M.A. Ruiz Coll Brais Cedeira

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) diseñó, en estrecha colaboración con los servicios secretos argelinos, todos los detalles de la operación para trasladar a un hospital de Logroño al secretario general del Frente Polisario, Brahim Ghali, cuya presencia en España ha provocado una grave crisis diplomática con Marruecos.

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La clave de la operación era ocultar la identidad de Ghali, que viajó con un pasaporte diplomático falso emitido por las autoridades argelinas a nombre de Mohamed Ben Batouch, para evitar que su presencia en España fuera descubierta por el régimen de Rabat, que acusa al líder saharaui de "crímenes de guerra y graves violaciones de los derechos humanos".

Sin embargo, agentes de los servicios secretos marroquíes desplegados en Argelia tuvieron conocimiento de los planes para traer a España a Ghali, antes incluso de que éste subiera a bordo de un avión militar medicalizado en Argel, que le trasladó hasta la base militar de Zaragoza el pasado 18 de abril.

La extensa red de espionaje de la monarquía alauita descubrió estos hechos en Argelia. Fuentes de inteligencia conocedoras de los hechos han revelado también a EL ESPAÑOL que los servicios secretos de Marruecos supieron que Brahim Gali estaba enfermo y que buscaba un lugar en el que ser tratado en Europa. Esa información estaba en su poder antes de su aterrizaje en España.

A partir de este momento, se intensificaron los desafíos del régimen de Mohamed VI contra el Gobierno de Pedro Sánchez: desde la enérgica protesta emitida el pasado 8 de mayo por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos, hasta la avalancha migratoria iniciada el pasado lunes para colapsar la ciudad autónoma de Ceuta con miles de inmigrantes, entre ellos más de 3.500 niños.

Las fuentes consultadas por EL ESPAÑOL señalan que agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) destinados a la Embajada de España en Argelia diseñaron junto a los servicios secretos argelinos el operativo, una vez el Gobierno de Pedro Sánchez tomó la decisión política de traer a España al líder del Frente Polisario.

El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, advirtió en el Consejo de Ministros del riesgo de provocar un enfrentamiento diplomático con Marruecos, cuya cooperación es fundamental para contener los problemas migratorios en Canarias, Ceuta y Melilla. Sin embargo, el presidente Pedro Sánchez acabó respaldando la posición de la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, favorable a los intereses saharaius.

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También expresó sus recelos la titular de Defensa, Margarita Robles. Su rechazo al traslado de Gali fue "claro". Robles era consciente también de que esa decisión, sin comunicársela además a Marruecos, podría acarrear consecuencias imprevisibles. 

Es precisamente esa forma de operar la que ha molestado en Marruecos, según las fuentes consultadas. Han sido las formas -de tapadillo, la identidad falsa, por la puerta de atrás, sin comunicarles nada- más que el propio traslado en sí lo que realmente ha enervado a Rabat.  

Advertencias previas

Las fuentes de inteligencias recalcan también cómo todo cambió desde la decisión que Donald Trump tomó a principios del pasado mes de diciembre, cuando reconoció públicamente la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. 

Marruecos considera el Sáhara Occidental una cuestión de Estado. Una materia intocable. Desde entonces está imponiendo una política de reconocimiento de su soberanía en el exterior. En un año ha conseguido el reconocimiento de 20 países que han instalado consulados en El Aaiún o Dajla, ciudades del Sáhara Occidental. Los servicios consultados en la inteligencia española inciden en que la decisión de Trump les dio alas para mirar a Europa y exigir también esa misma reacción por su parte. 

Tras ese gesto sin precedentes, los informes de los servicios de inteligencia sobre esta materia comenzaron a redundar en la precaución con la que había que tratar el asunto del Frente Polisario. En esos análisis que terminan en los despachos de la Moncloa, de Defensa, de Interior, se advertía con claridad que esa cuestión resultaba de máxima prioridad para Marruecos, un tema ineludible sobre el cual los gestos y las declaraciones públicas debían medirse con extrema cautela. 

Durante los últimos meses esos informes redundaban en el malestar marroquí, entre ellos alguno que incidía en el enfado de Rabat tras las declaraciones del exvicepresidente Pablo Iglesias, quien el pasado 18 de noviembre reclamó la celebración de un referéndum de independencia en el Sáhara.

Inmigrantes sentados en la playa de El Tarajal, de Ceuta, ante un soldado español.

Pese a lo arriesgado de la maniobra diplomática, el gobierno dio el visto bueno a que se efectuase el traslado. Las fuentes consultadas inciden en que una decisión de esas dimensiones no pudo haber sido efectuada únicamente por la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, que es quien está recibiendo todas las críticas una vez que la crisis migratoria se ha cernido sobre Ceuta. Esas mismas fuentes estiman que la decisión se habría tomado con el visto bueno de Moncloa.

El operativo

Una vez el Gobierno acordó, de forma colegiada, traer a España a Brahim Ghali para que sea atendido de un cáncer pulmonar y de Covid en el hospital San Pedro de Logroño, Robles acató la decisión y dio el visto bueno para que el CNI pusiera en marcha el operativo en coordinación con los servicios secretos argelinos.

Las fuentes consultadas por este diario dan por hecho que todo ello se hizo con el conocimiento del embajador de España en Argelia, Fernando Morán Calvo-Sotelo, designado para este cargo en septiembre de 2018 por el Gobierno de Pedro Sánchez.

Hijo de Fernando Morán (ministro socialista de Asuntos Exteriores en el Gobierno de Felipe González) y sobrino del ex presidente del Gobierno por la UCD Leopoldo Calvo Sotelo, este diplomático está considerado como un hombre próximo al PSOE y buen conocedor de la realidad de los países árabes.

Desde que ingresó en la carrera diplomática en 1981, ha ocupado entre otros destinos el número 2 en las Embajadas de España en Marruecos y Tel Aviv y ha sido embajador en Senegal, Costa de Marfil y la República del Congo.

"Avión de Estado"

La operación para traer a Brahim Ghali a España debía salvar todavía un último obstáculo: su llegada a la base de Zaragoza en un avión medicalizado, dotado con documentos de identidad falsos, sin que estos fueran detectados en ningún control fronterizo.

Los inmigrantes en el espigón de El Tarajal, en Ceuta.

El Estado Mayor del Aire se encargaría de comunicar a la base de Zaragoza el plan de vuelo de la aeronave en la que viajaba Brahim Ghali: la clasificación de este vuelo con un tratamiento de "avión de Estado" equiparable al que recibe el Falcon del presidente Pedro Sánchez cuando viaja al extranjero permitió que el líder del Frente Polisario desembarcara eludiendo todos los controles fronterizos.

Desde allí fue trasladado con protección policial hasta el hospital San Pedro de Logroño, donde ha sido intervenido y ha permanecido ingresado en la UCI durante varios días, como ha informado EL ESPAÑOL.

Las fuentes consultadas por este diario comparan esta operación con la puesta en marcha por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) para traer a España en 2019 al exjefe de los servicios secretos de Venezuela, Hugo Carvajal. Para el CNI era especialmente valiosa la información que Carvajal pudiera aportar sobre el régimen de Nicolás Maduro y sobre la situación de los terroristas de ETA que permanecen ocultos en ese país.

Cuando todavía permanecía bajo la protección del CNI, Carvajal huyó de España pocas horas antes de que le notificaran la decisión de la Audiencia Nacional de entregarle a la Justicia de Estados Unidos, atendiendo el requerimiento de la Corte Federal del Distrito Sur de Florida que le reclama por organización criminal y delitos vinculados con el narcotráfico.

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