Los aspirantes a dirigir el Partido Popular no se atreven a cifrar un mínimo de participación aceptable en las primarias. En el estreno de la elección democrática de su líder, la organización conservadora sabe que el porcentaje de militantes que acudirá a las urnas el próximo 5 de julio será ínfimo. Fuera de cámara, las fuentes del PP consultadas por este periódico mencionan que el voto de 80.000 personas -de un total de 800.000 afiliados- "no será un fracaso".

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Si el PP coloca en el espejo al PSOE, el cristal se torna afilado. Las primarias que auparon a Pedro Sánchez a la secretaría general de Ferraz cosecharon alrededor de 148.000 sufragios. Teniendo en cuenta que el censo socialista roza los 190.000, la cifra porcentual arroja un 78% de participación. Las 80.000 papeletas con las que se conformaría el PP apenas suponen un 10%. En la Comunidad de Madrid y durante el cónclave que premió a Cifuentes, sirva de muestra, votaron 11.000 de los casi 95.000 registrados.

El Comité Organizador de las primarias brindará el número de inscritos para votar en esta primera vuelta a lo largo del martes. Los candidatos son conscientes de que el lema "eligen los afiliados" perderá su sentido si las urnas certifican una debacle en términos de participación. Para más inri, no es cierto que elijan los afiliados, o por lo menos sólo ellos. En la segunda y definitiva vuelta, los compromisarios asumirán la responsabilidad última de nombrar al sucesor de Mariano Rajoy.

La "tarifa plana"

Este mismo lunes, María Dolores de Cospedal, exministra de Defensa y saliente secretaria general del partido, despejaba el balón muy lejos en un par de entrevistas radiofónicas. Se remitió al "cuantos más mejor" que también han venido enarbolando Pablo Casado o Soraya Sáenz de Santamaría.

Por una cuestión de norma, sólo tienen vela en este proceso los afiliados al corriente de pago. A sabiendas de que la participación podía quedar seriamente menguada, el PP acordó lo que ya se conoce como "tarifa plana": quien paga veinte euros puede votar. Además, se exige la inscripción en un censo concreto, un plazo que ha expirado este lunes.

El más contundente a la hora de mostrarse en contra de lo restrictivo de este estreno de primarias en el PP ha sido Pablo Casado. En conversación con este diario, reiteró que su deseo hubiera sido permitir el voto de los 800.000 afiliados, independientemente de las cuotas de pago y de la inscripción. Sáenz de Santamaría también lo dejó caer, aunque de forma más sibilina.

El fin de semana del 21 y 22 de julio, el Partido Popular celebrará su Congreso extraordinario. Allí se jugará la segunda vuelta electoral, correspondiente a los compromisarios. De esa cumbre saldrán el nuevo líder y su dirección. Si la cifra de participación es miserable, el PP tendrá difícil "vender" este proceso como un avance democrático.