"Le diré algo, señor Casado, ustedes atacan al ministro del Interior porque es el que está colaborando con la Justicia para acabar con la 'policía patriótica' que ustedes pusieron en marcha". Pedro Sánchez parecía Pablo Iglesias sin coleta, este miércoles en el Congreso.

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Y, envalentonado, Fernando Grande-Marlaska remató la faena atacando directamente el honor del coronel Pérez de los Cobos: "Dije pérdida de confianza, pero no quise decir más porque tengo respeto a su carrera profesional. Ustedes están indagando para perturbar esa carrera profesional y yo no estoy por la labor".

Fue así como el ministro del Interior respondió a Edmundo Bal, portavoz de Ciudadanos, el partido que acababa de garantizarle a su Gobierno la sexta prórroga del estado de alarma. Lo hizo, además, igualando a los liberales con "PP y Vox, extrema derecha con la que ustedes gobiernan en varias autonomías". Y utilizando ese argumento para defenderse "porque nosotros no somos como ustedes, que cuando pierden confianza en un funcionario lo echan sin decirle adiós".

Precisamente a Bal, abogado del Estado fulminado por la exministra de Justicia, Dolores Delgado, al negarse, él también, "a cumplir una orden ilegítima". En su caso, rebajar la calificación de los delitos de los políticos acusados en el juicio del golpe independentista del 1-O, como reclamaba el Ejecutivo -entonces, en solitario y más necesitado aún del apoyo parlamentario del independentismo- de Pedro Sánchez.

El libelo

Y es que el presidente, como si hubiera cambiado de asesor, abandonando por un día a Iván Redondo y recibiendo los consejos de Juanma del Olmo -secretario de Comunicación de Podemos y auriga de la estrategia morada y sus argumentarios- recurrió al totum revolutum de "las cloacas de Interior".

Mezcló así a los mandos recién dimitidos o destituidos de la Guardia Civil con aquellos policías nacionales hoy encarcelados e investigados por corruptelas que presuntamente pretendían encubrir delitos del PP o vincular la financiación de Podemos a Venezuela.

El juego -o el fuego- de la confusión lo atizó poco después Pablo Echenique, portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, acusando al coronel destituido de pertenecer a la "cloaca". Echenique, de hecho, daba pábulo a un libelo publicado en La Última Hora, la publicación digital montada desde el entorno de Podemos, y que dirige Dina Bousselham, militante en el partido a la que le fue robado un móvil cuando trabajaba como asesora de Pablo Iglesias en su etapa de eurodiputado. 

Según Echenique, De los Cobos expulsa un "olor a cloaca notable" y se pregunta si "envió agentes sin orden judicial a requisar vídeos de seguridad a un supermercado" de Galapagar, donde había hecho la compra Iglesias unos días antes. "¿Qué pensaba hacer con ellos?".

Según el texto compartido por el portavoz morado, Pérez de los Cobos tiene "tendencia a filtrar informes interesados para perjudicar al Gobierno" y, en concreto, a Iglesias. Y lo acusa de haber intentado "fabricar un escándalo mediático" contra el vicepresidente "pero Interior se enteró de sus planes y se torció".

Como se recordará, el 26 de abril este periódico y algunos otro medios reprodujeron un vídeo compartido en redes sociales en el que se veía al vicepresidente segundo del Gobierno haciendo la compra sin mascarilla, cuando de hecho no era obligatoria, sino sólo una "recomendación", en lugares bajo techo. 

Salvo que Iglesias hubiera hecho algo más en el supermercado, poco nuevo podría haber quedado registrado en los vídeos de seguridad que no estuviera en el compartido en Twitter, en el que incluso se escuchaban insultos al vicepresidente.

Pero el círculo vicioso iniciado por Sánchez, trazado con la quinta versión que daba Marlaska sobre la destitución en apenas ocho días y cerrado por Echenique ya colocaba la honorabilidad del coronel dentro de "las cloacas".

Mala gestión

La intervención de Echenique ha sido la única de un líder de Unidas Podemos a este respecto. De hecho, el ambiente entre los morados y el exjuez ha sido tenso desde la toma de posesión del Ejecutivo de coalición. Y, aunque sus líderes dicen apoyarle, se niegan a hacer declaraciones al respecto, y en privado asisten con cierta satisfacción a las polémicas

Lastra, Simancas y otros diputados socialistas aplauden al ministro Marlaska tras sus respuestas a la oposición en el Congreso. Efe

El ministro del Interior se ha quedado solo en el Gobierno. Cuenta únicamente con los aplausos de sus compañeros y las palabras de Sánchez como apoyo. Aunque la posición del presidente es interesada, pues lo necesita como pararrayos del caso 8-M.

La semana larga de polémicas a cuenta del informe de la Guardia Civil entregado a la jueza del 51 de Instrucción de Madrid ha amenazado con arrastrar al Gobierno en pleno por su tardanza en tomar decisiones aquella semana, previa al estado de alarma, ante la amenaza del Covid-19.

La magistrada ha imputado por prevaricación administrativa al delegado del Gobierno, José Manuel Franco, por su presunta responsabilidad en no haber suspendido los actos multitudinarios del fin de semana del 8-M a sabiendas de su peligrosidad por la epidemia de coronavirus.

La Comandancia de Madrid de la Guardia Civil fue la elegida por la jueza para ejercer de policía judicial y emitir dicho informe, por el que se interesaron Marlaska y la directora general del cuerpo, María Gámez. Pero De los Cobos no permitió que tuvieran acceso al documento, en cumplimiento de la orden del juzgado y eso le costó su cese fulminante.

El exjefe de la Comandancia en Madrid, Diego Pérez de los Cobos, saliendo de la Audiencia Nacional. Efe

La gestión de la crisis no ha sido un éxito, pues Marlaska ha dado hasta cinco versiones distintas de las razones de la salida del coronel: renovación de la cúpula, pérdida de confianza, incumplimiento de una orden, la filtración del texto a la prensa... Este miércoles en el Congreso decidió defenderse atacando.

Defenderse atacando

El liberal Bal le preguntó en términos muy duros y le auguró que no sólo estará solo en el Ejecutivo, sino que estará "muy solo" cuando vuelva a la Audiencia Nacional: "Ha dilapidado su prestigio y su nombre [...] ¿Qué le va a decir a nuestros amigos, los jueces de la Audiencia Nacional? ¿Que hay que callarse? ¿Que hay que someterse a las presiones? ¿Que hay que servir al Gobierno?".    

Jugando a sugerir que fue el propio De los Cobis quien filtró el informe a la prensa, Marlaska mancilló su honor e insistió en que él no tenía el documento ni sabía de su contenido. "Es más, no me interesa", dijo antes de explicar que pidió explicaciones al coronel por "la revelación de secretos, que es un delito", que se habría cometido por la filtración. "Lo que esperamos es un respeto escrupuloso a la ley y, por eso, se pide una explicación. Si no la hay, ocurre lo que ocurre, la pérdida de confianza".

Marlaska se apoyaba en las palabras previas del presidente, que ahondaba en la condición de magistrado en excedencia de su ministro del Interior, presumiendo del "escrupuloso respeto" de su Gobierno por la división de poderes. "Con este Gobierno no ha habido ni habrá nunca una intrusión política en las fuerzas de seguridad del Estado", le espetaba Sánchez a Casado. "Nunca, nunca, nunca", dijo el jefe del Ejecutivo, ordenará él la creación de una "mal llamada policía patriótica".

El ministro Marlaska abandona el pleno entre una nube de fotógrafos. Efe

El ministro, visiblemente nervioso y atropellado ante las tres preguntas (de PP, Vox y Cs) y la interpelación posterior del portavoz liberal, todas exigiéndole su dimisión, no sacó los pies de la cloaca: "Este Gobierno está sufriendo las consecuencias de los dos últimos años del PP en Interior" y está "desmantelando" lo que ese equipo "había convertido el Ministerio, y por eso no se nos perdona".

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