Sonia Moreno Alberto D. Prieto

En medio de una profunda crisis de España con Marruecos, el Gobierno de Estados Unidos no ha tenido reparos en dar alas a Rabat por su política exterior, mencionando concretamente el papel de Marruecos para fomentar la estabilidad en Oriente Medio.

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Esta postura supone un nuevo capítulo dentro del reciente apoyo de EEUU a Mohamed VI, que tuvo su momento culmen en el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental en los últimos días de Donald Trump como presidente. A cambio de ese respaldo, Marruecos debía establecer relaciones diplomáticas con Israel.

Meses más tarde Joe Biden, ya presidente, decidió no revocar este reconocimiento, aunque no fue hasta abril cuando se reiniciaron los contactos entre ambos países.

Ahora, el amparo le ha llegado por parte del secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, en una llamada telefónica con sus homólogo marroquí para abordar el conflicto palestino-israelí.

Ned Price, portavoz del Departamento de Estado, indicó en un comunicado que, durante su conversación con el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, el jefe de la diplomacia estadounidense subrayó "el papel clave de Marruecos para promover la estabilidad en la región". Blinken hizo hincapié, además, en "la importancia de la fuerte colaboración bilateral".

Esta serie de movimientos dan fuerza y envalentonan la postura de Marruecos en su política exterior en un momento crucial en su trato con España.

En este sentido se ha pronunciado precisamente el diputado del PNV Aitor Esteban en declaraciones a RNE, al asegurar que "Marruecos se siente fuerte con parte del apoyo que tuvo de la Administración americana con respeto al Sáhara y sus relaciones con Israel".

Para Esteban no existe "una solución sencilla"."Estados Unidos es clave en todo esto y si son aliados europeos deberían entender que hay asuntos que no son de recibo. Marruecos no es un país democrático", ha asegurado.

Para el portavoz del PNV, la crisis actual se veía venir: "Ha ejemplificado la debilidad de las posiciones españolas. Marruecos suele tener la capacidad de forzar la posición y se sienten fuertes. Es necesaria una respuesta europea".

Presión en aumento

Las costas andaluzas ya han registrado estos días un aumento de llegadas de migrantes en embarcaciones precarias. Pero fuentes de Inteligencia apuntan a EL ESPAÑOL que esa frecuencia se incrementará, así como que la mira está puesta "también en Melilla".

La estrategia de presión de Marruecos echando mano de la inmigración no ha acabado. Las fuentes consultadas aseguran que en los próximos días aumentará el número de pateras en El Estrecho y también los saltos de la valla en las dos ciudades autónomas españolas.

El Gobierno español ya trabajaba con la hipótesis de una nueva oleada de cayucos en Canarias, pero las fuentes consultadas alertan no tanto de la "ruta canaria", como de enclaves próximos al Estrecho de Gibraltar.

"Los cayucos no los van a dirigir hacia Canarias. Al contrario, hacia la Península" explican. La mirada se ha alejado estos días de El Estrecho con la entrada masiva en Ceuta. Sin embargo, inmigrantes subsaharianos se han desplazado desde localidades del sur hasta la costa norte. Se calcula que alrededor de 3.000 estarían dispuestos a salir camino de Europa.

En el Campo de Gibraltar ya se nota el incremento de migrantes que están llegando desde Marruecos en los últimos días. El Centro de Atención Temporal de Emigrantes de San Roque atiende a 200 personas. Los últimos en llegar son nueve marroquíes rescatados a bordo de una embarcación semirrígida en un playa de San Fernando.

Pero a la estrategia inicial de presión marroquí se ha añadido la indignación con que las autoridades del país magrebí han recibido la visita de Pedro Sánchez, este martes, a Ceuta y Melilla. 

Sánchez anuló un viaje a Francia para visitar de urgencia las ciudades autónomas españolas afectadas. La crisis sin precedentes que vive Ceuta desde la madrugada del lunes, con la entrada de 8.000 personas migrantes, ha llevado al presidente español a dar ese paso. En menor medida, Melilla registró el martes una entrada de 85 personas originarias del África subsahariana. Un nuevo intento, ya durante la madrugada fue frustrado por agentes marroquíes y españoles.

"Firmeza" y "orden"

Es una postura firme y clara de España, que planta cara a la repentina relajación del control migratorio en la costa marroquí. Precisamente, en la rueda de prensa en la Moncloa, Sánchez prometió "firmeza" y "restablecer el orden".

En su comparecencia, señaló que la crisis también es grave para Europa. Efectivamente, Ceuta es la frontera sur europea. De hecho, Marruecos no solo presiona a España para conseguir el reconocimiento de su soberanía sobre el territorio del Sáhara Occidental, sino que lo pretende hacer sobre la UE.

Rabat pretende de Europa un gesto como el de Donald Trump del pasado 10 de diciembre, por el que reconoció el Sáhara marroquí.

Fue poner un pie del presidente español en las ciudades autónomas, y Marruecos llamó a consultas a su embajadora en Madrid, Karima Benyaich. Los motivos son la acogida de Brahim Ghali en España y el gesto de la visita del presidente Sánchez, según fuentes diplomáticas marroquíes citadas por el digital Le 360.

Ha sido una citación de una velocidad inusual, porque está prevista para hoy mismo en el Ministerio de Exteriores de Rabat. Rabat también llamó el martes a consulta urgente a su embajadora en Berlín, Zohour Alaoui, en protesta porque Alemania "ha multiplicado los actos hostiles y las acciones atentatorias contra los intereses superiores (unidad territorial)" de Marruecos, según un comunicado del Ministerio de Exteriores marroquí.

Lo cierto es que el viaje de Sánchez a Ceuta y Melilla no es del agrado de Rabat. El Ejecutivo magrebí considera a ambas ciudades "ocupadas", y siempre le ha ofendido que un representante del Gobierno en activo -distinto es la oposición- o miembro de la Casa Real, las pise.

Desde Marruecos, recuerdan estos días la crisis de la isla Perejil, que se extendió en el tiempo. Vino precedida de una escalada de tensión en la relación diplomática entre España y Marruecos desde la llegada al trono del rey Mohamed VI, en julio de 1999. Supuso la retirada de su embajador en España en octubre de 2001, un gesto diplomático nada amistoso. 

Rspuesta medida

El Gobierno de España, por su parte, advierte a Marruecos de que si "con esta acción unilateral y deliberada" tiene la intención de "cambiar el estatus de Ceuta y de Melilla", la respuesta seguirá siendo "firme y contundente", como ha sido desde la misma tarde noche del lunes.  

La terminología elegida por el presidente del Gobierno en su declaración institucional este martes, justo antes de subirse a un helicóptero para pisar personalmente la ciudad de Ceuta, fue deliberadamente el paso previo al lenguaje belicista, en respuesta "proporcionada" al "desafío inaceptable de Marruecos", a quien desde el Ejecutivo se acusa de "mantener en los últimos tiempos una dinámica unilateral que no es la adecuada" y que ha derivado "en un chantaje".

Así lo reconocen fuentes del Gobierno y del PSOE, implicadas directamente en la "grave crisis provocada por Marruecos". En la escalinata de Moncloa, y solo ante las cámaras, Sanchez dijo: "La integridad de Ceuta como parte de nuestra nación, su seguridad y la tranquilidad de nuestros compatriotas y residentes allí están garantizadas por la acción del Gobierno de España, cualesquieran que sean las condiciones necesarias para ello y con todos los medios disponibles para ello".

Para Moncloa esto ya no es una crisis migratoria, "ni siquiera una crisis diplomática", según apuntan fuentes oficiales a este diario, que añaden que "habrá una respuesta concreta y adecuada a esta acción unilateral". Y es que Madrid considera que Rabat "ha faltado el respeto a las fronteras e incumplido los acuerdos" entre los dos países.

Esos acuerdos, "firmados desde hace años", también son los invocados por Sánchez para obligar a Marruecos a recibir a los "más de 8.000 personas que han entrado irregularmente en España".

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