La llegada de María Gámez a la cabeza de la Guardia Civil despertó grandes expectativas entre todos los estamentos del cuerpo. Era la primera vez que una mujer ostentaba la importante responsabilidad de comandar la Dirección General de la Benemérita. Muchos le desearon suerte desde el primer momento, y creyeron que iba a hacer historia. "Al final parece que la va a hacer, pero no por los motivos que todos pensábamos", indica un mando del cuerpo.

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Gámez llegaba al cargo para afrontar una serie de retos, todos ellos muy importantes: la culminación de la tan anhelada equiparación salarial, la perdida de competencias en diferentes territorios, la actualización del catálogo, o la mejora de las infraestructuras. Eran solo algunas de las prioridades que tenía en la cabeza cuando llegó la crisis sanitaria más grande en un siglo para llevárselo todo por delante. 

Era el momento de tomar decisiones. De ponerse al timón de la nave y conducirla hacia buen puerto entre la marea. Pero muchos creen que, llegado ese momento, no ha estado a la altura. "En los malos momentos es cuando las grandes personas demuestran su valía. Se ha podido demostrar lo grande que le queda la responsabilidad que se requiere para el cargo", sentencian desde la Asociación Pro Guardia Civil (APROGC).

Mientras el coronavirus recluía a la población en sus casas, los agentes de la Benemérita, como los de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas, salían a la calle para hacer cumplir el estado de alarma y el obligado distanciamiento de la población. Nueve integrantes del Instituto Armado cayeron en acto de servicio. Desde el equipo de la directora insisten en que ella llamó personalmente para interesarse por sus familiares, y también por los contagiados. 

Sin embargo, la sensación generalizada en las últimas semanas es de que la Directora no está. De un abandono absoluto y generalizado que perciben en el seno del cuerpo. De que nadie les está defendiendo. La propuesta de cese del coronel Diego Pérez de los Cobos al negarse a incumplir una orden de la juez para comunicar el contenido del informe sobre el 8-M fue el inicio de la erupción de una crisis que todavía continúa activa. 

María Gámez en su toma de posesión junto al ministro Fernando Grande-Marlaska y el teniente general Laurentino Ceña. Efe

La llamada en aquel domingo de finales de mayo al Coronel Jefe de la Comandancia de Madrid para comunicarle su cese fulminante desencadenaron un profundo malestar nunca visto hasta ahora. La dimisión del Director Adjunto Operativo (DAO), Laurentino Ceña, al día siguiente, abrió todavía más en canal a la Benemérita, evidenciando una crisis con pocos precedentes.

Y mientras Fernando Grande-Marlaska atribuía a la "falta de confianza" y al afán de reestructurar la cúpula una decisión que había partido de una presunta injerencia política en un proceso judicial, los agentes del Instituto Armado se preguntaban dónde estaba su directora para defenderles. Era lo mismo que muchos se preguntaron esta misma semana ante las acusaciones vertidas desde Moncloa y desde la Delegación del Gobierno en Madrid sobre presuntas "manipulaciones" en los informes de la Policía Judicial en el caso del 8-M. De nuevo se tuvieron que conformar con el silencio de la cabeza política de la Benemérita. 

"Ya no confiamos en ella"

 "Ya no confiamos en ella", insisten desde la Asociación Escala Suboficiales de la Guardia Civil (ASES GC). "No nos vemos ya identificados con ella. Habría situaciones en las que podría salir a defender a la Guardia Civil sin comprometer a los mandos de Interior. Este podría haber sido uno de ellos. La profesionalidad y la integridad de los miembros de la Policía Judicial de la Guardia Civil, que ha permitido que muchos políticos de todo signo estén en prisión pagando por sus delitos, es incuestionable e intachable. Nos gusta que te defiendan los de arriba, sentirte seguro. Pero no somos tan ingenuos como para no darnos cuenta de que María Gámez es una política".

Es el mismo sentir que llevan semanas experimentando aquellos relacionados con la Asociación Profesional de Cabos de la Guardia Civil (APC-GC): "Echamos mucho de menos que salga a defendernos. Le reprochamos que no haya salido en medios de comunicación defendiendo al cuerpo. Diciendo algo. Dando la cara. Lo que fuera. Esto contrasta claramente con su perfil humano porque ha llamado a los compañeros víctimas del Covid-19 que estaban hospitalizados. Pero no ha tenido la misma sensibilidad de protegernos a los que seguimos trabajando".

En la Benemérita para muchos la misión del director general es la de defenderles donde ellos no pueden protegerse. Los agentes del Instituto Armado no pueden hacer una declaración en un medio de comunicación respondiendo al delegado del Gobierno. "No podemos salir a criticar declaraciones de un ministro que puedan entenderse que atacan a la Guardia Civil. Esa función es de ella".

María Gámez durante un acto con la Guardia Civil, ya como directora general. Jorge Zapata EFE

Cuando se produjo la destitución de De los Cobos en Madrid, el resto de los coroneles pactaron de forma tácita rechazar la vacante, no aceptarla para seguir presionando al ministerio con el asunto. Para manifestar su disconformidad con los hechos y con el cese en sí mismo. Ahora lo que quieren es que sea ella la que se vaya. "Dé paso a otra persona", insisten desde APROGC. 

"Las ruedas de prensa queman"

Una de las decisiones que más sorprendieron en el cuerpo fue cuando se designó al DAO Laurentino Ceña como la cara visible del cuerpo durante la pandemia para informar día tras día en las ruedas de prensa de los técnicos. "No estaba acostumbrado a estar a diario delante de las cámaras. Tampoco el general Santiago. Las ruedas de prensa diarias a uno le acaban quemando", dicen desde la Unión de Oficiales.

Desde la Unión de Oficiales de la Guardia Civil declinan pedir la dimisión de Gámez. " Sería injusto. Queremos escucharle dar explicaciones. No sabemos qué pensar. Ni sabemos cuándo vamos a hablar con ella ni cuándo nos va a explicar las cosas".

También ellos tenían un buen pálpito en enero, cuando la hija del farero de Estepona, la delegada del Gobierno en Málaga, consagrada tras su brillante gestión durante la tragedia del niño Julen, se subió al barco a principios de año. "Vimos predisposición en ella, vimos a una mujer coherente preparada. Y por ese conocimiento de la administración vimos la posibilidad de que podríamos entendernos mejor con ella que directores anteriores".