Una comitiva independentista formada por Junts per Catalunya, PDECat, ERC, la CUP y Òmnium Cultural ha acompañado al presidente de la Generalitat, Quim Torra, ante el Tribunal Supremo, que debe analizar su condena por desobediencia por parte del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC). 

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La aparente unidad de las formaciones separatistas se ha limitado en criticar su cese como máxima autoridad política en Cataluña, pero sigue sin acordarse una respuesta conjunta a la eventual inhabilitación.

Así se ha reflejado en los discursos en la Plaza de la Villa de París, donde el único cuórum entre representantes políticos ha sido arremeter contra el Estado, pero sin explicar si contestarán con nuevas elecciones o alguna estrategia conjunta.

El primero en hablar, Gabriel Rufián, portavoz de ERC, ha asegurado que "una parte del Estado está en guerra" contra el independentismo. "Estamos frente a una guerra judicial". "Queremos hablar como adversarios", ha añadido.

Quien sigue siendo uno de los socios prioritarios del Gobierno de coalición, se ha erigido como "disidencia política del régimen del 78" y "del régimen del 36 que a veces sigue existiendo". 

"Desayunamos, almorzamos y cenamos represión", ha remachado. 

"Atropello democrático"

Por su parte, la portavoz de JxCat en el Congreso, Laura Borràs, ha hablado del "atropello democrático más grave de la Europa occidental" para definir la situación de Torra, que desobedeció a la justicia por mantener un símbolo partidista de la fachada institucional en periodo electoral.

La portavoz de JxCat ha apelado al Gobierno de Pedro Sánchez para "solucionar" el "conflicto político" en el enésimo giro de los de Puigdemont para acercarse al pragmatismo -y no solo a la "confrontación"- después del divorcio con los herederos de Convergència, el PDECat, y de cara a unas más que probables elecciones en la región.

El nuevo escenario político post pandemia ha cambiado en parte el paradigma de la política catalana. El propio Torra dijo ayer en el Parlament que su prioridad ha sido la gestión de la crisis sanitaria. 

La falta de público independentista (sin autocares procedentes de Cataluña) refleja este cambio producido por el virus. Es así como Torra ha entrado acompañado de su vicepresidente Pere Aragonès y de Borràs, pero sin apenas aplausos ni el despliegue de lazos amarillas característicos de la era pre Covid.