La derrota de Nadia Calviño en la votación para presidenta del Eurogrupo significará muchas cosas en el seno del Gobierno. Para empezar, ésta era una batalla que ha ganado Pablo Iglesias sin haberla combatido. Pero puede significar el inicio de alguna escaramuza de fuego amigo... si convenimos en que el Gobierno "está más fuerte y unido tras la pandemia", como no deja de repetir el presidente.

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Con ese nuevo cargo en su tarjeta de visita, estaba previsto que la vicepresidenta tercera del Gobierno pasara a pesar más que el segundo en el equilibrio de fuerzas interno del Ejecutivo. De hecho, la apuesta de Pedro Sánchez por colocar a Calviño en un puesto informal pero de especial relevancia en el seno de la Unión Europea era una invitación a los 27 para que creyeran en el rigor de sus políticas.

Y eso no es poca cosa, teniendo en cuenta que en apenas ocho días su Gobierno se juega cuándo, cómo y cuánto dinero vendrá del fondo de recuperación europeo. Todo el plan de legislatura, las reformas verdes, digitales y tecnológicas que ha impulsado Sánchez desde el inicio de la desescalada, van vinculadas a que los próximos 17 y 18 de julio el Consejo Europeo libere el fondo Next Generation UE por valor de 750.000 millones de euros.

Y que lo haga en las condiciones más ventajosas posibles para España. Fuentes de Exteriores confiesan a este diario que "la idea es luchar, con los 140.000 millones preasignados como suelo". Pero la realidad, según fuentes europeas, está muy lejos de ese deseo.

La política de Sánchez

Hace menos de tres semanas, cuando se celebró el último Consejo Europeo, el canciller austriaco, Sebastian Kurz, dejó claro el veto de los cuatro países frugales -el suyo, Holanda, Dinamarca y Suecia- a que las ayudas de la UE se dediquen a pagar "una renta básica o cheques de viaje". La primera es la medida estrella de Iglesias en España; la segunda, la del presidente del Consejo italiano, Giuseppe Conte, último visitante extranjero que ha abrazado a Sánchez en Moncloa, este miércoles.

Giusepe Conte y Pedro Sánchez, en la sala de prensa de Moncloa. Moncloa

Así que no es tanto la figura del mismo Iglesias como compañero de Calviño en el Ejecutivo español la que ha influido en su derrota. Sino las políticas del presidente, que descontroló el déficit público en 2019 a pesar de que la economía española crecía, que recreció el Salario Mínimo en más de un 30% en apenas un año, que blindó la subida de las pensiones al IPC sin atender al agujero de la Seguridad Social...

Todos esos pasos se han dado con el freno de mano echado por indicación de Calviño. Algunas de las decisiones se retrasaron, otras se modularon y en otras cedió. "La fuerza de Iglesias es la que le da el presidente", comentaba este jueves una fuente interna del Ejecutivo, como diagnóstico de lo que es la vida interna del gabinete. Es decir, el que manda es Sánchez, y Sánchez quería que ahora su ministra de Economía cogiera fuerza.

Veto 'frugal'

Tanto lo quería que, a pesar de que desde el equipo de Calviño nunca salió la palabra "favorita" y se insistía en el mensaje de "prudencia", Sánchez sí se declaró "razonablemente optimista" el mismo jueves por la mañana en un acto en Moncloa. Pero pasadas las 19.00 horas entendió que ni el apoyo público de Angela Merkel, Emmanuel Macron y el citado Conte sirven cuando se trata de echar números. Y eso puede provocar cambios internos en el Ejecutivo.

Porque en aquella entrevista, el austriaco Kurz aseguraba que las ayudas que se deciden la semana que viene sólo se desembolsarán a cambio de reformas económicas que hagan más competitivos a los países beneficiarios. Y fuentes conocedoras de las votaciones de Bruselas aseguraban este jueves que fue su liderazgo entre los populares y la alianza que trazó de los pequeños contra los grandes la que dio la victoria al conservador irlandés Paschal Donohoe.

Y eso que el PP español siempre apoyó a la socialista Calviño... "A pesar del apoyo que hemos mostrado en todo momento, el Gobierno ha preferido no informarnos de las gestiones realizadas y ha evitado solicitarnos algún tipo de ayuda para hacer un frente común en Europa", aseguraban fuentes del partido de Pablo Casado. Aunque "es evidente que su candidatura nacía debilitada al representar a un Gobierno que es fruto de una coalición con un partido radical y populista como Podemos". 

Cambio de guión

Ahora, Sánchez se la juega en ocho días. Suyo está siendo el liderazgo en el lobby de presión para convencer a los menos generosos de Europa. La semana que viene, prevé una cita con Merkel en Berlín y dos más duras: con el liberal holandés Mark Rutte y con el sueco Stefan Löfven, que será socialdemócrata pero tampoco apoya un fondo de recuperación con más transferencias que créditos, con tantos años de ejecución y con tan poca condicionalidad como ha diseñado la Comisión Europea.

Y además, éstos, los frugales, ya lo han derrotado. Sánchez puede necesitar un cambio de guión ahora que ha visto que el peso que puede hundirlo en la UE es la desconfianza que inspira su rigor en las cuentas. Y es que si no logra los 140.000 millones preasignados, si las condiciones son más duras que las propuestas y si el plazo de ejecución más corto, todo su calendario de Presupuestos se tambaleará. Y los planes de crisis de Gobierno que manejaba para apuntalarlo podrían dar un giro inesperado.

El PP también le recordaba que su "fracaso" llegaba un día después del inoportuno momento escogido para confesar en el Corriere della Sera que "jamás se planteó" pactar con el partido de Pablo Casado. Y que también fue muy poco afortunado por parte de Sánchez alegar que no lo haría "porque eso es lo que hundió al PASOK"... ya que eso suponía una comparación de España con la Grecia triplemente rescatada en el pasado.

Los populares, que "lamentan" la derrota de la vicepresidenta en el Eurogrupo, creen que "la decisión refleja, en definitiva, la pérdida de peso de España en Bruselas". Y ahora se sienten fuertes para defender ese necesario cambio de guión de Sánchez. En ocho días, la siguiente etapa.