En un pequeño trozo de césped, en medio del paseo de la Castellana, hay una tienda de campaña, una bandera de España clavada en el suelo, decenas de carteles y un exmilitar que desde hace 50 días duerme al raso frente al Ministerio de Defensa. 

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La idea inicial del exsoldado Agustín Fariña era iniciar una huelga de hambre con el fin de reclamar "una pensión digna" que las Fuerzas Armadas no le reconocen pese a su discapacidad. "Los primeros 40 días estuve sin comer", explica a EL ESPAÑOL. Hace semana y media tuvo que parar, aunque sigue acampado en ese mismo lugar. 

Lo que exige el exsoldado, de origen tinerfeño, es que se le equipare el nivel de discapacidad que le concedió la Generalitat de Cataluña, del 53%, según consta en uno de los informes periciales aportados por su abogada, con el del 25 % que le otorgaron las Fuerzas Armadas cuando se decretó hace casi tres años su expulsión del Ejército. Ello le permitiría acceder a una pensión con la que podría superar la situación límite en la que dice que se encuentra.

Fariña tiene 46 años, en septiembre cumple 47 y pasó a formar parte de las Fuerzas Armadas en el 2000. Apenas contaba con 26 en aquel entonces. Ahora atiende a EL ESPAÑOL en la tarde calurosa de Madrid y dice que está siendo injustamente tratado por la administración militar. Explica que le reconocen un grado mucho menor de discapacidad del que contempla la vía civil. 

Recurso de su abogada

Fue el pasado 23 de octubre cuando el exsoldado, a través de su abogada, Rut Gutiérrez, presentó un escrito dirigido al Ministerio de Defensa en el cual solicitaba que se le fuera concedida pensión de retiro teniendo en cuenta sus años de vinculación a las Fuerzas Armadas, así como el contenido de la resolución de su compromiso con las mismas. En ella se acordaba concederle un porcentaje de discapacidad del 25%.

En respuesta a la solicitud de Fariña, Defensa le denegó la pensión que exigía argumentando que no se encuentra en el supuesto incluido en la ley que regula las pensiones e indemnizaciones del régimen de clases pasivas del Estado a los militares de complemento y a los militares profesionales de tropa y marinería. 

Agustín Fariña, en la tienda de campaña ante el ministerio. Jorge Barreno

En su recurso de alzada, la abogada del exsoldado argumenta que la resolución de Defensa "no se ajusta a derecho", en primer lugar, porque no estaría especificada la causa por la que su caso no se le considera incluido entre esos supuestos. 

El recurrente sí se encuentra incluido dentro del ámbito de aplicación - reza el escrito enviado a la ministra-, dado que las patologías que dan lugar a la resolución de su compromiso han acontecido entre el período comprendido entre la adquisición de la condición de militar y dicha resolución de compromiso"..

Su baja en el Ejército, prosigue ese texto, "vino motivada por circunstancias médicas que se manifestaron clínicamente en mayo de 2015, y, por tanto, con posterioridad a su ingreso en el servicio. Es más, consta a esa administración por obrar en el expediente personal del recurrente, así como en los procedimientos administrativos y judiciales incoados en relación a la pérdida de condición de militar, que la circunstancia desencadenante de dicha pérdida tuvo lugar durante la vigencia de la prestación de servicio, incluso así se reconoce en los dictámenes e informes de la Junta Médico Pericial".

El origen de los hechos

En octubre de 2019, a Agustín Fariña el Tribunal Militar Territorial Quinto le juzgó dos veces por los delitos de denuncia falsa e insulto contra sus antiguos superiores en la Unidad del Cuartel General del Mando de Canarias. Le pedían dos años de cárcel por el primero de esos delitos y uno más por el segundo.

No fue hasta el año 2014 cuando comenzaron sus problemas. "Fue en las pruebas físicas anuales. Llevaba casi 15 años en el Ejército, siempre en Tenerife. En la carrera de fondo, 6 kilómetros campo a través".

Agustín se lesionó la rodilla en esa prueba y después de la baja, no muy prolongada, regresó a su puesto con la condición de que realizase tareas que no requiriesen demasiado esfuerzo físico. Dice el exmilitar que fue a raíz de aquella situación, cuando sus jefes vieron que no podía desempeñar las mismas tareas que el resto, cuando comenzaron a acosarle. 

Fariña terminó denunciando a quienes presuntamente le estaban acosando porque le acusaban de robar, le exigían que se hiciera test de drogas e incluso le habrían instado a que se fuera de nuevo de baja. El juez pidió a los denunciados los antecedentes médicos del entonces soldado. La justicia militar acabó archivando su caso y, en contrapartida, investigándole a él por haber interpuesto una denuncia falsa contra sus superiores. 

Fariña ha colocado carteles de protesta en torno a la tienda de campaña. Jorge Barreno

Hace dos años la justicia le absolvió. En la sentencia, el tribunal refrendaba que los hechos que Fariña denunciaba eran verdad y que no había incurrido en ninguna denuncia falsa. Para cuando había ganado ambos casos, en 2019, ya no estaba en las filas del Ejército. Su expulsión se produjo el año anterior, en septiembre del 2018, aduciendo la pérdida de condiciones psicofísicas.

El historial médico

Fariña ha intentado suicidarse en varias ocasiones. Estuvo ingresado en diversas ocasiones en centros psiquiátricos, tal y como figura en su historial, que ha podido consultar EL ESPAÑOL, y permanece de baja desde 2015. 

En 2016, un médico psiquiatra del Hospital de Santa Cruz de Tenerife realizó varios informes clínico-periciales en los que describía la situación en la que se encontraba el soldado Fariña, argumentando en ellos que "su evolución ha empeorado". Describía el galeno "vivencias depresivas" y un "componente fóbico" que le impedían reincorporarse al servicio.

El psiquiatra lo atribuía en sus informes a que todo era producto "de un Trastorno de Estrés postraumático secundario al acoso en su trabajo", y recomendaba por ello que se declarase "su invalidez para el desarrollo profesional.

La sentencia, sin embargo, desligaba el acoso de la situación psiquiátrica de Fariña recurriendo al siguiente argumento. Lo contaba hace dos años el diario El País: "En ningún caso el comportamiento, incluso el delictivo, pueda dar lugar a calificar una enfermedad como adquirida en acto de servicio, porque si hay algo totalmente ajeno a los deberes de un militar son las conductas de acoso moral".

Es la segunda vez que inicia una huelga indefinida tras la que acometió el año pasado a las puertas del Congreso de los Diputados. Mientras, espera a que la ministra responda al último recurso de su abogada. 

"En abril, en los días en que llovió me empapé de agua durmiendo aquí al raso", dice Fariña, mientras bebe de una botella de Aquarius. En las últimas jornadas, preocupados por él, los vecinos del barrio han comenzado a llevarle comida bebida para sobrellevar los días ante las puertas del ministerio. El exmilitar recibe además el apoyo de distintos colectivos, entre ellos la Asociación de Militares y Reservistas de Especial Disponibilidad (Amred45+). Sigue luciendo la camisa y pantalones caqui tradicionales del Ejército, así como las botas.

Entre los enseres que posee en el improvisado campamento, el tinerfeño, que formó parte durante 18 años del Ejército de Tierra, tiene una silla que le han donado vecinos del barrio, su ropa reglamentaria y un colchón hinchable dentro de la tienda en la que pernocta desde hace mes y medio. También un altavoz. Cargado con él, cruza dos veces al día el paso de peatones hasta las puertas del ministerio para manifestarse debido a su situación.