En noviembre de 2015, tras la publicación de dos exclusivas en EL ESPAÑOL en relación a los papeles sustraídos en un domicilio de los Bárcenas, Francisco Martínez escribió un mensaje al comisario Enrique García Castaño, uno de los urdidores de la trama del espionaje, según el juez de la Operación Kitchen.

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-¿Qué sabes de esto?

-Son papeles viejos con recibís de Arenas y otros, nada nuevo. 

-Entiendo que no son recibís firmados por Arenas, sino un manuscrito de Bárcenas diciendo que les pagó esas cantidades, ¿verdad?

-Una agenda con notas que me dicen son del verano del 2013, puede escribir lo que le dé la gana, pero es más de lo mismo. 

-¿A quién mencionan esas notas?

-A todos, Rajoy, Cospedal, Arenas, el propio Bárcenas les dijo que no quería líos.

-Pues menos mal que no quería líos. 

Poco después de aquellos mensajes, cuando la misión de los espías ya estaba completada, a Francisco Martínez Vázquez (Madrid, 1975) todos comenzaron a abandonarle. El PP, con el que gobernó como número dos de Interior, miró para otro lado. Sus compinches empezaron a olvidarse de él. Se convirtió, como su jefe, en una sombra.

Este año se ha visto más solo que nunca, y ello pese a que sus palabras van a ser fundamentales para el devenir del proceso judicial de uno de los escándalos más sonados de los últimos cuarenta años. Un caso que algunos empiezan ya a ver como una suerte de Watergate del Partido Popular.

Martínez tiene 3 hijos y está casado. Es también, a sus 45 años, quien posee la clave para que el terremoto del caso Kitchen acabe convertido en un auténtico tsunami que se lo lleve todo por delante. En calidad de número dos de Interior, el exsecretario de Estado es una pieza crucial que puede determinar cuánta información, qué grado de conocimiento tenían los altos cargos del gobierno de Mariano Rajoy acerca de las actividades de los policías que espiaban a Luis Bárcenas.

Los documentos que aparecen en el sumario ya subrayan muchas claves, pero su testimonio puede apuntalarlo todo. Muchos, desde hace años, le llaman 'Choco', pero hay quien emplea con él un seudónimo que, a la luz de los acontecimientos, puede resultar apropiado: 'Paco el Bomba'.

El exministro, en el centro, junto a su secretario y el director del CNI Félix San Roldán Efe

Su papel es fundamental. Martínez habría actuado como supervisor y correa de transmisión entre los miembros del Consejo de Ministros y las cúpulas policiales. Con un cargo más de gestión y menos encarado a la política que el de su superior, el antes secretario de Estado tiene la llave del futuro del caso Kitchen.

Su declaración se producirá en las próximas semanas, y servirá para aclarar quiénes y cómo daban las órdenes, hasta qué altura del organigrama llegaba el conocimiento de esta trama cuyo objetivo era sustraer a Bárcenas documentos altamente perniciosos para los intereses del Partido Popular.

En la operación, investigada por el Juzgado de Instrucción Número 6 de la Audiencia Nacional en una pieza separada, la número 7 del caso Villarejo, ya se ha exigido la imputación de María Dolores de Cospedal, ex secretaria general del Partido Popular y de Jorge Fernández Díaz, ex ministro del Interior. Ambos están acusados de sendos delitos de prevaricación, malversación y revelación de secretos.

"Sabe lo que hay"

Kitchen hace referencia a esa documentación que se le sustrajo a Luis Bárcenas para proteger los intereses del PP. Cuando comienzan a aparecer noticias con respecto a la judicialización de las comprometedoras grabaciones de Villarejo al marido de Cospedal y a Fernández Díaz, el exsecretario de Estado le comenta a su mujer lo inquieta que percibe a la entonces secretaria general del PP.

-A ella le da igual lo que salga porque todo lo que habló con él era por el bien del Estado... pero tiene cara de preocupada. 

-¿Le has contado? -le pregunta su mujer.

-No hace falta que le cuente porque ella sabe de sobra lo que hay.

Martínez está cubierto hasta el cuello del barro de este operativo presuntamente orquestado desde las llamadas cloacas del Estado. Era su secretaría la que tenía potestad para manejar los fondos reservados, y las declaraciones de algunos de sus subordinados de entonces, también compinches en el entramado, son las que le han hecho caer. El comisario Enrique García Castaño, alias 'El Gordo', reveló que había puesto a disposición de Martínez un portátil para que siguiera con él todas las novedades del operativo. Se trata de uno de los objetos que custodian como prueban los agentes de la investigación. 

La preocupación del ex número dos de Interior fue aumentando al verse acorralado, como muchos otros en la trama, por las evidencias que nutrían tanto la investigación judicial como las páginas de los periódicos. El hombre lo dejó reflejado en febrero del año pasado al comentarlo con una funcionaria del Estado de su más estrecha confianza.

Martínez llegó a reconocer en ese diálogo su implicación en la trama de espionaje para arrebatarle a los Bárcenas documentos extraoficiales y comprometedores con los que presuntamente, según la fiscalía, después pretendían sentarse con ellos a negociar. Le matizó, eso sí, que las cosas no se ejecutaron tal y como se estaban contando en la prensa. Que "se desarrollaron a iniciativa de terceras personas".

Reconocía también que su responsabilidad no debía quedar exonerada. Meses después, en una conversación con otro funcionario, señala como " principal culpable de lo que está pasando" a "la señora que aupó al líder". Para los investigadores se trata de una clara alusión a Cospedal.

Conflictos

Martínez se iba a percatar, poco después de aterrizar en Interior, de la comprometida posición que ostentaba desde entonces en medio del fuego cruzado, una guerra larvada durante muchos años entre el CNI y el ministerio, y en particular entre el entonces director del Centro Nacional de Inteligencia (Félix Sanz Roldán) y el comisario Villarejo. Dos archienemigos en las estructuras del Estado cuya mayor baza era siempre la información sensible y privilegiada.

Uno de los pagos realizados al chófer con fondos reservados. EL ESPAÑOL

Sanz Roldán era el protegido de Soraya Sáenz de Santamaría, a tenor de que el CNI pasó a reportar directamente a la vicepresidenta durante los años del gobierno de Mariano Rajoy.

De ese modo, el conflicto secular entre ambos espías se convirtió en el reflejo de uno de los conflictos existentes en el seno del Consejo de Ministros. Concretamente entre Soraya y Fernández Díaz, cuyas facciones acrecentaron el enfrentamiento conforme iba pasando la legislatura. En medio de todo estaba un hombre que ni siquiera procedía del mundo de la política. Un tipo que ahora tiene en su poder muchos secretos que desvelar.

En 2004, Martínez ingresó por oposición en el Cuerpo de Letrados de las Cortes Generales con el número uno de su promoción. Tenía 29 años. Fue destinado al Congreso de los Diputados, y quedó allí adscrito a la Dirección de Asistencia Técnico-Parlamentaria del Congreso.

En esa misma época fue Letrado titular de la Comisión de Agricultura, Pesca y Alimentación. Desde 2006, hasta 2011 impartió clases de Derecho Administrativo en la Universidad Pontificia Comillas.

También ha sido profesor en el Centro Universitario Villanueva y en diferentes cursos y seminarios. En mayo de 2005 fue nombrado Director de Relaciones Internacionales de la Secretaría General de la Cámara Baja, puesto desde el que dirigió y organizó las actividades internacionales de los diputados.

Fue en esa época cuando conoció al que sería su ministro. Fernández Díaz se interesó por su perfil. Años después, en 2011, pasó a convertirle en su jefe de gabinete. Apenas 24 meses más tarde, en 2013, su gran valedor le aupó a la secretaría de Estado. Desde ese cargo asumió, entre otros cometidos, la defensa del polémico proyecto de ley de Seguridad Ciudadana -la conocida como Ley Mordaza- y la creación del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (Citco).

"Mi error fue ser leal"

Quienes han tratado con él le tienen por un tipo serio, reservado y fiel.  Él mismo lo reconoce en algunos de los mensajes interceptados por los investigadores de Asuntos Internos cuyas pesquisas están presentes en el sumario de la Operación Kitchen: "Esta será la primera declaración de un político, a la que seguirán varias más, pues como sabes muy bien mi grandísimo error en el ministerio fue ser leal a miserables como Jorge, Rajoy o Cospedal. Y de eso, afortunadamente, tengo todo muy claro y muy fácil de probar. Y te aseguro que es lo último que quería hacer".

En otro de sus mensajes presentes en el sumario se muestra todavía más claro:

-Soy un 'pringao' utilizado (...) pero eso no me exonera. Es evidente que no valoré bien los riesgos (...). Lo que quise es ser leal y eficaz, tal vez demasiado leal.

A partir del año 2016, con la llegada de Juan Ignacio Zoido al ministerio, todos empezaron a dejarle de lado. Ya habían empezado a aflorar por doquier los escándalos de la cúpula policial durante la época del predecesor del sevillano. Martínez era uno de los damnificados. 

Fernández Díaz y su mano derecha, 'Paco' Martínez. eF

Rajoy pretendía aplicar un lavado de cara a la cartera ocupada por Fernández Díaz ante las comprometidas informaciones que ya entonces comenzaban a revelarse. Así que dejaron de contar con él. El año pasado, tras conocer que ha sido excluido de las listas para las elecciones generales del 28 de abril de 2019, perdiendo así su aforamiento, el exsecretario de estado escribió a Mariano Rajoy para pedirle que no le dejasen "tirado". Luego hizo lo propio con el nuevo secretario general del PP, Teodoro García Egea:

Como te dije, puedo entenderlo, pero quedarme tirado y marcado como un corrupto por los míos me hace un daño irreparable. Hay opciones de las que podíamos haber hablado. Yo soy comprensivo, leal y comprometido. Precisamente por eso me he metido en este lío. Por eso y por nada más. Por lealtad al partido, a Jorge Fernández y a Rajoy. La misma que os tendría al Presidente y a ti". 

En enero de este año, el juez Manuel García-Castellón le imputa en el caso Kitchen por su participación en la operación de espionaje y robo de documentos a los Bárcenas durante los años 2013 y 2014.

Martínez mantiene desde entonces que no quiere caer solo, algo que dejó escrito en el apartado de notas de su teléfono. "Recibí instrucciones muy concretas y tuve una presión diaria para obtener y transmitir la información. Escuché muchas veces de mi superior que era 'el asunto más importante que teníamos entre manos'". Entonces, la cuenta atrás de la bomba no hizo más que comenzar.