Sevilla

A quienes no conocen la Semana Santa de Sevilla les puede chocar la figura de los Armaos. Caminan tras el paso del Señor de la Sentencia, el misterio de la hermandad de la Macarena, en la Madrugada del Viernes Santo. Como si de una centuria del ejército de la Antigua Roma se tratara, van ataviados con casco de plumas, coraza, escudo y armas.

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Según su capitán, Fernando Vaz Calderón, este centenar de soldados tiene una labor fundamental. Anuncian la llegada de la Macarena, y la tarde antes del desfile visitan a los enfermos en los hospitales para llevarles estampitas de la Esperanza. Pero este año el coronavirus les ha impedido hacer las dos cosas.

Como si de un ejército se tratara, incluida una banda de cornetas y tambores, pero con ropaje adaptado al costumbrismo sevillano, la tradición nació a mediados del siglo XVII. Su vocación era la unión con el barrio y dar más realce al paso del misterio en el que se le da lectura a Cristo de su sentencia final en presencia de Pilatos. El primer documento de su fundación data de 1650 y desde entonces ha pasado por distintas etapas.

'Armaos' de la centuria de la hermandad de la Macarena. Alejandro Cantón Cedida Sevilla

Desde 1897

Desde 1897 ha salido ininterrumpidamente, con la excepción de 1933 en plena II República y este año por el coronavirus, motivo que ha obligado a la suspensión de la Semana Santa.

Algunos de los soldados actuales llevan casi 40 años saliendo y hay lista de espera  para poder formar parte de esta centuria. Según sus reglas, entre los requisitos está la actitud activa y la integración en los fines sociales de la hermandad y los años que lleven en esa lista.

Desde su fundación hasta finales del siglo XIX, su comportamiento díscolo y una visión poco acorde con los academicismos de la época propiciaron que algunos años se quedaran en casa e incluso llegaran a desaparecer. Como lo pudo haber hecho la propia hermandad de la Macarena, identificada fielmente con su barroquismo y en actitud rebelde frente a todos los postulados de la Ilustración.

Una aportación económica importante para su futuro la hizo el torero Joselito El Gallo en 1914, hermano y muy apegado a la hermandad. Además, le regaló a la Virgen las famosas cinco mariquillas, las flores verdes de cristal de roca francés que luce en su pecho. La vistieron de luto cuando un toro lo mató en Talavera en 1920. De hecho, la hermandad está inmersa en la programación de actos por el centenario de su muerte.

Todo el año

Hoy día, el papel de los Armaos no es solo de acompañamiento al paso del Jesús de la Sentencia, sino que durante el año su trabajo en la formación de cultos y en los fines sociales de la hermandad es continuo. Se reúnen todos los lunes de primero de mes y su asistencia es fundamental para salir la Madrugada del Viernes Santo.

La jornada comienza muy temprano colocándose esas armaduras que pesan unos 18 kilos. A las 8.00 horas empiezan las guardias de honor a los pasos en la Basílica el Jueves Santo, formadas por una docena de soldados y un cabo, que se van turnando cada media hora.

Ya por la tarde, realizan un recorrido por Sevilla visitando templos como el de Los Gitanos, el del Gran Poder y el Convento de Santa Ángela de la Cruz, llamando la atención de todo aquel que se los cruza. Y cumplen con otra labor fundamental: la visita a los enfermos en los hospitales

Un precipicio

“Te asomas a un precipicio. Es un día grande en la ciudad, está preciosa, y de repente te encuentras con esa realidad. El cambio es tremendo, pero sales muy reconfortado porque sabes que les has dado esperanza y los enfermos te lo agradecen mucho”, afirma Fernando Vaz.

El capitán de los 'Armaos', Fernando Vaz Calderón. Alejandro Cantón Cedida Sevilla

Este recorrido y la visita a los hospitales lo hacen siempre desde hace casi 20 años, independientemente de las inclemencias del tiempo, pero este año el decreto del estado de alarma por el coronavirus se ha llevado por delante estas ilusiones y las de todo el arte sacro. Tras este periplo, a las 23.30 horas tiene que estar en la Basílica porque media hora después la Cruz de Guía pisa la calle y comienza la estación de penitencia hasta al día siguiente sobre las 14.00 horas.

“Este Jueves y Viernes Santo los hemos vivido con mucha resignación pero con mucha fe. Es el momento de saber aceptar los designios de Dios en base a nuestras creencias y de mirar al futuro con mucha esperanza. Será su voluntad que lleguen años esplendorosos”, concluye Fernando Vaz. Lleva más de 25 años formando parte de esta centuria, más de 25 años desfilando por la esperanza del Señor tras esa injusta condena. Una esperanza que hoy es más necesaria que nunca.

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