No ha durado siquiera un par de días en el puesto. Alba González, concejala de Podemos en Gijón, había sido elegida para desempeñar el cargo de "directora de Diversidad Étnico Racial", adscrita al ministerio de Igualdad que rige Irene Montero. Se despidió de sus compañeros del Ayuntamiento la tarde del martes, pero ya ha sido relevada... por no ser negra. La sucederá Rita Bosaho, nacida en Guinea Ecuatorial.

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La propia González lo explicó en su cuenta de Twitter: "Hemos reorganizado el equipo para que haya una presencia visible de mujeres pertenecientes a colectivos racializados. Eso significa que no asumiré la Dirección General". Irene Montero, en LaSexta, apostilló: "Rectificar es de sabios". Una rectificación que ha generado el estupor de la oposición y de renombrados sociólogos. También una cascada de comentarios contrarios en redes sociales.

Según deslizó la ministra de Igualdad, la decisión fue acordada entre ambas tras haberse reunido con varios colectivos. Bosaho, que en 2015 se convirtió en la primera diputada negra de la historia de la Cámara, será la sustituta. Licenciada en Historia por la Universidad de Alicante, cursó un máster en Identidades. González será reubicada en el ministerio.

La opinión de los sociólogos

Juan Ignacio Castién, profesor de Antropología y Psicología Social de la Universidad Complutense, advierte del riesgo de entrar en "una dinámica muy peligrosa": "No me gusta demasiado porque parece que nos forzamos a clasificar a la gente por colectivos. Ponga uno tipo 'a', otro tipo 'b', otro tipo 'c'...".

Además, Castién reseña que ese modo de designar de Montero también ha afectado al resto de altos cargos del ministerio: "Serán todas mujeres. ¿La igualdad no es la paridad?".

Este doctor en Sociología concluye que esa lógica le parece "peligrosa": "También se corre el riesgo de caer en el paternalismo. 'Como eres de aquí, te incluimos'. Hay que tener cuidado".

Alejandro Navas, profesor de Sociología en la Universidad de Navarra, resume: "Pensar que sólo los negros pueden hablar sobre los negros es un grave error. Haría imposible todo análisis, todo discurso. Uno sólo podría hablar de sí mismo. Nos llevaría al solipsismo".

"En Oxford se llegó a suspender una Mesa sobre el aborto porque dos ponentes eran hombres. Es una lógica cerril, provinciana y estrecha. Para hablar de racismo no hace falta ser negro. Hay que estar muy preparado y cualificado", apostilla.

José Fernando Troyano, de la Universidad de Málaga, manifiesta sus "dudas". "Lo que viene a evidenciar esa dimisión es que hay unas categorías que necesitan ser protegidas. Para eso hace falta empatía. Pero no está claro que sólo los negros puedan defender sus intereses. Se pueden encontrar ejemplos en la Historia que prueban lo contrario... Entre sus peores enemigos ha estado gente de su condición", razona.

"Sin embargo, es cierto que a quienes no somos gays, mujeres, negros o judíos, por poner algunos ejemplos, nos resulta muy difícil hacernos a la idea del dolor que han sufrido debido a la discriminación. No lo sé... Es un dilema que no me atrevo a resolver", explica este profesor de Sociología.

¿Qué dice la oposición?

En el Partido Popular tachan de "racismo" el propio cese. Una diputada de los conservadores, en conversación con este periódico, critica: "¿Y no sabía -el color de su piel- veinticuatro horas antes, cuando aceptó el cargo? Es de una frivolidad infinita".

En relación al motivo, este miembro de la dirección del PP aduce: "¿Qué es eso de 'una presencia visible de mujeres pertenecientes a colectivos racializados'? Eso no existe en el diccionario. Y, de verdad, me suena precisamente racista".

Vox, que tiene vetado a EL ESPAÑOL, ha vuelto a rechazar las preguntas de este periódico.

Sara Giménez, diputada de Ciudadanos, es una abogada de etnia gitana que, antes de entrar en política, trabajó en la defensa de la diversidad. Esta es su opinión: "En mi caso particular, que soy mujer y gitana, y que he trabajado muchos años para reducir las desigualdades que afectan al colectivo gitano, siempre he apostado por contar también con personas que no pertenecen al colectivo".

"En Ciudadanos tenemos una visión inclusiva de la igualdad. No se trata de cambiar los carnés que se reparten, sino de dejar de repartirlos y considerarnos a todos iguales", apunta.

"Los nombramientos de Podemos suelen responder a criterios más ideológicos que objetivos. La igualdad no va de segregar, sino de integrar. Excluir a personas por pertenecer a un grupo de género, raza o etnia es lo contrario a la igualdad. De verdad, es sentido común", concluye Giménez.