Presiones a técnicos para amañar contratos, reparto del “pastel” entre empresas durante años, mordidas para “pasar el verano” o como particular regalo de Reyes… El sangrado de las arcas municipales en el Ayuntamiento de Rita Barberá a manos de la que fue su concejala de Cultura, María José Alcón, y del autodenominado ‘yonqui del dinero’, Marcos Benavent, era algo que no habría pasado desapercibido para el Partido Popular. Así lo estima la UCO que, en un informe elaborado en enero de este año –una semana antes de la macrooperación Taula-, señala la existencia de un hecho “que sería significativo” porque “dejaría constancia de que a nivel de Partido Popular, posiblemente no solo tenían constancia de irregularidades en lo referente a la contratación pública, sino que presuntamente incluso obtendrían beneficio de ello”.

Este hecho es la grabación en la que Benavent le da a Alcón 20.000 euros de una supuesta mordida por una adjudicación de 1,4 millones de euros a la empresa Cleop. “Te he dejado ahí 10.000. He dejado 5.000 para el partido porque Alfonso (los investigadores señalan al expresidente de la diputación y del PP en Valencia, Alfonso Rus)… viene así. Y yo me he quedado 5.000. 10.000 tienes ahí”, le dice. Para la UCO también es “destacable” que la exconcejala ni se inmute ante esta forma de proceder, según consta en uno de los informes incorporados al sumario de la última pieza levantada en el caso Taula y al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL.

El chiringuito montado entre políticos y empresarios en el Ayuntamiento de Valencia habría dejado un prejuicio económico que el juez de Instrucción 18, Víctor Gómez, ha estimado en entre 10 y 20 millones de euros, tal y como ha avanzado El Mundo. “Es difícil evaluar en este momento el prejuicio económico derivado de las ganancias que se hayan podido generar con la actividad ilícita de los investigados, pero este instructor, atendiendo al número y entidad de los hechos estima ese valor entre 10 y 20 millones de euros”, dice en el auto. El magistrado apunta que hasta esa fecha los investigadores conocen “muy poco” de la transformación y destino del dinero obtenido en la trama.

EL ‘MODUS OPERANDI’ Y EL “SOBRINÍSIMO”

- Alcón: ¿De aquí sacaremos alguna cosilla? ¿No? ¿De todos estos?

- Benavent: De todo.

- Alcón: De todos sacaremos algo, para pasar el verano, Marcos.

- Benavent: De Begamir, de Quique (Chulilla) y del otro.

- Alcón: Y del otro Quique también eh, del sobrinísimo (habla de Enrique Sospedra, sobrino de Barberá).

- Benavent: Sí, sí, sí, por eso te digo, que no hay ningún problema (no se entiende).

- Alcón: Bueno, yo confío en ti y así por lo menos para tomarme unas cervezas este verano…

Esta conversación grabada en julio de 2006 es para la UCO la que resume “de forma clara” los fines que perseguían los dos investigados. Son ellos los que se citan como quienes se habrían enriquecido personalmente con la trama. En este nuevo informe elaborado el pasado mes de junio, los investigadores de la Guardia Civil creen, por la conversación, que el sobrino de Barberá “habría sido una de las personas favorecidas por la adjudicación de contratos de forma fraudulenta”. Sin embargo, señalan que el supuesto trato de favor no queda reflejado en los expedientes de las contrataciones como sí sucede con el resto de adjudicaciones cuyos documentos corroboran lo dicho en las grabaciones. Alcón dijo en su declaración policial que nunca hizo nada por él. Benavent afirmó por su parte que Sospedra “nunca” le dio ninguna comisión. De hecho, no está como investigado en Taula

Pese a ello, la UCO sostiene que este supuesto trato de favor “guardaría relación” con una llamada intervenida entre Alcón y Alfonso Grau en mayo de 2015 en la que ambos se quejan de la exalcaldesa por haber apartado a la que era su concejal. “Ella sabe que te ha metido a su sobrino hasta en las narices”, le llega a decir Grau.

ASÍ SE AMAÑA UN CONTRATO

La Guardia Civil destaca una de las adjudicaciones como modelo de actuación de Benavent y Alcón. Los investigadores ven en Benavent la persona encargada de entablar el contacto con los empresarios articulando el procedimiento a seguir para que, “al menos sus pretensiones y las de Alcón se viesen colmadas”. Así, el ‘yonqui del dinero’ ejercería de recaudador e intermediario con el Ayuntamiento de Valencia y Alcón, por su condición de concejala de Cultura sería quien ejerciera la influencia y presión necesarias sobre sus subordinados para que amañaran el expediente de adjudicación de forma que ganase la empresa que ambos previamente habían elegido. En unos casos, sería la oferta más económica presentada. En otros (cuando no era la más barata) se buscaban otros elementos para inflar la puntuación y decantar la balanza, aunque el factor a valorar fuese “una chorrada”.

Así pasó con uno de los primeros contratos, el de la restauración de las Torres de Quart adjudicada a Cleop por 1,4 millones. Alcón nombra a cinco jurados que deben decidir la adjudicación de entre personas de su confianza. No quería dar el contrato a una empresa que era económica y técnicamente mejor así que instó a que se diera 100 puntos extra a la firma que presentara un plazo de garantía mayor. Algo que para ella era “una chorrada”, pero que fue el motivo por el que se adjudicó a Cleop.

En una de las grabaciones, Benavent habla de los 20.000 euros de la mordida -que el empresario niega- y cita a la empresa como “una que está en el partido, financiándonos”. También indica que es algo que era un “compromiso desde arriba”  y que no ha podido sacar más porcentaje. Lo habitual era pedir una mordida de entre un 2 y un 3%, pero el porcentaje podía incrementarse si luego había reformados en el contrato.

“Las Torres, mira, pam-pam (…) No pueden más. Ahora, eso sí, a los tres días de estar adjudicado, el dinero de por medio. Y eso siempre es bueno”, dice Benavent. 

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