Una de las obsesiones de José Manuel Villarejo cuando emprendía alguna de sus turbias actividades era la de ordenar toda su información de una manera obsesiva y meticulosa. Esa información, de un carácter extremadamente sensible, vuelve a salir ahora implicando a los más importantes cargos de la política española de los últimos años. Por eso no sorprende escuchar en una de las grabaciones presentes en el sumario de la Operación Kitchen, al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, que el excomisario se jacte se haber conseguido incluso grabaciones de Mariano Rajoy con Luis Bárcenas.

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"Había grabaciones del Barbas con Bárcenas, había varias grabaciones duras, duras", dice el expolicía. La conversación se produce el 19 de febrero de 2017, nueve meses antes de que el entonces comisario fuera detenido y todo el material incautado de sus casas en Boadilla del Monte, a las afueras de Madrid, y de su despacho en la Torre Picasso, en el centro de la ciudad.

Según los investigadores de la Unidad de Asuntos Internos, los documentos incautados a Villarejo narran la trama orquestada por altos cargos del Ministerio del Interior como el exministro Jorge Fernández Díaz o el secretario de Estado Francisco Martínez, ambos imputados en la causa.

El objetivo era espiar y robar al extesorero Luis Bárcenas, sustraerle información comprometedora sobre la financiación del partido para alejarla del radar de los jueces que investigaban al PP. Para ello emplearon a integrantes de la cúpula policial y el dinero de los fondos reservados del ministerio.

Los comisarios Villarejo, Enrique García Castaño y Andrés Gómez Gordo, asesor de seguridad de María Dolores de Cospedal cuando era presidenta de Castilla-La Mancha, habrían captado al chófer de Luis Bárcenas, Sergio Ríos Esgueva, encargándole la tarea de ejercer como agente doble a cambio de 2.000 euros al mes durante 25 meses.

El juez Manuel García-Castellón, titular del Juzgado de Instrucción nº 6 de la Audiencia Nacional, levantó el secreto de la causa hace un par de semanas, y ha dejado al descubierto, además de estos hechos presuntamente delictivos, todas las conversaciones grabadas por el excomisario, así como las intervenciones en sus teléfonos y los de sus colaboradores. Casi nadie sale indemne de este material.

Villarejo y el chófer de Bárcenas son dos de los principales personajes de la trama Kitchen.

En esa conversación en la que vuelve a implicar al expresidente del Gobierno, Villarejo señala los problemas que tiene con Félix Sanz Roldán, entonces director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Dice que lo único que quiere es estar tranquilo, él y su familia, que no quiere ni diplomas, ni cruz por su jubilación. Le dice a su interlocutor que vive obsesionado con los teléfonos, que va mirando para todos lados. Insiste en que ya no puede vivir así. 

"Grabaciones del Barbas"

Su colega se pregunta qué tendrá el director del CNI "para tenerlos tan acojonados". Se refiere, claro, a la cúpula del Partido Popular:

- ¿Pero qué va a tener del Asturiano, si no sale de su casa, ... (Ininteligible) leer el Marca, qué va a tener del Asturiano?

- Pues mira, yo hablé con Rato -dice Villarejo- porque me lo ordenaron, pero lo mismo que yo me consta que han hablado ellos y Rato a todo aquel que le han mandado, que han ido de parte, que él ha verificado que iba de parte de tal, ha dicho, vale yo tal, pero en la misma fila donde trincábamos los sobres, delante iba 'El Barbas'.

- Eso no es nada tío.

- Sí, bueno...

- Eso es ruido, ruido de un tío que está condenado...

- Bueno.

- Un tío que está condenado.

- Bueno.

- Lo meten en prisión...

- Perdona, ¿y lo que encontramos en la Operación Cocinero (Kitchen)? Yo no entré, yo no entré, pero entró el Gordo con su gente y tal... Yo no sé la copia de lo que trincó el Gordo, eh, si se la dio a ellos, pero... O no se la dio.

- Seguramente le daría una segunda copia.

- Había grabaciones del Barbas con Bárcenas, había varias grabaciones duras, duras y había mensajes de.... Muchos, con toda la gente y preparando estrategias y tal, complicadas...

- Ya

- Sea, ¿entiendes? Eso, eso le tiene muy preocupado, yo si te digo la verdad.

El topo de Villarejo cargaba al estado las facturas de las suculentas comidas que degustó durante el espionaje. EL ESPAÑOL

- Pues si lo tienen cogido por los huevos, entonces no le van...

- Eh... no, eso no, pero... pero, tiene que pensar que si él le tiene cogido por los huevos, yo le puedo complicar la vida también, eh, por lo tanto, no sea que diga, macho a este tío déjalo en paz o vamos a duelo.

"En el mueble chungo"

"¡Podía estar preso!", exclama Villarejo en otra de las grabaciones. Molesto, el excomisario relata que "pese a los delicados servicios" que ha prestado no ha sido reconocido en el final de su carrera. "Las maldades que me han encargado a mí para salvarle el culo al 'Barbas' (...) ¡No te puedes ni imaginar! ¡Que podía estar preso! El presidente del Gobierno, ¿eh?, por muchas cosas..."

En otra de las conversaciones presentes en el sumario, Villarejo da pistas una vez más del lugar concreto en el que sus secuaces habrían arrebatado a los Bárcenas documentos comprometedores sobre el PP.  Llega incluso a ofrecer detalles del lugar concreto, un estudio de pintura al que Rosalía Iglesias, la mujer del extesorero del PP, acudía con regularidad varias veces a la semana, tal y como constataron los agentes al servicio de la Operación Kitchen durante los múltiples seguimientos que le realizaron. 

"En el estudio de pintura de la señora, en el mueble chungo que había en el doble fondo", dice el excomisario. Era allí donde Bárcenas y su pareja guardaban la documentación ("las grabaciones del Bárcenas"), en las que se llegaría a implicar incluso a Mariano Rajoy. 

Fue Enrique García Castaño, El Gordo, compañero de andanzas de Villarejo también imputado en la causa, quien finalmente se habría apoderado de todo el material. Aquella operación llegó a buen puerto, rezan los informes presentes en el sumario, gracias a la intermediación de Gómez Gordo, alias Cospedín, de la propia Cospedal, de su marido Ignacio López del Hierro, alias El Polla de Hierro, del ex secretario de Estado de Seguridad, el ministro Fernández Díaz, del chófer captado como topo en el clan Bárcenas, Sergio Ríos Esgueva, y de otros colaboradores secundarios que participaron en los operativos.

Los servicios del chófer fueron convenientemente remunerados. Además de los pagos mensuales de 2.000 euros de fondos reservados, Villarejo logró incorporarlo al Cuerpo Nacional de Policía, algo con lo que el chófer de Bárcenas soñaba. Dice en las grabaciones que no quiere pasarse la vida entera de conductor. Así que Villarejo decidió mover hilos para incluirlo en el cuerpo, y con la implicación del entonces Secretario de Estado de Seguridad lo incorporaron al Cuerpo Nacional con la finalidad de que no les pudiese delatar:

-"Tronco, te voy a hacer poli... Eso es lo que él, claro... hablé con Paco, le dije: Paco, la única forma de que este tío... de tenerlo trincado, por si algún día se vuelve loco, si es madero ya no nos va a derrotar porque no va a derrotar a un jefe".