Pedro Sánchez trata de atesorar una mayoría que le permita la investidura antes de Navidad, pero cuenta con un obstáculo añadido a los ya propios de tener que encajar un puzzle de nueve partidos: apenas 48 horas después del preacuerdo con Unidas Podemos -que se gestó en otras tantas- históricos del PSOE y uno de los barones han manifestado su desconfianza hacia el socio de coalición y su oposición a que el plan exija de la participación de fuerzas independentistas.

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Más allá de los veteranos, Sánchez contiene la oposición interna y navega estos días con el respaldo de la dirección y el grueso de los dirigentes autonómicos, incluida Andalucía, que en 2016 se puso al frente de los críticos en pleno amago de entendimiento con Podemos para tratar de alcanzar el poder pese al descalabro de las generales de diciembre de 2015. La calma tiene sin embargo serias amenazas, principalmente cualquier concesión a los independentistas.

En el único debate entre los principales candidatos, durante la campaña, Sánchez se situó en el centro, diferenciándose de Pablo Iglesias, y se comprometió a reintroducir la celebración de referéndums ilegales en el Código Penal o a cambios legales para acabar con el "sectarismo de TV3". Este jueves, en su primera rueda de prensa tras las elecciones del 10-N, evitó responder a si lo cumplirá. Minutos antes, en el Congreso, Adriana Lastra se había reunido con Gabriel Rufián, encastillado en el "no" a la investidura.

Son dos las palabras que teme Sánchez de puertas afuera y ante los suyos: la primera es relator. Surgió en la reunión de Pedralbes, celebrada el pasado diciembre entre Quim Torra y Sánchez en Barcelona. El separatismo pretende que una figura o institución, a poder ser internacional, medie entre el Gobierno y el Govern. De concederse, la legislatura echaría a andar. La segunda palabra es indulto, el de los presos del procés, reclamado recientemente por Arnaldo Otegi para que EH Bildu cambie su "no".

González, Ibarra, Page

Sánchez tendrá que conseguir una mayoría parlamentaria sin siquiera bordear estas cuestiones con sus potenciales aliados -cuestión aparte sería lo que hiciera tras lograr la investidura- o sus problemas cambiarán de acera y se acumularán en Ferraz y las franquicias territoriales. Por el momento, y salvo alguna excepción, sólo la vieja guardia manda señales de desaprobación.

El de mayor peso es Felipe González. El expresidente admitió este jueves no haber felicitado a Sánchez por su victoria el pasado domingo -"no me parece necesario", se justificó-. Sobre el pacto con Iglesias y pese a que lo primero que trascendió de éste fue un programa en común de diez puntos, criticó que "sepamos antes cómo se reparten los cargos y no las políticas". González aboga por un entendimiento entre izquierda y derecha y mantener lejos a las fuerzas que "quieren romper las reglas de convivencia". "Yo nunca pasaré por eso", dijo tajante.

Con él se encontraba el expresidente de la Junta de Extremadura Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que se reafirmó en unas declaraciones de 2016, ante una situación parecida: "Si se forma gobierno con Podemos, ERC y los independentistas, me iré del PSOE".

Un dirigente en activo y avalado por una mayoría absoluta, Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, recordó este viernes que su pasado mandato no fue tan sólido como el actual: "Pacté con Podemos a la fuerza porque no había otra opción. Yo entendí a Sánchez cuando dijo durante una entrevista en televisión que no podría dormir por las noches con Podemos en el Gobierno. A mí me quitó el sueño gobernar con ellos durante mucho tiempo". Horas antes, mostró su rechazo a que el ejecutivo pueda llegar a estar en manos de los separatistas.

Con coalición, sin mayoría

Se suma a estas voces la del exministro José Luis Corcuera, que ya dejó clara su postura no ya sobre Podemos o los independentistas sino sobre el propio Sánchez cuando nada más conocer su victoria en las primarias de mayo de 2017, se dio de baja del partido después de 40 años de militancia. "El mejor PSOE es el de donde vengo y algunos tienen que hacer ese camino, pero al revés", señaló entonces. Hoy, sus palabras no son muy distintas: "De Sánchez me molestan muchas cosas, es mutante".

En cualquier caso, el desmarque de González, Ibarra o Corcuera no desvía las intenciones de Sánchez, con tiempo por delante para negociar votos sin soliviantar a los suyos. Lejos queda el entusiasmo del martes, el día del abrazo, cuando las cosas parecían sencillas, sin serlo.

Los apoyos necesarios no se venderán baratos. Sus responsables son conscientes del partido que pueden sacar de un Sánchez que no puede fracasar de nuevo. El diputado de Bildu Jon Iñarritu así lo ha explicitado este viernes: "El señor Sánchez va por un buena vía, hay que ir por ahí. Hoy hay terremoto, tanto interno como de las fuerzas mediáticas y políticas. A ver si aguanta por esa vía y da garantías".

El 4 de diciembre, el nuevo presidente del Congreso informará al Rey de la composición del hemiciclo y se pondrá fecha a la ronda de contactos. Sánchez tenía este verano voluntad de mayoría a falta de un acuerdo de gobierno y ahora, un acuerdo de gobierno a falta de voluntad de mayoría. Tiene al menos tres semanas para resolverlo.