esta decisión después de que Rocío Monasterio pusiera en duda que éste haya recibido una carta con cuatro balas de Cetme sin percutir y con una amenaza de muerte: "Los españoles ya no nos creemos nada de este Gobierno". 

Las palabras de Monasterio han provocado la cólera de Iglesias, que ha decidido abandonar el debate que se producía este viernes en Cadena SER para anunciar un veto a Vox en lo sucesivo. Y es que "no es aceptable que una fuerza política ponga en cuestión la veracidad de amenazas de muerte graves".

Sin embargo, lo que Iglesias denuncia hoy como "inaceptable" en democracia es lo que lleva haciendo la formación morada desde sus inicios cuando los agredidos y/o amenazados son miembros de Vox, Ciudadanos o Partido Popular. Ahí está la hemeroteca para sostener esta afirmación.

"Han ido a provocar"

La expresión más reciente de esta doble vara de medir tuvo lugar hace dos semanas, cuando la extrema izquierda boicoteó a pedradas un mitin de Vox en el barrio madrileño de Vallecas. El acto se saldó con cuatro detenidos y 21 policías heridos, así como 14 manifestantes maltrechos.

Entonces, lejos de condenar lo sucedido, toda la cúpula de Podemos salió a invertir la carga de la culpa: los antifascistas se habían defendido "pacíficamente" de los "fascistas" que habían ido al barrio a "provocar".

El primero en hacer esta interpretación fue el propio Pablo Iglesias, que aseguró a través de su cuenta de Twitter que "los ultras de Vox han ido a provocar violencia a Vallecas": "Las imágenes son inequívocas: se ve a un ultra lanzar objetos contra los vecinos y a Abascal romper el cordón policial junto a sus matones para provocar una carga. Sin embargo, mañana muchas televisiones, radios y periódicos te van a contar que Polonia invadió Alemania".

Tampoco hubo condena por parte de la ministra de Igualdad Irene Montero, que aseguró que la violencia vivida en Vallecas es en realidad la "defensa del barrio frente al racismo del machismo, de la lgtbifobia, del odio al pobre". 

El portavoz parlamentario de Unidas Podemos, Pablo Echenique, fue más allá y resumió lo sucedido del siguiente modo: "Hoy unos pijos han ido a Vallecas a intentar provocar a los vecinos con bravuconadas. Estos les han recordado pacíficamente el poco amor por el trabajo que tiene su jefe y él se ha ido a por ellos para provocar una carga".

"Kétchup"

Uno de los casos más paradigmáticos del doble rasero de Unidas Podemos es el de la pedrada sufrida por la diputada de Vox Rocío de Meer en un acto de campaña en Sestao (Vizcaya).

La diputada Rocío de Meer, herida tras recibir una pedrada en Sestao. Vox

"Sólo hizo falta un poco de kétchup para que se tragaran un bulo como una catedral", sostuvo entonces Pablo Echenique, negando que se produjera tal agresión, pese a que las imágenes no dejaban lugar a dudas.

Ante la acusación de Echenique, fue el propio Santiago Abascal el que publicó en Twitter el parte médico de la diputada, que acudió a urgencias de Logroño dos días más tarde de la agresión. En la nota se detalla cómo ella misma se curó la contusión en la ceja izquierda con alcohol y que aún sentía "dolor en esa zona".

Cs en el Orgullo

Pero no sólo Vox ha sufrido la falta de compasión de Unidas Podemos cuando sus miembros son agredidos. También Ciudadanos, y en numerosas ocasiones. 

No hay que olvidar que la formación de extrema izquierda justificó los ataques a Cs durante el Orgullo Gay de 2019. "Antes de ir de la mano con Vox no les ocurría", sostuvo la diputada Sofía Castañón, culpando a los liberales por una supuesta "política de pactos" que jamás se había producido. "Es impensable que la tolerancia quede impune", apuntilló.

En esta línea, Pablo Iglesias aseguró que es "lógico" que el colectivo LGTB no esté "muy contento" con la presencia de Ciudadanos en el Orgullo tras llegar a un acuerdo programático de Gobierno con la "extrema derecha homófoba".

"Va a incendiar"

Una actitud similar es la mostrada por Echenique cuando los liberales fueron recibidos con insultos y pedradas por la extrema izquierda abertzale en Rentería (Guipúzcoa) donde tuvo lugar uno de los mítines más violentos que se recuerdan.

"Ciudadanos es un partido marginal en Euskadi y Rivera lo sabe. No se va a Errenteria a conseguir los votos de los vascos y las vascas. Va a incendiar la convivencia entre los diferentes pueblos de España a ver si así rebaña votos de odio en otros territorios. Duro, pero cierto", aseguró el portavoz en su cuenta de Twitter.

El partido que lidera Pablo Iglesias también se negó a condenar en 2019 el ataque a la sede de Ciudadanos en Pamplona, con pintadas en favor de la banda terrorista ETA, esvásticas y proclamas exigiendo la expulsión de la Guardia Civil de Navarra. "Discrepancias políticas que ocurren en las sedes de los partidos", según la formación morada.

Ataque a la sede de Ciudadanos en Pamplona (Navarra).

Sedes del PP

La actitud de Unidas Podemos es reincidente cuando se trata de no condenar el ataque a sedes rivales. Así sucedió en 2014, cuando un hombre estampó un coche con explosivos contra la sede del Partido Popular en Madrid.

"No hay que mirar las consecuencias sino las causas y los responsables de que la gente llegue a este nivel de desesperación", arguyó la entonces eurodiputada morada Teresa Rodríguez. Por su parte, Íñigo Errejón atribuyó el ataque a una situación de "emergencia social".

Algo similar sucedió cuando los diputados de Podemos en Madrid se negaron a condenar el ataque que sufrió la sede del PP en Cataluña por parte de la organización Arran

Los populares llevaron el asunto al Parlamento madrileño, pidiendo que se rechazara "firmemente la ofensa y la ocupación llevadas a cabo por el grupo político Arran". La iniciativa no salió adelante por la negativa de la extrema izquierda a apoyarla. "El PP quería tapar el debate de los presupuestos", alegó el diputado Jacinto Morano.

Escraches y demás

Cabe recordar que fueron los dirigentes de la cúpula original de Unidas Podemos quienes exportaron los escraches de Argentina a España calificándolos de "jarabe democrático". Un rótulo bajo el cual justificaban el acoso violento a dirigentes del PP como Esperanza Aguirre o Cristina Cifuentes.

En este sentido, Begoña Villacís recordó recientemente que "una persona que está en la lista de Podemos" participó en el "ataque" que recibió hace dos años en la campaña electoral madrileña, cuando estaba embarazada de nueve meses. Un escrache que ningún dirigente morado ha condenado.

Momento del escrache contra Begoña Villacís en San Isidro.

Todo esto sin olvidar que Pablo Echenique, portavoz parlamentario del partido, instigó las jornadas violentas en Barcelona con motivo del encarcelamiento del rapero Pablo Hasèl. O que Unidas Podemos considera a Bildu (formación incapaz de condenar la violencia de ETA sin ambages) como un socio prioritario dentro del Gobierno. Toda una doble moral.