Brais Cedeira Carlos Frías

A primera hora de la tarde, en las calles que desembocan en la Puerta del Sol, los efectivos de la Policía Nacional ya cacheaban a todo aquel que accedía a la plaza para participar en la manifestación tras el encarcelamiento de Pablo Hasél. Hallaron de todo en los registros. Alguno de ellos iba armado con cadenas. Otros, con botes de spray de pimienta ocultos bajo las cazadoras.

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Que los disturbios por el encarcelamiento de Pablo Hasél en el centro de Madrid y en otras ciudades de España no fueron un movimiento pacífico ni organizado de forma espontánea lo sabían los agentes de antemano. Las informaciones que tenían en su poder anticipaban ya la agresividad de los manifestantes.

"Algunos iban reventando cajeros automáticos", explica un agente, presente en el operativo de Madrid. "Van a matar", insiste un segundo. "Hubo bastantes heridos, solo de mi grupo 9 -completa un tercero-. Yo no lo vi, pero tengo incluso un vídeo en el que a un compañero le arrojan un patinete eléctrico a la cabeza".

Esos altercados de Madrid se dejaron sentir también de manera similar en Barcelona. Los Mossos conocen bien la amalgama de grupos radicales y violentos que protagonizan estos altercados en Cataluña: hace una década que se enfrentan a ellos con mayor o menor intensidad, desde aquel asalto al Parlament en el que el entonces president Artur Mas tuvo que acceder en helicóptero.

En los últimos años la violencia callejera, así como su coordinación y frecuencia, ha aumentado, sobre todo a raíz del referéndum ilegal del 1 de octubre. El cénit se alcanzó en octubre de 2019 con la sentencia a los políticos independentistas.

En aquella ocasión, se desplazaron hasta Cataluña grupos de "extrema izquierda, anarquistas e independentistas" de otros puntos de España e incluso del extranjero, explican fuentes policiales. En esta ocasión, por ahora, no han ido tan lejos.

"Son mayoritariamente de Cataluña", explica un agente. Los métodos de transmisión de las coordenadas en el mapa y las acciones a llevar a cabo son las mismas: grupos de Telegram, Twitter y aplicaciones de mensajería encriptadas.

Abogados a su servicio

En general, los policías se toparon en la calle con viejos conocidos de esta clase de trifulcas violentas. Algunos de los que allí se congregaron ya se habían enfrentado a los agentes en otras situaciones, como desahucios o disturbios previos de estos últimos años en las calles de Madrid. La mayoría eran, según apuntan diversas fuentes policiales, auténticos profesionales del destrozo y la algarada.

Lo que sí sorprendió a los integrantes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) fue constatar cómo también en este terreno se abren paso las nuevas generaciones. "Había muchos menores, varios de ellos entre los detenidos".  

Ante la posibilidad de que varios acabaran en comisaría, los organizadores de las manifestaciones en el centro de la capital, el Movimiento Antirrepresivo de Madrid, un grupo antisistema, de extrema izquierda, curtido en esta clase de eventos, habían impartido días antes instrucciones, proveyéndoles de antemano las herramientas necesarias.

La detención de Pablo Hasèl desata en Madrid y Barcelona una violencia no vista desde la sentencia del 'procés'

"Esos no se pierden una", apuntan fuentes policiales. Las directrices a sus 'cachorros' eran muy claras. Por un lado, les incitaron a convertirse en "un puño contra la represión". Por otro, les ofrecían ayuda ante las actuaciones policiales.

Dos de los abogados afines a este movimiento estuvieron anoche de servicio para que cualquiera de los detenidos pudiera recurrir a ellos. Días antes se encargaron de que los manifestantes lo supieran para estar convenientemente protegidos. "Recuerda: con dar el nombre y apellidos de cualquiera de ellos es suficiente. Apúntatelos en el brazo o memorízalos", aconsejaban, en un cartel que difundieron a través de sus redes sociales. 

Cartel de los abogados.

Adoquines a la cabeza

El plan del operativo policial de Madrid era controlar los accesos al kilómetro cero de la capital con el fin de que nadie introdujera ningún objeto peligroso. Y por eso se incautaron de toda clase de objetos como los mencionados al principio de la crónica.

Sin embargo, la virulencia de los manifestantes, acostumbrados a estas congregaciones, se acrecentó después, cuando horadaron el pavimento de la calle y se armaron de adoquines. Esas piedras las arrojarían después apuntando a las cabezas de los policías. Uno de esos proyectiles llegó a partirle a uno de ellos el casco reglamentario.

Pese a que consiguieron rodear a los más peligrosos en el centro de la capital, algunos de ellos lograron sortear el cordón policial. Fueron estos los que iniciaron una serie de incursiones en calles próximas, en las cuales la emprendieron contra los escaparates, las entradas de algunas tiendas, e incluso el mobiliario urbano.

Las protestas finalizaron mucho más tarde de las diez de la noche, la hora del toque de queda establecido por la pandemia. Para entonces la jornada de disturbios se saldaba con 19 personas detenidas y varios tuits del portavoz parlamentario de Unidas Podemos, Pablo Echenique, enardeciendo y alentando a los manifestantes. También se contabilizaron un total de 55 heridos. 35 de ellos eran policías.