Bruselas

La Unión Europea da la espalda a Pedro Sánchez. La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, que partía como favorita clara, ha caído derrotada en la votación final para la presidencia del Eurogrupo. El ganador ha sido el ministro de Finanzas irlandés, Paschal Donohoe, que contaba con el apoyo de los países nórdicos y también del Partido Popular Europeo (PPE).

El tercer candidato en discordia, el liberal luxemburgués Pierre Gramegna, nunca tuvo posibilidades. Se retiró tras una primera ronda fallida de votación, despejando así el camino para que Donohoe se impusiera a la vicepresidenta económica en la segunda ronda.

La derrota de Calviño es especialmente dolorosa si se tiene en cuenta que contaba con el apoyo público de todas las grandes potencias de la eurozona: Alemania, Francia e Italia. Pero la elección no ha sido por voto ponderado sino por mayoría simple. La vicepresidenta necesitaba el respaldo de 10 de los 19 Estados miembros y no ha logrado alcanzar ese umbral. Como el voto es secreto, nunca se sabrá a ciencia cierta qué apoyos le han fallado.

El fracaso en el Eurogrupo supone un importante revés en la UE para Pedro Sánchez, que ha invertido un considerable capital político para impulsar la candidatura de Calviño entre sus homólogos. Este mismo miércoles todavía se declaraba "optimista" sobre las posibilidades de la vicepresidenta.

La derrota se produce en un momento clave en el que se negocia el fondo de reconstrucción de 750.000 millones de euros para salir al rescate de España e Italia, los dos países más golpeados por el Covid-19. El presidente del Gobierno encara muy debilitado la cumbre que se celebra la semana que viene, en la que nuestro país se juega hasta 140.000 millones de euros.

Contra la candidatura de Calviño se han movilizado en particular los países nórdicos, encabezados por Holanda. Le reprochan tener una posición demasiado asertiva en defensa de una mayor integración en la eurozona. Todavía les escuece que Calviño les llamara una vez en público "países pequeños con poco peso". Para ellos, el ministro de Finanzas irlandés era un candidato de "compromiso".

Así es el nuevo presidente del Eurogrupo

Donohoe (Dublín, 45 años) se licenció en Economía y Políticas en el Trinity College de Dublín y comenzó a trabajar en el sector privado en la multinacional Procter & Gamble. Su primera experiencia política se remonta a 2004 como concejal en el ayuntamiento de la capital irlandesa.

Ha sido también elegido senador y después diputado. Entró en el Gobierno irlandés en 2013 como ministro de Asuntos Europeos y ha ocupado también las carteras de Transporte y Gasto Público y Transportes. Es ministro de Finanzas (y por tanto miembro del Eurogrupo) desde 2017 y acaba de ser confirmado en el nuevo Gobierno de Michéal Martin.

En su campaña para el Eurogrupo, el ministro irlandés de Finanzas se ha presentado como un "puente" entre Norte y Sur. Irlanda fue rescatada en 2010 pero ha protagonizado una recuperación de éxito. El Gobierno de Dublín apoyó a los nórdicos para frenar los planes de integración para la eurozona de Emmanuel Macron, pero durante la crisis del Covid-19 ha respaldado los eurobonos que reclamaban Italia y España.

Al mismo tiempo, Irlanda mantiene el impuesto de sociedades más bajo de la UE (12,5%) para atraer a las multinacionales estadounidenses a costa de sus socios del Eurogrupo, que han criticado a menudo esta estrategia fiscal agresiva.

Donohoe bloquea además la creación de una tasa digital comunitaria para obligar a que Google, Facebook o Twitter paguen más impuestos en Europa, una iniciativa que la mayoría de sus homólogos consideran prioritaria. Su posición de presidente del Eurogrupo será difícil. Su mandato empieza el 13 de julio para un periodo de dos años y medio, renovable.

El Eurogrupo es un órgano informal en el que los países que comparten la moneda única se reúnen una vez al mes para coordinar sus políticas económicas. Durante la crisis de deuda jugó un papel central en la UE: allí se decidieron los rescates (y sus condiciones) a Grecia, Irlanda, Portugal, España y Chipre.

Un papel de árbitro o intermediario

Durante el mandato de Mário Centeno, el Eurogrupo ha perdido gran parte de su relevancia. En dos años y medio, apenas se ha avanzado en la unión bancaria, el presupuesto de la eurozona o la reforma del fondo de rescate (MEDE). Sólo recuperó el protagonismo al inicio de la crisis del Covid-19, cuando aprobó un plan de rescate por valor de 540.000 millones de euros, que de momento nadie ha utilizado.

Ahora volverá a pasar a segundo plano porque los debates sobre el fondo de 750.000 millones de euros para asistir a España e Italia han subido al nivel de los jefes de Estado y de Gobierno. Eso si, el Eurogrupo contribuirá a definir las condiciones que deben aplicarse a cambio de las ayudas y deberá decidir cuándo se reactiva el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, cuyos límites de déficit y deuda han quedado en suspenso por la pandemia.

El presidente del Eurogrupo tiene como tareas principales dirigir las reuniones y fijar su orden del día, elaborar el programa de trabajo de este órgano a largo plazo, presentar a los ciudadanos y a la Eurocámara los resultados de los debates y representar al Eurogrupo en los foros internacionales, como el G-7.

En la práctica, su papel es de árbitro o intermediario para tratar de forjar consensos entre los diferentes bandos en liza. Desde que se convirtió en un cargo permanente, el Eurogrupo ha tenido tres presidentes, todos hombres: el luxemburgués Jean-Claude Juncker, el holandés Jeroen Dijsselbloem y Centeno.

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