"Yo no voy a ir contra nadie. Voy a desenmascarar a todos". José Manuel Villarejo, recién salido de prisión, tenía ganas de hablar. Quizá por eso el viejo comisario, a punto de cumplir 70 años, dedicó 15 minutos para dar respuestas a la prensa que se congregaba a las puertas de la Audiencia Nacional. 

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Era la primera vez que Villarejo acudía por su propio pie a declarar por alguna de las 30 piezas que hay abiertas en el marco del caso Tándem. Llegó con su abogado, sujetando un cuaderno de color verde y salió dos horas y media después para acercarse a los periodistas.

"Ese era mi ordenador", dijo, exhibiendo el cuaderno a las cámaras. "Y aún así creo que me he puesto nervioso a más de uno. Y yo no lo pretendo. Yo solamente quiero defenderme. Quiero recuperar a mi familia y quiero colaborar con la justicia, como he hecho toda la vida". Ahí aprovechó para defenderse: "Casi todos mis trabajos eran condicionados por interés público".

"Nunca tuve despacho", dijo. Nunca fue "un policía normal". Para Villarejo, que se marchó por su propio pie, acompañado de su abogado, "hoy empieza el kilómetro cero". Dice que, de algún modo, tiene intención de tirar de la manta de uno de los mayores casos de corrupción política que se han vivido en España en los últimos años.

Se ha puesto de nuevo a la absoluta disposición de "su señoría" para proporcionarle cuanta información desee. Para hablar de lo que sea preciso. Para cantar todo lo que se pida de él. Para contarlo todo. Incluso para declarar hasta "por 100 piezas" distintas, porque "30 -las que hay abiertas por sus actividades- son muy pocas"

Un largo abrigo azul, un traje del mismo color, la boina negra, el parche en el ojo y quince minutos ante decenas de cámaras. Todo lo que necesitó para atrapar la atención de cuantos acudieron a escucharle tras declarar esta mañana en la Audiencia Nacional.

"No ha sido muy habilidoso"

Dice también que va a solicitar "absolutamente copia de todo lo que me incautaron, que sorprendentemente solamente sale el 10 por ciento". 

Desde que se inició la investigación de la macrocausa que se desarrolla en torno a las presuntas irregularidades en su actividad profesional, y por la que fue detenido el 3 de noviembre de 2017, nunca había hablado tan largo y tendido ante las cámaras. 

No quiso marcharse sin terminar de repartir a diestro y siniestro. "Quiero recuperar a mi hija, que la dejé con 9 años y ya tiene 13". "Un quebranto", denunció. "Nos lo han saqueado todo como Roma, nos han destruido, nos han aniquilado, nos han robado".

No perdió momento de referirse a las causas abiertas contra el rey emérito Juan Carlos I. En referencia al que considera su archienemigo, el exdirector del CNI, Félix Sanz Roldán, le ha definido como el "Lord Protector" de la Corona. "No ha sido muy habilidoso a la hora de proteger a su señor".

A Sanz Roldán, a quien le agradece irónicamente el tiempo que a su juicio le ha hecho pasar en prisión, también le acusa de tratar de encapsularle en colaboración con la Fiscalía y con Podemos.

A Villarejo principalmente lo que no le gusta es que le llamen excomisario. Por eso cuando se lo afea a la prensa, saca de su bolsillo su carné. Y lo enseña y pide que la gente se fije. "Lo que dije ayer, no sé si pueden mirar lo que pone aquí". ¿Comisario jubilado?. No, no: comisario.