Juan Pich y Pon (Barcelona, 1878-París, 1937) era una especie de Jesús Gil de la Segunda República. Incluso en las imágenes se aprecia un cierto parecido físico. Pich y Pon fue un empresario hecho a sí mismo. Hizo fortuna con las concesiones eléctricas en Barcelona y acabó siendo una de las figuras políticas más relevantes de Cataluña tras los sucesos de 1934. Pich y Pon fue alcalde de Barcelona y Gobernador General de Cataluña, el cargo que creó el Gobierno de la República en sustitución de la presidencia de la Generalitat después de la detención de Lluís Companys y la suspensión del Estatuto. El caso del estraperlo, en el que se vio involucrado, acabó con su carrera política.

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La figura de Gobernador General se incluía en el artículo segundo de la ley de suspensión del Estatuto de autonomía de Cataluña, aprobada por las Cortes generales en enero de 1935: "(…) Asumirá todas las funciones que corresponden al Presidente de la Generalidad y a su Consejo Ejecutivo un Gobernador General que nombrará el Gobierno". El paralelismo con la situación actual en Cataluña vuelve a ser evidente. Si finalmente se aplica el artículo 155, el Gobierno asumirá casi con toda seguridad las funciones de la presidencia de la Generalitat. ¿Qué persona ejercerá esa autoridad?

La diferencia fundamental con respecto a 1934 es que el paquete de medidas del 155 no busca suspender el Estatuto de autonomía de Cataluña, sino precisamente salvaguardarlo. A pesar de que el Gobierno maneja diversas propuestas de 155 (duro o blando), la mayoría pasa por cesar al presidente de la Generalitat y sus consejeros para que otras personas ejerzan sus funciones dentro de los límites del Estatuto y la Constitución. No se le llamará Gobernador. Probablemente se acuñe un nuevo término. La decisión será traumática y muy difícil aplicar.

Así ocurrió en 1934. Después de la detención de Companys por proclamar el Estado catalán, el general Domingo Batet nombró al coronel Francisco Jiménez Arenas presidente accidental de la Generalidad. Un militar presidió Cataluña durante tres meses, hasta que las Cortes idearon la Gobernación General. Esta institución tampoco fue una solución duradera. Es cierto que la inestabilidad de la época hacía prácticamente imposible el ejercicio de cualquier mandato. Cataluña tuvo siete gobernadores generales en poco más de un año. El primero fue el liberal Manuel Portela Valladares y el último Juan Moles. El Gobernador que más tiempo duró en el cargo, seis meses, y el más recordado fue Pich y Pon, miembro del Partido Radical de Alejandro Lerroux. Sus continuos gazapos y meteduras de pata en los discursos dieron origen a las expresiones piquiponada o piquiponiana.

Juan Pich y Pon, en 1915. Wikicomons

Si el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, invoca el 155 debe tener algún nombre en mente para sustituir a Puigdemont. No es una elección sencilla. El mero hecho de ocupar esa responsabilidad aunque sea sólo por unos meses es prácticamente un punto y final a la carrera de cualquier político en activo.

1. Millo: la opción conservadora

La salida más lógica y conservadora sería la del delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo (Terrassa, 1960). Millo tiene pasado como diputado del nacionalismo moderado y ya ejerce como representante del Estado en esa comunidad.

El actual dirigente del PP fue delegado territorial del Departamento de Trabajo de la Generalitat en Gerona entre 1991 y 1995. Como miembro de Unió Democrática fue diputado autonómico de CiU entre 1995 y 2003. Después de no renovar como cabeza de lista por Gerona, pasó en 2004 a las filas del PP, en las que representaba la cara más amable y catalanista del partido conservador.

Pero Millo está muy señalado por la crisis de estos días y especialmente por las cargas policiales del 1-O. Él fue la persona que salió a primera hora de la mañana en rueda de prensa a justificar la intervención de la Policía y la Guardia Civil en los colegios electorales ante la inacción de los Mossos en la jornada del referéndum.

2. Saénz de Santamaría: la envergadura

El Gobierno dispone de soluciones alternativas. Una de ellas es que la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría asuma esas competencias como responsable de la Función Pública en todo el territorio. No es catalana, pero tampoco lo era en 1935 Portela Valladares, de origen gallego. La elección de la vicepresidenta sería la de mayor peso político.

Parte de Cataluña podría interpretarlo como un gesto demasiado humillante, porque sería colocar Cataluña baja la tutela de la mano derecha de Rajoy. Sáenz de Santamaría (Valladolid, 1971) ha liderado la búsqueda de una solución al desafío independentista catalán en el último año. Ella lanzó la operación diálogo, que naufragó, y eligió como interlocutor principal a Oriol Junqueras. La vicepresidenta también ha gestionado las respuestas del Gobierno a los diferentes escenarios que ha ido planteando la Generalitat en las últimas semanas.

Sáenz de Santamaría ha sido muy criticada dentro del Consejo de Ministros por la falta de un plan definido tras el fiasco del 1-O. El PSOE pidió su reprobación en el Congreso por las cargas policiales. La iniciativa fue posteriormente retirada.

3. Dolors Montserrat: la candidata de futuro

Rajoy tiene en su Consejo de Ministros a Dolors Montserrat, ministra de Sanidad. Es catalana, diputada nacional por Barcelona y su imagen no está asociada al grupo de Sáenz de Santamaría, que ha llevado el peso en la toma de decisiones durante la crisis. 

Montserrat (San Sadurní de Anoia, 1973) es una de las figuras emergentes del PP catalán. Su labor siempre ha estado vinculada al ámbito social y muchos la consideran una candidata de futuro. Es hija de la también ex diputada autonómica del PP en Cataluña Dolors Montserrat. Son homónimas de nombre y apellido. La losa de aceptar una 'regencia' de este tipo pesaría demasiado en su incipiente carrera política.

Montserrat ha dado la cara por el Gobierno en algunos programas de televisión. En mitad de la crisis, la ministra ha defendido en Bruselas la candidatura de Barcelona a albergar la Agencia Europea del Medicamento.

4. Jesús María Barrientos: la solución judicial

Otras opciones pasarían por elegir a algún técnico sin nombre político o un miembro de la judicatura. Uno de los gobernadores generales de Cataluña durante la República fue Eduardo Alonso, presidente de la Audiencia territorial.

Rajoy podría plantear el nombre de Jesús María Barrientos, actual presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Es una opción poco probable, especialmente por el aluvión de procesos judiciales contra miembros del actual Govern de la Generalitat que se van a dirimir en los próximos años.

Barrientos (León, 1958) ha dicho públicamente que vería positiva una reforma de la Constitución. El TSJ de Cataluña ha tenido un gran protagonismo en este último mes, especialmente en los juzgados que han investigado el referéndum y los preparativos del 1-O. La causa del juzgado de instrucción número 13 de Barcelona fue la que asestó el golpe más importante a este proceso con la detención de varios altos cargos, entre ellos el número dos de Junqueras, el pasado 20 de septiembre.

5. Celestino Corbacho: la improbable izquierda

Rajoy podría plantear el nombre de algún político inactivo vinculado a la izquierda. Es el caso del ex ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho. Al igual que en el caso de Barrientos, es una opción muy remota.

Corbacho (Badajoz, 1949) nació en Extremadura, pero está afincado en Cataluña desde su infancia. Además de ministro en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido alcalde de Hospitalet del Llobregat y presidente de la Diputación Provincial de Barcelona. Conoce de sobra la política catalana y ha sido diputado del PSC en el Parlament.

La solución de izquierdas tiene varios problemas. El primero es que Corbacho sigue militando en el PSC y no se entendería que aceptara la propuesta de un Gobierno del PP, por muy de acuerdo que los socialistas catalanes estén con el 155. Sería extraño que un Gobernador socialista acatase las órdenes de un Ejecutivo conservador en Madrid.

6. Duran i Lleida: la vía catalanista

Existiría una tercera vía, que sería la de colocar al frente de esta Generalitat provisional ejercida desde el 155 a un político del catalanismo moderado. El mensaje para determinados sectores de la antigua Convergéncia partidarios de abandonar el independentismo sería poderoso. Los nombres que encajan en este perfil son el de Miquel Roca, padre de la Constitución, y Josep Antoni Duran i Lleida.

Roca parece autodescartado. Se ha mantenido al margen de este proceso. Y su despacho está implicado en la salida del Banco Sabadell de Cataluña. Duran i Lleida, sin embargo, ha pasado de un discreto silencio sobre la crisis catalana a una sorprendente hiperactividad mediática. El ex líder de Unió y portavoz de CiU en el Congreso durante 20 años ha dicho y escrito que el 155 y la convocatoria de elecciones son la única salida para Cataluña.

Duran (Alcampell, 1952) es todavía la cara más reconocible y amable del nacionalismo catalán en el Congreso de los Diputados. Su perfil moderado goza de las simpatías de amplios sectores de PSOE y PP. Duran apoyó a Artur Mas en el inicio del desafío independentista, cuando el presidente de la Generalitat exigía un nuevo pacto fiscal para Cataluña. Duran se bajó del tren en marcha, rompiendo la histórica coalición con Convergéncia. CiU ha gobernado Cataluña durante casi 30 años.

La gestión de Pich y Pon

Nada vincula a Duran i Lleida, Montserrat o Sáenz de Santamaría con Pich y Pon, más allá de la oportunidad histórico-temporal. Pich y Pon pasó de ser un obrero prácticamente analfabeto a un respetado empresario del sector eléctrico. Ganó el concesión municipal para la conservación del alumbrado público de Barcelona y fundó varios periódicos. Miembro del Partido Radical desde su nacimiento, fue concejal y diputado provincial en Barcelona a principios del siglo XX.

De él se dijo que estuvo al servicio de los intereses empresariales de la ciudad y de los especuladores de suelo en particular. Pich y Pon fue un gobernante peculiar, que se hizo famoso por las constantes meteduras de pata en sus discursos. Ese tipo de gazapos que hoy en día se viralizan en las redes sociales. 

Una de sus principales aportaciones fue el proyecto de la Exposición de Industrias Eléctricas que acabó convirtiéndose en la Exposición Internacional de 1929, de la que fue comisario junto a Francesc Cambó. En la inauguración del evento, pronunció una de sus frases más célebres frente el rey Alfonso XIII: "Majestad, ante sus pies la ubre", en lugar de la urbe. 

Las 'piquiponadas'

A estos errores, que eran bastante habituales, se les bautizó como piquiponadas. La lista es extensa. A continuación algunos ejemplos:

-"Soy partidario del homosexualismo, es decir, que hombres y mujeres puedan amarse y dejarse cuando les parezca bien".

-En una visita al Parque de la Ciutadella en la que se sugirió comprar góndolas respondió: "Sí, pero no una, sino dos: un macho y una hembra. ¡Que críen, que críen!".

-"Para mí, el tirano más famoso fue el Tirano de Bergerac".

El escándalo del estraperlo forzó su dimisión como Gobernador y acabó con su carrera. Pich y Pon fue uno de los políticos que se embolsó jugosas comisiones por introducir en España el juego de ruleta de la marca Straperlo. Se exilió a Francia al comenzar la Guerra Civil. Murió en París en 1937.