Santi Vila (Granollers, 1973) fue el exconsejero de Cultura de la Generalitat y quien abandonó el Govern de Puigdemont el día antes de que se proclamara la independencia en el Parlament.

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Una decisión que la ha costado pasar a ser un "traidor" para los más acérrimos separatistas, hasta el punto de que la llamada Caixa de Solidaritat, de ANC y Òmnium Cultural, le han excluido de la recolecta para pagar las fianzas y multas que la justicia impone a los líderes independentistas encausados. 

Vila acaba de publicar el libro Vencer y convencer (Península) en el que aporta su "decálogo" de las reformas que hay que hacer en España para, a su juicio, solucionar el "conflicto catalán". 

¿Necesita Cataluña un héroe de la retirada? Y, en caso afirmativo, ¿se ve usted en este papel?

Yo no hablaría de retirada, sino de conciliación. Y necesitamos muchos abanderados de la reconciliación y de la apuesta renovada de una política más ajustada al pragmatismo, a lo posible y que sin renunciar a sueños se vincule a lo concreto.

En su libro explica que, desde el 9-N, en 2014, ERC y JxCat ya luchaban, más que por la independencia, por la "hegemonía del catalanismo". 

Esta es una clave de interpretación que a veces olvidamos y que es relevante. Más allá de la construcción de un proceso de independencia o de la construcción de una reforma constitucional hay una competencia, a veces descarnada, por el liderazgo del catalanismo en Cataluña. Y esto lo han liderado hasta la fecha Junts per Catalunya y ERC.

Desde sus posiciones de centroderecha liberal, ¿cómo ve que ERC haya ocupado el espacio hegemónico dentro del catalanismo?

La legislatura ha empezado en esta dirección y han tomado dos decisiones muy complicadas a pesar de la presión, como ha sido apoyar la investidura e impulsar una mesa de diálogo sin una agenda muy precisa.

Yo creo que no hay plan B, no hay alternativa, y es evidente que esta ERC no tiene tradición en la cultura pragmática; para la ERC pragmática hay que remontarse a los años 30. Pero todos vamos tomando conciencia de que no hay plan alternativo a esta manera de abordar el conflicto político que tenemos en Cataluña.

¿Y se fía de que ERC pueda representar este papel?

Yo espero que cada vez más este papel lo puedan representar agentes políticos en ERC, en JxCat, en el PSC… Y que vayamos dejando atrás el reparto de carnés de patriotismo y nos vinculemos a la resolución del problema concreto, que pasa en primer lugar por desinflamar y conseguir que los que están en la cárcel salgan pitando y que asuman sus responsabilidades políticas, por los aciertos y los errores, pero que no sufran esta desproporción del castigo penal.

Antes del diálogo y del perdón del que habla en el libro, ¿debe haber un compromiso del nacionalismo de abandonar la vía ilegal?

Bueno, en el matiz está el diablo y, al mismo tiempo, la oportunidad. Cuando se dice “lo volveremos hacer” no todos quieren decir lo mismo. Por ejemplo, Jordi Cuixart lo dice en el sentido de que no se conforma con que una democracia sea solo votar, también es movilizarse, protestar, entender lo que todavía el orden establecido no reconoce como posible. Esto es legítimo.

Pero Jordi Cuixart no es un político. Y Junqueras o Turull dicen que no se arrepienten de nada.

Creo que el espacio político que en Cataluña diga que hay que volver al diálogo y al pragmatismo será el ganador.

Hay una Cataluña catalanista y centrista a la que hoy le cuesta mucho sentirse representada políticamente

Usted es de los que comparte la tesis del abogado Melero de que nunca hubo una DUI real sino una ensoñación. Esto tampoco es lo que dicen Turull y Junqueras ahora desde la cárcel.

Yo puedo hablar en el estado actual de mis conocimientos y por lo que yo viví. Lo que recoge la sentencia, la verdad judicial, encaja con mi propuesta interpretativa, que sobre todo lo que se intentaba era tensar la cuerda sin que llegara a romperse. Si alguien tenía otra agenda y la concretó de otro modo, pues él lo sabrá.

El propio president Puigdemont ha contado que si hubiera tenido las garantías públicas del presidente Rajoy de que no iba a aplicar el 155 hubiera convocado elecciones y hubiera parado máquinas.

Entonces, ¿cree que mienten ahora cuando ya están en la cárcel o mentían entonces?

No estoy en condición de emitir este juicio moral. Yo solo puedo decir que yo siempre he dicho lo mismo en público, en privado y en sede judicial. He sido coherente.

En el libro relata que su abuela le veía de ministro si no hubiera eclosionado el procés.

Es una forma irónica o sarcástica de hablar, muy propio de los ampurdaneses, en el sentido metafórico de que personas como yo y tantos otros, que teníamos una carrera política muy viva y comprometida, es evidente que hemos sufrido un gran desgaste reputacional. A veces piensas si valió la pena meterse en este embrollo vistas las consecuencias sociales.

¿Le hubieran dejado ser ministro en su partido? A Duran i Lleida parece que nunca le dejaron…

Bueno, esto es un contrafactual. Yo estoy convencido de que hay una Cataluña catalanista y centrista a la que en estos momentos le cuesta mucho sentirse representada políticamente.

Ana Pastor, del PP, o su propio marido le recomendaron irse del Govern de Puigdemont mucho antes. Pero usted, como Campuzano o Pascal, trataron de tranquilizar a sus interlocutores en Madrid diciendo que Puigdemont no llegaría tan lejos. ¿Pecaron de ingenuidad?

Yo nunca creí, desde el punto vista racional, que pudiéramos acabar en choque institucional… Cualquier persona racional pensaba que al final no se produciría. Por otra parte, haciendo autocrítica, es evidente que sobredimensioné mi capacidad de influencia sobre Puigdemont. Pero además yo no admito que el problema fuera convencer o no convencer a Puigdemont, sino que no pudimos articular un mensaje nítido, transparente y público de alto al fuego.

La exvicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría no sale muy bien parada en su libro, pese a decir que era una mujer inteligente… ¿Fue una decepción?

Sinceramente, sí. Porque más allá de su declaración en el Supremo, que tuvo un punto de pecado de omisión, porque podía haber contado las cosas un poco distintas, en 2017 encarnó la esperanza. Era rápida, resolutiva, muy cercana a Rajoy…

Las élites de Barcelona, políticos, abogados, empresarios... confiaron en que encauzaría un poco más de lo que pudo hacer. También es cierto que se había quebrado la confianza entre los gobiernos.

Por contra, de Cuixart viene a decir que es una muy buena persona, pero no muy leída. De hecho, fue de los pocos que no le retiró nunca el saludo.

No, él es una persona muy leída. Lo que más admiro de Cuixart es su carácter intuitivo, es un demócrata radical, casi diría que por naturaleza. Ha devorado muchas lecturas de filosofía política, de derecho a la protesta… Muy propio de nuestros tiempos posmodernos.

A mí me admiraba por un lado su humanidad, y por el otro, ese carácter de activista y político intuitivo que a los académicos nos podía ruborizar un poco porque costaban de digerir. Fue, desde el primer día, de los acusados más empáticos y que más me intentó proteger de las críticas.

Creo que en Madrid han sintonizado con un tipo de discurso que atrae talento, a clases medias, a clases liberales...

La Caixa de Solidaritat que apoya a los líderes independentistas ha rechazado pagar su fianza por el caso Sijena, de devolución de obras de arte a Aragón, pero sí la del exconsejero Lluís Puig. Tampoco su multa por su implicación en el procés. ¿Cómo lo ve?

La Caixa de Solidaritat está desbordada por la batería de multas y fianzas que van cayendo. Me consta que no había consenso en esta decisión, que algunos miembros eran partidarios de ayudar mientras que otros creían que ayudarme no se hubiera entendido en algunos sectores del independentismo. Creo que merecería también haber sido ayudado, pero respeto sus decisiones.

En su momento ya tuvo que pagar la fianza para eludir la prisión preventiva. Pasó una noche en la cárcel antes de encontrar la suma que le exigían.

Sí, la fianza de Sijena se paga con el aval de mi apartamento particular, y la del Supremo pagando con recursos propios y familiares. Así estamos. Todo esto es terrible, pero no te puedes quejar cuando hay gente que está privada de libertad, que es incomparablemente peor.

Con este panorama, ¿tiene ganas de seguir en la esfera política?

No, yo estoy fuera. Las ganas están en comprometerme con mi tiempo, haciendo charlas, artículos… Yo siempre recuerdo que ya he cumplido con mis obligaciones cívicas. Más allá de apoyar a los que encarnen una idea de reconciliación y de progreso, no se me puede pedir mucho más.

En este sentido, su libro termina con un decálogo de lo que hay que reformar en política. ¿Tiene futuro el catalanismo?

En mi opinión hay que refundar el catalanismo, vincularlo a una agenda propia del siglo XXI que tendrá que ver con grandes retos desde el punto de vista tecnológico, biológico, climático o económico. Hay que resintonizar con una agenda vinculada a lo concreto.

A partir de aquí creo que de cara al conflicto catalán hay que apostar fuerte por parte de todos los españoles por Barcelona y por Madrid como cocapitales, con un reparto más equitativo de las estructuras de poder del Estado, en la que también Cataluña participe de ello para que pueda acabar con la percepción de que Cataluña no tiene un Estado propio.

También afirma que las élites catalanas se quejan de la competencia desleal de Madrid. ¿Usted cree en esta tesis?

A mí me encanta el modelo y el proyecto político que, alcalde tras alcalde, ha ido afianzado Madrid. Esta ciudad abierta, cosmopolita, amiga de los negocios, de la actividad económica, que se gusta a sí misma, alegre. Creo que Barcelona tiene que seguir esta misma senda.

¿Y de la Comunidad de Madrid?

Lo que es relevante es que Barcelona y Madrid pueden aspirar a jugar en las grandes divisiones del mundo y me da la impresión de que Madrid cuenta con el viento en popa por parte del Estado y Barcelona tiene la impresión de que el Estado, en el mejor de los casos, no existe.

Pero ahora también hay discrepancias entre el Gobierno central y la Comunidad de Madrid, por la armonización fiscal...

Yo soy un liberal y creo que cuanto menos impuestos mejor, sin ningún tipo de duda. Gravar a los que generan riqueza siempre es un error a largo plazo. Creo que en Madrid han sintonizado con este tipo de discurso, que atrae talento, atrae clases medias, a clases liberales.

¿No comparte la idea de miembros del Govern de que en Madrid se practica el “dumping fiscal”?

Yo no comparto este tipo de planteamientos, entre otras cosas porque creo que la dinámica de competencia entre ciudades y regiones es positiva para todos. Hay que espabilarse. Si alguien va castigando los suyos igual un día descubre que los suyos se le van.

De la mesa de negociación entre gobiernos, ¿cree que finalizará con una votación en Cataluña?

En mi opinión, esto solo se arregla votando. En consecuencia, de la mesa de negociación saldrá un documento que será un compendio de acuerdos que tendrá posiblemente un ajuste en forma de reforma constitucional, un ajuste fiscal, un ajuste en forma de agravios de falta de inversión en materia de infraestructuras que habrá que acometer y ser votado por los catalanes para reparar el agravio causado.

Yo creo que si se hacen las cosas bien, con esto, superaremos el conflicto. Si no acertamos a poner sobre la mesa un producto político atractivo, seguiremos donde estamos.

Santi Vila. EL ESPAÑOL