El Congreso de los Diputados conmemorará el próximo martes el cuadragésimo aniversario del 23-F con la presencia del Rey. No se celebrará un pleno solemne, como los que tuvieron lugar, también con Felipe VI, en los años 2017 y 2018, con motivo de los cuarenta años transcurridos desde las primeras elecciones democráticas, primero, y desde la aprobación de la Constitución de 1978, en segundo lugar.

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Será un acto más reducido, en el Salón de los Pasos Perdidos, con una presencia limitada, debido al protocolo anti Covid, de los grupos parlamentarios y las instituciones. Apenas los miembros de la Mesa de la Cámara Baja, los portavoces parlamentarios y los altos representantes institucionales, incluido el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. En principio lo que cabría esperar, excepción hecha de las medidas de seguridad fruto de la pandemia. 

Sin embargo, Unidas Podemos ha decidido ejercer presión a pocos días del acto sobre la presidenta del Congreso, la socialista Meritxell Batet, para que no elogie el papel del rey Emérito en aquella jornada histórica. El mensaje televisado de Juan Carlos de Borbón, vestido de militar, desde el Palacio de la Zarzuela, suele considerarse el momento en el que golpe quedó plenamente derrotado, aunque hay controversia histórica al respecto.

Felipe VI y Juan Carlos I, en una imagen de archivo. EFE

El representante de los de Pablo Iglesias en la Mesa, Gerardo Pisarello, convocaba una rueda de prensa este miércoles (las comparecencias de los miembros del órgano de gobierno del Parlamento y de los portavoces suelen realizarse el martes, antes del comienzo del pleno) en la que, además de comentar el encarcelamiento del rapero Pablo Hasel, sacaba a colación el acto del 23-F.

Veinticuatro horas antes, también en el Congreso, el portavoz parlamentario de Podemos, Pablo Echenique, había asegurado, preguntado por la hipotética (y descartada) presencia del propio rey Emérito en el acto, que no aportaría, a su juicio, "dignidad institucional" al mismo. Pero ahora Pisarello iba más allá y trataba marcarle a Batet las directrices de su discurso y del diseño del acto.

"Un lavado de cara"

"Los actos del 23-F no pueden ser, en nuestra opinión, un lavado de cara de Juan Carlos I" afirmaba el dirigente podemita, para quien la efeméride redonda de la intentona golpista llega marcada por dos circunstancias "especiales".

La primera, que el Emérito lleva "doscientos días huido en Abu Dabi por corrupción" y la segunda que, a su juicio, "tenemos demasiadas voces, en el Congreso, en las calles, en grupos minoritarios del Ejército, que están reivindicando el golpismo franquista". "Lo que nosotros desearíamos, y por eso hacemos esta comparecencia, es que ese fuera el enfoque del acto del 23-F" concluía Pisarello.

Fuentes de la Mesa consultadas por EL ESPAÑOL aseguran que Pisarello no planteó ninguno de esos reproches en la reunión ordinaria de la Mesa el martes, cuando se dio luz verde al acto conmemorativo. 

Pisarello afirmaba, además, que "hoy sabemos que Juan Carlos de Borbón conocía las operaciones golpistas del 23-F, estuvo implicado en algunas de estas operaciones, aunque al final desautorizara a Tejero" admitía.

El dirigente de la confluencia catalana de Podemos señalaba por otra parte que "lo más grave es que ni Juan Carlos de Borbón ni Felipe VI han condenado nunca el franquismo". Una condena que instaba al Rey a realizar en el acto del próximo martes. Para ello, sacaba a colación a la Monarquía británica o a la de Noruega que en su día, explicaba, condenaron al nazismo.

Para Pisarello, desde una óptica europea es "inconcebible" que ninguno de los dos reyes democráticos de la historia de España hayan hecho esa "condena" explícita de la dictadura de Franco.