"Con este Iglesias, no", dijo Ángel Gabilondo hace exactamente un mes, nada más empezar la precampaña electoral y después del desembarco inesperado del líder de Unidas Podemos en la carrera del 4-M. "Pablo, nos quedan 12 días para ganar las elecciones", se repuso a sí mismo el candidato del PSOE en el debate del pasado miércoles.

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Y en medio, no hubo nada. Nada que justificara el viraje, se entiende. Pero según fuentes del PSOE, el cabeza de lista ahora coordinará su campaña con la de los morados y con Más País para que "lo que no gane uno, lo gane el otro". Por primera vez, destacan, la izquierda "con sus diferentes roles, está coordinada en una campaña"

Y eso, ¿por qué? ¿Ha cambiado el ex vicepresidente en algo, ha relajado sus mensajes, evitado los insultos? No, quien ha cambiado ha sido Gabilondo, cumplida su primera etapa, y "cosechados 45.000 votos" de los huidos de Ciudadanos.

Las fuentes de su campaña consultadas por este periódico obviaban las críticas por el debate, de las que no salía bien parado el catedrático. Y es que están, no sólo satisfechas con el panorama que dibujaba el CIS a mediodía del jueves -las izquierdas se acercarían más a la suma de 69 diputados-, sino del desarrollo de la campaña.

Un detalle clave

Según explica el entorno de Gabilondo, el emplazamiento a Mónica García y a Pablo Iglesias guardaba un detalle clave. Y fue muy claro. A ella, se le emplazó a gobernar juntos. A él, a que apoye esa "apuesta progresista". Y quien quiera entender...

En todo caso, el líder socialista cree que el paso dado servirá para "ampliar más el espacio de la izquierda frente a la derecha ultra", tal como explican las fuentes. Lanzar esta oferta a esta altura de la campaña, afirman, estaba previsto siempre y cuando Ciudadanos hiciera lo que ha hecho. Afirma el entorno de Gabilondo que la candidatura de Edmundo Bal se ha condenado "autoexcluyéndose al apoyar públicamente sólo un nuevo Gobierno con Ayuso".

Bal ha dicho no a Gabilondo. Pero peores fueron las reacciones este jueves en el otro frente ideológico. "Lo peor de Gabilondo son sus bandazos", afirmaban en el PP. "Se disfraza con piel de cordero, pero el PSOE le dará sus votos al comunismo", apuntaban en Vox.

Mientras, el hasta hace poco poderosísimo socio de Pedro Sánchez se contentaba con ser quinta fuerza en la Asamblea porque las palabras de Gabilondo "refuerzan el papel de Unidas Podemos como fuerza esencial para la unidad de la izquierda". Es curioso que el candidato más vapuleado tras el debate fuera el autor de la frase que lo definió. Y que Iglesias, el líder de la promete ser la última fuerza parlamentaria, presuma de ello.

Segunda etapa

Pero es que todos están en su papel, ahora definitivamente repartido. La campaña avanza y ahora toca, según las fuentes socialistas, movilizar a todas las izquierdas. "En esta primera fase de la campaña se han captado de ese lado entre un 5% y un 7% de votos de Cs que no ven bien que se reedite un Gobierno de Ayuso y confían en Gabilondo", explican desde el PSOE.

Y si hay que creer en su análisis, esos 45.000 votos de más captados del centro significan un par de escaños, porque "el diputado en Madrid está a unos 21.000 votos".

En esta segunda fase, la secuencia lógica que definió el ideólogo en jefe de Moncloa -donde se cocina la campaña de Gabilondo- indica que ahora toca pedir el apoyo "de los socialistas, de los progresistas, de los demócratas y de los votantes de Cs defraudados".

Porque el PSOE parte de la evidencia de que sólo hay dos presidentes posibles, Gabilondo o Ayuso. Y que la lista de Bal ya no cuenta. Así, haciendo ver eso al electorado que va desde Podemos hasta el alma más socialdemócrata de Ciudadanos, se pueden movilizar aún 200.000 votantes "que ya empezamos a ver en los sondeos", afirman.

Por eso, los datos de la encuesta flash que publicó este jueves el CIS de José Félix Tezanos se coordinan perfectamente con la sensación en Ferraz de que hay ya "una ventaja que consolidar". Y que eso pasa por la movilización

Según el entorno de Gabilondo, "el debate lo ganó la izquierda para la izquierda". Y eso está abriendo "en el imaginario colectivo" la posibilidad cierta de un Gobierno de coalición progresista en Madrid a partir del 4-M.

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