A Sebastián Inestal le gusta el canto gregoriano. Es lo que se escucha en su casa-museo de Mogarraz, Salamanca. En plena Plaza Mayor de este pueblecito (unos 300 habitantes censados), entre yugos, aperos de labranza y cencerros, exhibe con orgullo su colección de utensilios de madera. Son miles de piezas y son made in Sebas, como le conocen en el pueblo. Este albañil jubilado, ya cerca de los 90, trabaja con castaño, con nogal, con encina… “La de encina es madera más dura, esa te entierra a ti”, asegura, a la vez que explica que todo lo ha aprendido solo. A su edad no ha perdido la energía, ni la picardía: como cuando le regaló una cuchara torcida a una reportera que le hizo una entrevista para la televisión.

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“A ver qué hace con ella”, sonreía, con guasa, ante la cámara. Esta semana posaba junto a otra periodista que le ha hecho una visita. Pero la periodista –se licenció en la Universidad Complutense de Madrid-, no sólo ya no ejerce como tal: es Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. Y tampoco iba de servicio, sino de turismo.

Mogarraz, en la llamada Sierra de Francia, está en el Parque nacional de las Batuecas y sus calles están declaradas Conjunto Histórico-artístico. Muchas de sus fachadas lucen retratos de rostros. Son los vecinos que habitaron esas casas a finales del siglo pasado, pintados sobre láminas de chapa por el pintor, escultor y profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca Florencio Maíllo Cascón. Las fotos son las instantáneas que el fotógrafo de la villa hizo a sus vecinos para que pudieran sacarse el DNI en 1967 y son uno más de los atractivos de este bonito pueblo.

Y fotos también se ha hecho unas cuantas Isabel Díaz Ayuso en Mogarraz. Además de con Sebas, con algunas vecinas. “Estaba visitando la Iglesia”, nos cuenta Ana, de toda la vida del pueblo, que ha colgado la instantánea en su Facebook. Ella y una amiga le han preguntado a la política qué tal está la cosa por Madrid. “Ella nos ha dicho que hay que tener cuidado”. Y la presidenta y su chico han seguido su camino y nuestra vecina, que regenta unas casas rurales, también: “En verano, julio y agosto, aquí se llenan todos los alojamientos, todo ocupado, este verano con la pandemia, pero también el año pasado”, asegura.

Isabel Díaz Ayuso en la localidad de Peñafiel. E.E.

Estas son, recuerdan desde su equipo, que insiste que se trata de un viaje privado, sus primeras vacaciones en dos años. El año pasado, precisamente por estas fechas, el 14 de agosto, se celebró su investidura. Otros años, según ha contado ella misma, ha turisteado más lejos: a Estados Unidos –ha estado varias veces en Nueva York, en California-, a Centro América –Panamá, Ecuador-, o a destinos europeos.

Pero este 2020, el año de la Covid-19, que Ayuso pasó en lo más estricto del confinamiento, toca, en sus propias palabras “redescubrir España”.Y así se ha diseñado un tour rural, en su propio coche y que como el descanso estival de muchos españoles, arrancó en el pueblo de su familia: Sotillo de la Adrada, Ávila. Después ha pasado por Cáceres, Salamanca y Valladolid. En cualquier caso, la desconexión total no ha existido. Lo sabemos no sólo porque nos aseguran que cada día habla con su consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, y también está pendiente del de Educación, Enrique Ossorio. Lo sabemos también porque la hemos leído en Twitter donde, por cierto, le quiso dar un zasca a Pedro Sánchez, cuyo periplo vacacional está siendo algo menos austero que el de Ayuso.

La comparativa con Sánchez

Alojamiento. Conocemos al menos uno de los hoteles en los que se ha albergado Ayuso. En Salamanca eligió la localidad de Candelario como base para visitar pueblos. Según la prensa local, Ayuso se alojó en Casa de la Sal, un hotel rural instalado en una casa del siglo VXIII. El precio, consultando en los portales de reserva, es de unos 75 euros la noche. Es más o menos el precio estándar de los hoteles y casas rurales de las localidades por las que ha pasado la presidenta madrileña.

El presidente Sánchez, por su parte, hace su tour veraniego de palacio en palacio. Ha estado en Lanzarote, en La Mareta, en una residencia de Patrimonio Nacional, una antigua casona que el rey Hussein de Jordania regaló a Juan Carlos I en 1989. Apunte de actualidad: como ‘oficialmente’ el rey no puede aceptar regalos, el palacete pasó a pertenecer a Patrimonio Nacional que es el “organismo público responsable de los bienes de titularidad del Estado que proceden del legado de la Corona española”.

Ayer sábado, el presidente cambió de residencia: de Lanzarote a Doñana, al Palacio de las Marismillas, perteneciente a Parques Nacionales, residencia habitual de descanso para los presidentes del Gobierno.

Modo de transporte. Para desplazarse, Sánchez ha utilizado el Falcón, el avión oficial del Gobierno, con polémica en esta legislatura por un aumento del presupuesto para el catering del mismo, es decir, de lo que se sirve a bordo, bebidas, snacks…

Ayuso dice en su tuit "coche propio". El último dato oficial, según el portal de Transparencia de la Asamblea de Madrid que recoge su patrimonio, es que tiene un Golf GTI.

La residencia oficial de Sánchez en La Mareta, en Lanzarote. EFE

Distancia. La idea de Ayuso, según explican desde su equipo a este diario, ha sido no estar en ningún momento a más de dos horas de Madrid. Por si hay una urgencia, que en tiempos de pandemia, no es descartable. Aunque la única interrupción del asueto estival para la política fue por un incendio el primer fin de semana de agosto. El de Robledo de Chavela, que quemó más de 1.000 hectáreas. Ayuso volvió a Madrid para supervisar las labores de extinción.

El presidente, de toda España, en cualquier caso no ha salido de sus dominios.

Sigue la ruta de Ayuso

Con el mapa de sus paradas, lo más lejos que ha estado la política de Madrid, probablemente, haya sido precisamente durante su visita a Mogarraz. Según los navegadores, son unas tres horas en coche, hasta la capital. Y lo más cerca, su pueblo, Sotillo de la Adrada, Ávila, 4.500 habitantes, a cinco kilómetros de la frontera con la Comunidad de Madrid. Es la parada en el pueblo de toda la vida, donde tiene casa, como hemos hecho este verano tantos españoles.

En Sotillo, en pleno Valle del Tiétar, la han visto crecer. De hecho, a su familia se la considera de toda la vida de allí. Nos cuentan en el pueblo que su abuelo regentaba un restaurante. El establecimiento sigue hoy, pero tiene otro nombre, aunque hay quien todavía le sigue llamando "el de Leonardo". Es el nombre de su abuelo y también de su padre –ya fallecido-.

Sotillo no sólo es su pueblo, también el de su novio: Jairo Alonso, peluquero y estilista, al que conoce, claro está, desde pequeño. Como en todos los pueblos de España hay preocupación sobre la Covid-19. Allí, se siguieron a rajatabla las medidas contra el virus decretadas durante el Estado de Alarma. Fue uno de esos pueblos colindantes con Madrid que vio crecer su población al decretarse primero el cierre de colegios en esta comunidad.

El alcalde del pueblo, Juan Pablo Martín, del PP, se mostró comprensivo. Recordó que no era ninguna ilegalidad, que la gente tenía todo el derecho a moverse a sus segundas residencias, e insistió en que a mucha gente le unían las raíces familiares con el pueblo. Aunque se apuntó a que la población podía haberse triplicado –como en verano-, las calles seguían vacías.

Ayuso durante sus vacaciones. E.E.

Durante lo más duro de la pandemia el alcalde Martín llegó a escribir una carta a Pedro Sánchez. El regidor le pedía al presidente de España que se aplicara a todos los municipios de menos de 5.000 habitantes la flexibilización horaria, que se permitía cuando la densidad por habitante no superara los 100 por kilómetro cuadrado. En Sotillo el indicador se quedaba en 103. El alcalde hablaba de “paradoja: esa variable, en el mundo rural, nada tiene que ver con el nivel previsible de contacto entre personas que conviven en un mismo espacio urbano”.

Ayuso y su chico han pasado ya por un Sotillo sin restricciones horarias pero, como en todos los pueblos, pendientes de la Covid-19, tema conversación estrella de todas las terrazas en las que se ha sentado la presidenta madrileña en su ruta interior. El coronavirus y, claro está, la mascarilla. Una de las primeras fotos de sus vacaciones saltó a Twitter precisamente por eso, porque no la llevaba. Fue en Losar de la Vera, Cáceres. La política estaba sentada en una terraza, conversando con otras personas de pie. Concretamente en la Cafetería Paulina. En Extremadura la obligación de mascarilla en la calle y en espacios públicos se decretó antes que en Madrid, pero como en toda España se exime su uso para consumir en terrazas.

Única ciudad, Plasencia

La parada en Losar de la Vera, 2.700 habitantes, se incluye en la primera parte de las vacaciones de Ayuso. Su recorrido por Cáceres. Losar de la Vera, está en el centro de la Comarca de La Vera, cuna del Pimentón del mismo nombre. El casco antiguo de esta localidad está empedrado y en sus calles lucen los típicos balcones de madera que en otoño se cubren de rojo con las ristras de pimientos que se cuelgan para ayudar a su secado. En la comarca hay un centenar de piscinas naturales. Pero este año sólo se ha autorizado el baño en una treintena de ellas, debido a las restricciones por la Covid-19. La Asociación Turismo Norte de Extremadura, Aturnex, que incluye la zona de La Vera, ha lanzado este verano la campaña A tu Aire para animar el turismo en la zona.

Mientras el turismo rural registra altas ocupaciones este verano, no ocurre lo mismo en las ciudades. A principios del verano, los hoteleros extremeños preveían reducciones de ocupación de hasta el 40%. Y eso es algo que se nota, más que en los pueblos, en las localidades turísticas más grandes. Las calles de Cáceres están a medio gas este agosto. Y aunque la ruta de Ayuso se ha centrado en pueblos, la pareja ha incluido al menos una ciudad, según nos indican desde su equipo: Plasencia. No llega a los 40.000 habitantes, pero cuenta con dos catedrales, muralla y un acueducto medieval. Allí, nos cuentan los turistas, el ambiente es bueno, pero nada de aglomeraciones ni colas.

Tras Ávila y Cáceres, Ayuso saltó a Salamanca. Allí, en Mogarraz, se sacó la foto con Sebas y visitó localidades como Béjar y Miranda del Castañar, incluido también en el club de los Pueblos más bonitos de España. Como Candelario, famoso por sus estrechas callejuelas, con su casco urbano declarado también Conjunto Histórico Artístico. Tiene una de las plazas de toros más antiguas de España. Según la prensa local, fue este el pueblo elegido por la presidenta como cuartel general para su recorrido por Salamanca.

La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en los actos de la festividad de la Virgen de la Paloma. EFE

De hecho, aquí encontramos otros de sus paréntesis vacacionales: concedió una entrevista a La Gaceta de Salamanca. En ella señalaba que era la primera vez que visitaba Candelario y que pensaba recomendar el pueblo. Sobre la pandemia apuntaba que como política, “ha sido lo más duro que se puede vivir porque, al final, gestionas mucho dolor”. ¿Y como paciente? Llego a estar muy cansada y “muy preocupada" por si le afectaba más. Como muchos otros contagiados, explicaba que había perdido el olfato y el gusto. Y dejaba una recomendación a otros afectados: “Descansar y realizarse revisiones por si hay secuelas”.

Balones fuera con otro de los temas del verano: Juan Carlos I. Asegura que en este momento, le parece de “una profunda deslealtad cambiar el país por la puerta de atrás con un debate que no es real porque la gente no lo está pidiendo”. Y en referencia al rey emérito termina diciendo: “Estoy acostumbrada a la Inquisición porque se me cuestiona por todo con cosas que inventa la izquierda”. Y concluye: “El debate monarquía o república va a seguir alimentándolo hasta que estemos al 50% para llevarnos a un referéndum”.

En Valladolid

Como vemos, las vacaciones no separan a Ayuso de la actualidad, marcada estos días por los rebrotes, ni por supuesto de su mensaje político. Tras Salamanca, la presidenta y su chico siguieron hacia la provincia de Valladolid. Parada en Peñafiel, 5.000 habitantes. Fundamental aquí haber recuperado el sentido del gusto –ese que Ayuso reconoció haber perdido al pasar el coronavirus- para catar un Ribera de Duero.

La política es buena amiga de los caldos, pero ahora sobre todo de los madrileños… De hecho, nos cuentan, la Comunidad planea lanzar una campaña para promocionar los vinos de la región en los restaurantes. “Si se pide una botella de vino de Madrid en un restaurante, que al terminar te regalen otra…”.

Pero el slow tourism de pueblo en pueblo, paseos y terracitas llegó ayer a su fin: Ayuso estaba ya en Madrid y apareció públicamente en el Patio de los Cristales de la Casa de la Villa, donde se conmemoró a la Virgen de la Paloma. Desde allí lanzó otro mensaje para Sánchez, menos vacacional que su tuit: le pide unificar la normativa contra la Covid-19 “para no volver locos a los ciudadanos”, tras decretar el cierre de discotecas y la prohibición de fumar en la calle.

Fin de vacaciones en “relativa calma”, dijo, sobre la situación en Madrid, con 672 hospitalizados con Covid-19 y 82 en UCI-. Aunque no es precisamente calma lo que pide para Iglesias. A Sánchez le demandó que cese al vicepresidente por la imputación de Podemos. Y viendo el panorama, es probable que a Ayuso como al resto de los españoles, pronto se le olviden sus vacaciones rurales.