"Concentremos el voto de los que querían el cambio en 2017 y se vieron decepcionados", dijo uno. "Concentremos el voto de izquierda, nosotros somos la izquierda, aquí y en el resto de España", bramó el otro. "Yo no me voy, yo vuelvo para presidir la Cataluña del reencuentro", relataba Illa sobre los aplausos de sus compañeros. "Acabemos con los recortes, empleo, empleo y empleo... que todo lo malo se acaba", sonreía el presidente Sánchez. El PSC apuesta a todo en las elecciones catalanas del 14-F.

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"Sé que será un voto prestado, lo sé", admitió el exministro, hoy candidato, y entonces como ahora secretario de Organización del PSC, Salvador Illa. "Pero pueden confiar en nosotros, lo sabremos gestionar".

El número dos de los socialistas catalanes que, en su momento, apoyaron "el derecho a decidir" hasta que veron que "era una trampa", ahora abraza el discurso que Ciudadanos abanderó tras el golpe del 1-O. "Por eso pido formalmente el voto de todos aquellos que se ilusionaron por el cambio en 2017... porque yo no me voy, yo vuelvo para presidir Cataluña".

Nunca se vio más clara una división de papeles como en el mitin del PSC en Salou (Tarragona), este sábado. El candidato, Salvador Illa, y el líder del PSOE, Pedro Sánchez, podrían haber liderado siglas distintas, pero supieron unificar sus apuestas, porque los socialistas lo quieren todo el próximo domingo.

El exministro de Sanidad apeló, sin nombrarlo, al voto de centro, a los liberales de Ciudadanos que, reunidos en torno a la reacción contra el golpe separatista de octubre de 2017, "se reunieron para apostar por el cambio en las elecciones de diciembre y se sintieron abandonados". 

El presidente del Gobierno, por su parte, arremetió contra Esquerra, calificándola a sus líderes como "los blanqueadores de los recortes de esta década perdida en Cataluña", por su carrera "por la supremacía independentista" que "olvidó la respuesta a los problemas reales de los catalanes". Y, es cierto, olvidó cualquier referencia a sus socios en Madrid, los morados de Pablo Iglesias que en Cataluña se llaman En Comú Podem, porque son la aspiración de Illa para un "gobierno en minoría"; como el mismo candidato anuncio en su primera entrevista, en EL ESPAÑOL.

Pero sin citarlos ni atacarlos, Sánchez apeló "a todos los votantes de izquierdas" para que "elijan la única papeleta que puede hacer que no sólo vuelva la Cataluña que queremos, sino la izquierda que queremos a Cataluña". Es decir, un govern que invierta en Sanidad, en Educación, que "transforme la sociedad, con más justicia, menos brechas de género y liderazgo innovador e inclusivo". 

El doble juego

La división de papeles, tan explícita como pragmática, revelaba el doble juego del PSC en estas elecciones.

Si se retiró a Miquel Iceta de la cabeza de la lista y se le colocó en un Ministerio en Madrid no fue porque "teníamos candidato, pero no teníamos un president", como dijo el afectado al inicio del mitin. Sino porque el primer secretario de los socialistas catalanes ya había gastado su capital político cojeando del lado más soberanista. Y una vez agotada esa vía de crecimiento -con poco éxito, por cierto-, Sánchez concluyó que tocaba mirar al centro, e Illa por tradición política y talante, podía encarnar esa candidatura. 

"Salvador es un catalanista que nunca ha tenido que decirlo, porque lo ejerce", justificaba Iceta al inicio del acto electoral. "Cataluña, mi casa, es un gran país", fue la mayor concesión patriotera del exministro de Sanidad. "Los que se llenan la boca de patriotismo han dejado este país en las peores condiciones. Porque para mí querer a Cataluña es algo muy distinto que lo que dicen los independentistas: es querer a su gente venga de donde venga, hable la lengua que hable y piense lo que piense".

Así, atacando al independentismo por el flanco izquierdista, y a la izquierda por el de "la década de recortes en servicios para invertirlos en estructuras de una supuesta república inexistente", encontraron los tres oradores el gozne que unía sus muy diferenciados argumentos.

"Afecto Illa" contra todos

A una cosa se conjuraron los tres, según el guion preparado desde la jefatura de campaña. Ninguno pronunció el nombre de candidatos o partidos rivales para arremeter contra ellos. Sólo existen Illa, el PSC, y "la Cataluña que vuelve". Pero que lo hace, no sólo "porque es lo que quieren la mayoría de los catalanes, comprometidos tanto que ya han aumentado en un 350% el voto por correo para estas elecciones", sino porque "es necesario para revertir una década de decadencia".

Pero que no hubiera menciones no significaba que no haya ataques. La campaña de Illa es en positivo, con sonrisas de esperanza y mensajes de ilusión. Este sábado, además, inaugurando un juego de palabras en el que se confía desde el PSOE y la Moncloa para consolidar el efecto Illa en la última semana de campaña.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y líder del PSOE, en Salou (Tarragona), en un mitin del 14-F. EP

"Se habla mucho del 'efecto Illa'", bromeó Sánchez en respuesta a las acusaciones de que ha sido su presión la que ha logrado que la Covid no retrase las elecciones, como pedía casi la totalidad del resto de formaciones. "Pero yo quiero hablaros del afecto Illa, el afecto que le tiene Illa a toda Cataluña y a todos los catalanes, vengan de donde vengan, y piensen lo que piensen".

Es un líder tranquilo "y hasta buena persona, si me permitís decirlo", apuntó Sánchez. Pero la suya es una campaña -a pesar de que su maquinaria pretende colocar el mensaje contrario- de Illa contra todos. Con "afecto", quizá, pero con firmeza.

Contra las derechas, por recortadoras; contra los indepes, por divisores; contra en centro por abandonar a quienes confiaron en ellos; y contra sus socios morados, claro, por compartir el mismo espacio ideológico... y hasta por cierta conciencia culpable. La de haberles invadido el mensaje fuerza, ése que pretende "pasar página, buscar soluciones en la política, y no recurrir a reproches por lo que hicieron unos u otros". Es decir, ser puente entre bloques "para venir con soluciones reales a los problemas reales de los catalanes".

Eso sí, desde el atril del acto, en Salou, "uno de los municipios que más están sufriendo la pandemia, porque el sector turístico y hostelero de Salou está sufriendo como ninguno", Sánchez metió el dedo en el ojo de "la peor cara de la derecha independentista".

El alcalde de la localidad, Pere Granados, lo es gracias a una lista integrada en Junts per Cataluña, la lista de Carles Puigdemont, que lidera Laura Borràs en esta ocasión. "Y Salou, que debería ser rico, ya antes de la pandemia tiene una renta percápita un 30% inferior a la media de Cataluña", espetó Sánchez. "Eso es producto del alejamiento de la realidad de los independentistas", no sólo los de derechas, sino también los de Esquerra, "blanqueadores y cómplices de los recortes", sentenció Illa.

"¡Cortad el rollo!"

El presidente ha llegado a esta campaña de las autonómicas catalanas con un candidato que le facilita, además, colocar como méritos electorales, los argumentos positivos que le llegan de Europa al Gobierno que peores números presenta contra la Covid. Sánchez presumió de los fondos europeos, "se habla poco de la responsabilidad que supone gestionarlos para el bien de Cataluña.

Y lució una cifra que le ha valido críticas de la oposición por favorecer a sus socios en el Congreso, los indepes de ERC de los que depende: "Los Presupuestos Generales del Estado, que recogen más de 2.200 millones de inversión en Cataluña".

Y como colofón, en un tono mitinero que no se le había visto a Illa más que en alguna respuesta indignada en el Congreso a las arremetidas del PP o de Vox, el candidato del PSC cerró su discurso enardecido.

"Tenemos el partido, tenemos el equipo, tenemos el proyecto y tenemos las personas", dijo para arrancar los aplausos de los presentes, "nosotros no vamos a cambiar, seguimos hablando claro", apuntó para conjurar el pasado en el que su partido apoyó el derecho a decidir, "¡ya está bien, se acabó! ¡Cortad con el rollo!", gritó subiéndose las gafas: "Hay que pasar página, queremos el cambio, el cambio es posible y ya lo tocamos con la yema de los dedos".