Este martes se cumplen diez años de La dignidad de Cataluña, el editorial único de la prensa catalana que publicaron 12 diarios locales el 26 de noviembre de 2009 con el objetivo de presionar al Tribunal Constitucional antes de que este dictara sentencia sobre la posible inconstitucionalidad de varios artículos del Estatuto de Autonomía catalán de 2006 que habían sido recurridos por el PP. Pero, ¿es cierto todo lo que se ha contado hasta ahora sobre el editorial único?

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El editorial único fue una iniciativa excepcional. Porque esa fue, de hecho, la primera vez que se publicaba un editorial conjunto como este en la España democrática. Los últimos editoriales conjuntos de cierta relevancia de la prensa española se habían publicado en 1977. Pero siempre en apoyo de la democracia y en contra del terrorismo. Jamás en defensa de una interpretación particularista de la Constitución y de privilegios territoriales como los exigidos por La dignidad de Cataluña.

El editorial único se publicó en los diarios catalanes El Periódico de Cataluña, Avui, El Punt, Segre, Diari de Tarragona, La Mañana, Diari de Girona, Regió 7, El Nou 9, Diari de Sabadell, Diari de Terrassa y La Vanguardia. Los redactores fueron el periodista de La Vanguardia Enric Juliana y el notario Juan-José López Burniol, colaborador habitual de El Periódico de Cataluña, junto con otros dos redactores cuyos nombres siguen sin trascender a día de hoy. La iniciativa, sin embargo, fue de los directores de ambos diarios, José Antich y Rafael Nadal

O eso dice la leyenda. Cuando contacto con una fuente cercana a la elaboración que vivió de cerca la gestación del editorial único, este me cuenta una historia bastante diferente a la oficial. Off the record, por supuesto: en la Cataluña nacionalista todas las preocupaciones son pocas. Y con más razón a las puertas de un pacto entre PSOE y ERC que podría culminar, en unos meses y si se acaban convocando elecciones anticipadas en Cataluña, en un nuevo tripartito de ERC, PSC y Podemos en la comunidad. 

Iniciativa de Rafael Nadal

"La iniciativa no partió al 50% de El Periódico de Cataluña y La Vanguardia como cree mucha gente" me cuenta mi fuente. "La iniciativa partió de Rafael Nadal, el director de El Periódico de Cataluña, muy ligado por aquel entonces al tripartito y, por encima de todo, al PSC". Para entender la trascendencia de este dato hay que tener en cuenta que El Periódico de Cataluña es al PSC lo que el diario El País al PSOE. Es decir, su órgano oficioso de propaganda. Dicho de otra manera: fue el socialismo catalán el que gestó el editorial único.

En 2009, efectivamente, gobernaba Cataluña el segundo tripartito, formado por el PSC, ERC e Iniciativa por Cataluña. Lo presidía el socialista José Montilla, de cuyas hondas convicciones nacionalistas no dudaba nadie en el socialismo catalán, pero al que el nacionalismo jamás había perdonado su origen cordobés. Dada la mala fama del primer tripartito, el que alumbró el Estatuto de 2006 bajo el liderazgo del también socialista Pasqual Maragall, el segundo tripartito había decidido rebautizarse como Gobierno de entendimiento.

El cuadro empieza a tomar forma. El Estatuto de 2006, nacido en un momento en el que nadie, ni siquiera Convergencia, ERC o los sectores más radicales del separatismo, pedía un nuevo Estatuto, fue una iniciativa del PSC. Y fue también el socialismo catalán el que, cuando los artículos más abiertamente nacionalistas de ese Estatuto fueron recurridos frente a la Justicia, tomó la iniciativa de gestar un editorial único que, de forma abierta, amenazaba al propio Tribunal Constitucional con frases como la siguiente:

"Que nadie se confunda [...]. Que nadie yerre el diagnóstico [...]. No estamos ante una sociedad débil, postrada y dispuesta a asistir impasible al menoscabo de su dignidad. Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable".

Contra Zapatero

"Lo realmente interesante del editorial único es que fue una iniciativa del socialismo catalán que perjudicaba claramente al PSOE de Rodríguez Zapatero, que en ese momento ocupaba la Moncloa" explica mi fuente. Oficialmente, el PSOE dijo por aquel entonces respetar el editorial puesto que este "reflejaba el sentir de los catalanes". De los catalanes nacionalistas, por supuesto, puesto que al resto nadie les pidió su opinión. Puertas adentro, se comprendió a la perfección que el editorial único implicaba dejar a los pies de los caballos a un Zapatero que había prometido en público respetar el Estatuto que saliera del Parlamento catalán

El editorial no pilló de sorpresa en Moncloa, en cualquier caso. El PSOE y otros líderes nacionales conocían el contenido del editorial antes de que este se publicara porque Rafael Nadal había llamado a Zapatero y a Mariano Rajoy, además de al propio presidente Montilla y al resto de los líderes de los principales partidos catalanes, para avisar de la iniciativa y de su contenido. 

Pero habían ocurrido más cosas antes de su publicación. La iniciativa había partido de El Periódico de Cataluña y del socialismo catalán, pero el plan no habría tenido ninguna posibilidad de cuajar sin la aquiescencia del resto de la prensa catalana. La decisión, acertada desde el punto de vista táctico, fue la de presionar a La Vanguardia. Porque Nadal sabía que si caía La Vanguardia, el resto de diarios catalanes se sumarían a la iniciativa sin mayores problemas.

"La verdad es que el conde de Godó no estaba convencido de la iniciativa" explica mi fuente. "Pero al final le convencieron. Hubo muchas presiones. Después, con el tiempo, el conde de Godó se arrepintió del editorial único. Y, sobre todo, se arrepintió de haber permitido que Enric Juliana lo redactara". Prueba de ello es que la prensa catalana ha hecho varios amagos de pergeñar nuevos editoriales únicos, pero ninguno de ellos ha cuajado como lo hizo el de 2009. A ninguno de ellos se ha sumado La Vanguardia

Retórica jesuita

El editorial fue vendido como "un llamamiento a la tranquilidad y a la concordia" aunque su beligerancia, envuelta en retórica jesuita, era extrema. Según el editorial único, los catalanes "pagan impuestos sin privilegio foral", "contribuyen con su esfuerzo a la transferencia de rentas a la España más pobre" y "acatan las leyes". "¡Faltaría más!" podría haber sido la respuesta oficial a ese listado de supuestos sacrificios por el bien de España que no son más que las obligaciones habituales de todos los ciudadanos de un Estado de derecho

El editorial también acusaba al Tribunal Constitucional de "continuos escarceos tácticos", de tener el prestigio "erosionado", de tener las válvulas "obturadas", de no tenerse respeto a sí mismo, de mantener "posiciones irreductibles", de "soñar con cirugías de hierro" y de poner en juego "el espíritu de 1977". Frente a esa retórica, de una inaudita agresividad, los autores del editorial lo defendieron como "una defensa de un Estatuto que es el fruto de dos pactos políticos: el del Parlamento de Cataluña y el del Congreso de los Diputados".

Presentado en Cataluña como un ejemplo de la unidad del pueblo catalán en la defensa de su autogobierno, el editorial único fue más bien el mejor ejemplo posible de la indudable sumisión de la prensa catalana al nacionalismo. En este caso, al nacionalismo del PSC. Fue también el disparo de salida para la radicalización de un periodismo catalán que a partir de la publicación del editorial único, y a la vista de su buena recepción en la Cataluña nacionalista, se sintió por fin con las manos libres para echarse al monte del extremismo separatista. 

Cambios radicales

De la deriva del catalanismo hacia posturas no ya federalistas, sino abiertamente anticonstitucionales, da fe lo que escribía el notario López Burniol del nuevo Estatuto en 2005. Es decir, sólo cuatro años antes de redactar el editorial único junto a Enric Juliana:

"Tras leer la propuesta de reforma [del Estatuto catalán], llegué a la conclusión de que había sido elaborada con la misma mentalidad con la que se facilita la información meteorológica en TV3: de espaldas a España, sobre un mapa en el que sólo aparecen destacados los Países Catalanes. No es de extrañar, por tanto, que el señor Carod-Rovira haya alardeado de que el 90% del Estatuto responde a los postulados de Esquerra Republicana de Cataluña. (…) El Estatuto coloca los intereses particulares de Cataluña por encima de los intereses generales de España. Luego, la propuesta de Estatuto implica la quiebra del Estado español. (…) Mi crítica al Estatuto no se basa, por tanto, en la inconstitucionalidad de este o de aquel precepto, sino en el espíritu que lo informa. Este supone un triunfo del ideario nacionalista". 

En sólo cuatro años, el Estatuto que quebraba el Estado español había pasado a convertirse en la cabeza de López Burniol en pieza imprescindible para evitar la ruptura, por desafección catalana, de ese mismo Estado español. De anticonstitucional a garante de la Constitución. ¿Qué había ocurrido en esos cuatro años?

Que se lo pregunten al socialismo catalán.