Pablo Iglesias sigue preparando su reunión de este martes con el presidente en funciones este martes en el Congreso. Y aunque se niegue de palabra a llevar las negociaciones a través de los medios, lo cierto es que el secretario general de Podemos ya ha caído en lo que él mismo critica del PSOE.

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Si bien Iglesias sigue en el modo estadista que exhibió en en los debates electorales -y que tanto rédito le dio, dada la crispación de los otros tres contendientes-, este lunes por la mañana ha improvisado un canutazo con los medios que acudían a El Escorial para escuchar su conferencia de inauguración de unos cursos de verano.

A las acusaciones lanzadas por miembros del Gobierno y del PSOE de que Podemos no se mueve de su exigencia de entrar en el Ejecutivo, Iglesias ha contestado: "Nosotros no hemos dejado de flexibilizar nuestra postura". La última que lo dijo fue la ministra portavoz, Isabel Celaá, a la salida del Consejo de Ministros, deseando que el partido morado comprendiera que la oferta de Pedro Sánchez es "profunda y no poca cosa", pero que jamás logrará Iglesias sentarse en la misma mesa que ella.

Sobre las afirmaciones de que "no habrá otra oportunidad, es ahora en julio o nos vamos a elecciones", el líder morado ha recordado su última oferta: "Nos dijeron que quieren el Gobierno de coalición, pero que no daría la suma; así que nosotros les dijimos que basta con probarlo en julio y que si no recaba los apoyos del Congreso, reconsideramos nuestra postura".

Cree el líder de Podemos que no hay nada mejor que pasar esa "prueba del algodón", y gana en la batalla dialéctica al PSOE, pues se ciñe exactamente a las previsiones constitucionales y legales. Además de apoyarse, cómo no, "en que 20 países de la UE tienen gobiernos de coalición, no parece tan raro lo que pedimos".

Después el PSOE explicitó en alto lo que ya le sugería Sánchez a Iglesias en sus reuniones (in)discretas en Moncloa. "El problema es vuestra postura sobre Cataluña". Y ahí Podemos se ha tenido que retratar, con el coste electoral que eso puede tener en algunas de sus bases de voto.

Iglesias ya ofreció, antes incluso de verse por primera vez con el presidente tras las elecciones en Moncloa, "ser leal en temas de Estado" reconociendo el liderazgo de los socialistas "y el peso que nos dan los 42 diputados que tenemos". Es decir, dejar de defender como Gobierno lo que enarbolan como partido: un referéndum pactado de autodeterminación para Cataluña y el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los pueblos -"las naciones", dicen los morados- del Estado. Lo ha repetido este lunes ante los micrófonos y, de hecho, este mismo lunes los Comuns también lo han explicitado por boca de su diputado Joan Mena.

Y sobre el problema programático, el secretario general de Podemos ha remarcado que "no puede ser que el PSOE deslice a los medios la propuesta programática que nos piensa ofrecer mañana para que yo la conteste sin conocerla desde aquí". Poniéndose una vez más en modo estadista, Iglesias le ha recordado a Sánchez que "una negociación de investidura es algo muy serio como para dejarlo en mano de los estrategas del márketing". Y le ha recordado que Podemos lleva "dos meses esperando con nuestros equipos dispuestos para negociar".

¿Conclusión? "Pedro Sánchez tiene que hacer los deberes para julio y no dejar para septiembre lo que podemos pactar ahora". Y es que en Podemos presumen de su compromiso programático para "cambiar la vida de la gente", es decir, bajar el precio de la luz, derogar la reforma laboral, avanzar en "justicia fiscal" -o sea, subir impuestos a las grandes empresas y a los bancos, que eso no lo explicitan mucho últimamente- y controlar los precios del alquiler.