El nacionalismo catalán aprovecha la debilidad del Gobierno de Pedro Sánchez para instarle a retomar la mesa de diálogo con Cataluña sin esperar el fin de la crisis sanitaria originada por la Covid-19. 

Si el presidente de la Generalitat, Quim Torra, nunca vio motivo para posponer las negociaciones -ni siquiera con el inicio del estallido de la pandemia-, ERC se avino a aparcarla de forma provisional.

Ahora, la portavoz republicana en el Parlamento catalán, Marta Vilalta, ha pedido recuperar la mesa de diálogo “si puede ser, antes del verano” y su grupo en el Congreso cierra filas con este “plan” para que el procés vuelva a la agenda política. 

El resto de formaciones en la región que compusieron la primera reunión de la mesa de diálogo también avalan su vuelta. Desde los comuns, ala catalana de Podemos, han evitado concretar fecha, más preocupados en priorizar la evolución de la pandemia, y el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, ha abogado por no “abandonar la perspectiva de diálogo”, aunque ha recordado que compete al presidente Sánchez y Torra buscar fecha para el encuentro. 

El posicionamiento de ERC busca demostrar su músculo después de que Sánchez les desplazara como socio preferente en las últimas votaciones en el Congreso sobre la prórroga del estado de alarma.

En el grupo parlamentario de ERC, liderado por Gabriel Rufián, no ha sentado del todo bien la firma del acuerdo con EH Bildu para la derogación de la reforma laboral y la cesión del uso del superávit de los ayuntamientos del País Vasco. Ni que decir del acercamiento entre PSOE y Ciudadanos, que obligó a Junqueras a pronunciarse desde la cárcel para mostrar su enfado. "Que no cuenten con nosotros", afirmó.

Los republicanos creen que esa maniobra fue orquestada por Pablo Iglesias y reprochan al PSOE haberse sumado. En la lógica de ERC, ese acuerdo con los aberztales fue una suerte de reproche por no respaldar el estado de alarma. Por ello han decidido subir la apuesta, exigiendo retomar cuanto antes la mesa del diálogo.

Y sin olvidar que sus socios de Junts per Catalunya en el Govern buscan el fracaso de ERC para revalidar su posición ante una eventual competición electoral en la región. Si en un primer momento, el vicepresidente Pere Aragonès (ERC) pudo convencer a Torra para darle crédito a la mesa de diálogo, ahora cada vez hay más voces que se decantan por poner un ultimátum al Gobierno si "no cumple con Cataluña". 

Geometría variable

Por su parte, Sánchez llega a la negociación con ERC más debilitado que nunca. En una semana su Gobierno ha logrado enfadar prácticamente a todos sus socios de investidura, a la CEOE, a los sindicatos y hasta a la Unión Europea. Y la intención de ERC es ahora capitalizar esa debilidad. 

La exhibición de fuerza de los republicanos se ha producido en un momento en el que Sánchez tiene otros frentes abiertos y puede recurrir a la “geometría variable” para aplazar la demanda de los de Junqueras.

Además de la comisión del pacto para la reconstrucción, sobre la mesa del Ejecutivo está la confección de unos nuevos presupuestos; el plan de transición hacia la “nueva normalidad” con “asimetría” en función de la región, la batalla competencial y las elecciones en el País Vasco y Galicia.

 

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