El golpe de una cuchara en una farola sirvió como pistolezazo de salida para el tercer día de protesta en la calle Núñez de Balboa, en el centro de Madrid, contra la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez durante la crisis del coronavirus. Unas 60 personas, que llevaban alrededor de una hora congregándose en torno a ese tramo de la avenida, en la esquina con Ayala, sacaron las cacerolas y empezaron a gritar contra el Gobierno: "¡Dimisión, dimisión!".

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Madres con sus dos hijos pequeños. Hombres adultos. Ancianos. Jóvenes estudiantes. En su mayoría son vecinos del barrio de Salamanca. Todos se reunieron una vez más sin respetar las medidas de seguridad (con mascarillas casi todos, aunque sin apenas separación), apelotonados en la calzada, rodeados por las cámaras de televisión, gritando una y otra vez contra el ejecutivo socialista. Alguno incluso creyó oportuno golpear un contenedor de un edificio particular. No llevaba guantes.

La protesta, que se prolongó durante más de media hora, comenzó bajo la lluvia a las nueve de la noche. Los manifestantes se cubrían con sus paraguas, coloreados con la bandera de España. Un individuo se paseaba con parsimonia golpeando su cazuela al grito de "Libertad, libertad". Mientras tanto, desde los balcones, otro numeroso grupo de vecinos coreaban las mismas consignas aporreando sus utensilios de cocina. Algunos empiezan a hablar ya de una especie de 'Movimiento Nuñez de Balboa'.

Las manifestaciones y congregaciones en lugares públicos están prohibidas en el estado de alarma por la seguridad de los ciudadanos ante el riesgo de contagio por el contacto social que prolifera en las aglomeraciones. Aún así, los manifestantes aseguran que volverán a concentrarse en los próximos días en ese mismo lugar. 

"Todos los días aquí"

En episodios anteriores, en este mismo tramo de la calle hace días que uno de los vecinos ameniza los paseos de los viandantes a partir de las ocho de la tarde pinchando música desde el balcón. Todos los días los vecinos se detenían en esa esquina de la calle. El pasado domingo era tal la afluencia de público en el lugar -unas 100 personas según fuentes de Interior- que la Policía Nacional tuvo que acudir hasta ese punto de la ciudad para disolver esa concentración de gente, uno de los mayores temores de los expertos si se quieren evitar contagios en semanas venideras.

Fue entonces, tras la petición de los agentes, cuando algunos de los que allí escuchaban la música comenzaron a gritar contra el gobierno, y a tildar a los policías de "traidores". A hablar de censura. 13 personas fueron detenidas por no obedecer a los cuerpos policiales cuando les decían que continuasen con su paseo sin aglomerarse en ese punto. Tras ese suceso, algunos usuarios de las redes sociales comenzaron a criticar a las fuerzas del orden. Al día siguiente, este pasado lunes, repitieron, al igual que la noche de este martes.

Mientras muchos de los manifestantes se cubren de la lluvia junto a los escaparates de las tiendas, alguno bromea con sus acompañantes. "Estamos paseando, estamos paseando", ironizaba, en un momento dado, una mujer de avanzada edad, cubierta con mascarilla. "Todos los días vamos a venir aquí. Y si me tienen que detener que me detengan. Que me lleven al calabozo. Todos los días aquí".

Bastó con la llegada de una noche de la Policía Municipal. A los cinco minutos se disgregaron prometiendo regresar al día siguiente. Tan solo eran las nueve y media de la noche.