Pablo Casado deshojará este miércoles la margarita que mantiene en vilo al Gobierno, que amarró el sí de Ciudadanos para neutralizar el posible voto en contra del PP. El presidente del Partido Popular lleva días analizando con su núcleo duro y con grandes empresarios del Ibex qué consecuencias traerá para su formación cualquiera de los dos caminos que tome: apoyar al Gobierno en su cuarta prórroga al estado de alarma o romper definitivamente con Pedro Sánchez. A última hora de este martes, "todas las posibilidades" de voto seguían abiertas. 

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Tras confirmar este lunes el presidente del PP que ya era imposible seguir apoyando un estado de alarma sine die donde el Gobierno central goza de plenos poderes y toma todas las iniciativas de manera unilateral, hay un gran debate interno en el partido sobre cuál debe ser su postura definitiva. La opción que gana más enteros es la abstención, que supondría un gran toque de atención a Moncloa pero no pondría en riesgo levantar el estado de alarma, con los riesgos para la salud que acarrearía.

Votar en contra conllevaría que el Gobierno colocase al PP en la misma bancada que ya comparten Vox y los independentistas catalanes y vascos: Bildu, ERC y JxCat ya han anunciado su voto en contra a que el Gobierno siga centralizando todas las competencias. Para el Gobierno, todo lo que no sea un voto afirmativo será lo mismo, según las palabras del ministro Ábalos.

Tomás Serrano.

Mientras en Génova guardan un sigiloso silencio que alimenta todas las especulaciones, hay presidentes autonómicos del PP que se han posicionado antes del debate definitivo. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la más crítica con la gestión del Gobierno central, está de acuerdo con que el estado de alarma debe "acabar lo antes posible", pero lanza una inesperada tregua a Sánchez: "Le daría los próximos 15 días para que tome medidas" para poner fin de una manera ordenada a este estado de excepcionalidad. 

El primer barón territorial que ofreció a Moncloa utilizar el mes de mayo para replegar el mando único fue el andaluz Juanma Moreno. "Las medidas que se han tomado eran necesarias hasta ahora, pero una vez que la pandemia está controlada debemos ir saliendo de estas normas tan drásticas", aseguró en rueda de prensa tras la videoconferencia de presidentes. 

El último en tomar la palabra de forma pública ha sido el gallego Alberto Núñez Feijóo, que ha recibido la llamada de la vicepresidenta Carmen Calvo cuando el consejo de ministros estaba reunido este martes por la mañana en Moncloa. El Gobierno buscaba sin éxito la complicidad de presidentes autonómicos para presionar internamente a Casado. El presidente de la Xunta de Galicia ha agradecido el tono de la conversación, pero ha defendido que la alarma no se puede prorrogar "sine die" y ha pedido al Gobierno presentar un "plan B" o "C, de Constitución". 

Margen de maniobra

Feijóo, como Ayuso, ha querido también dar un margen de maniobra a Moncloa."Si necesita tiempo para organizarse", entiende que haya que darle un periodo para volver a la normalidad, ya que si el Parlamento no aprueba la prórroga este miércoles, el estado de alarma decaería automáticamente el domingo y el lunes todos los españoles tendrían plena libertad de circulación por todo el país cuando la pandemia todavía no está controlada.

Con la fórmula de apoyar una última prórroga, el PP conseguiría alejarse del Ejecutivo pero no se alinearía junto con las formaciones más radicales del Congreso. Ante este hipotético escenario de que decaiga el estado de alarma, el Gobierno ya advierte de que si hay otra vez "miles de muertos", la culpa no será de Sánchez.

Una mala relación

La relación entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición nunca ha sido buena, pero los conservadores esperaban que Moncloa tuviera en cuenta al partido de la oposición a la hora de ir tomando medidas, sobre todo después de ofrecer sus votos de forma incondicional para que el Gobierno centralizara la toma de decisiones. Tras conocer que el PP se empezaba a plantear seriamente dejar sola a Moncloa en esta aventura, el presidente del Gobierno telefoneó al líder de la oposición el lunes a mediodía para convencerle de lo necesario que es su apoyo. 

Los dos líderes llevaban dos semanas sin hablar, y el único dato que ha trascendido de la conversación es que duró aproximadamente una hora y que Casado le pidió que desligase las ayudas a los trabajadores y autónomos de la prórroga, pero sigue sin desvelar qué posición fijará finalmente su grupo a la espera de que le llegue un gesto desde Moncloa.

El plan b

Desde ese frío cruce de palabras, pesos pesados del PP mantienen la misma dureza en el tono de sus intervenciones contra la forma de actuar del Gobierno y desgranaron su plan b: usar el ordenamiento jurídico vigente para llevar adelante la vuelta a la normalidad. El secretario general del partido, Teodoro García Egea, ha propuesto aplicar, en lugar del estado de alarma, la Ley de Seguridad Nacional, la Ley de Salud Pública y la Ley de Protección Civil. "Son los tres pilares sobre los que se tiene que asentar la recuperación económica y la desescalada", anticipó.  

El portavoz del PP en el Senado, Javier Maroto, reconocía que el estado de alarma "era necesario" en marzo, pero que mantenerlo en junio "solo protege" a Pedro Sánchez. El vicesecretario de Comunicación, Pablo Montesinos, recordó que apenas unos minutos después de la conversación entre Casado y Sánchez "recibimos el ataque desde la sala de prensa del Palacio de la Moncloa por parte del Gobierno de España", en alusión a las palabras del ministro de Transportes, José Luis Ábalos, que recordó que la única alternativa a la prórroga era "el caos". 

En la sesión de control de este martes por la tarde en el Senado, el presidente del Gobierno no se salió del guion marcado en Moncloa: que la prórroga es la única alternativa que hay. "En un momento tan crítico, con tanta incertidumbre, al menos de los dos partidos principales se espera y se desea un acuerdo", sentenció. La respuesta del PP la tendrá en el mismo pleno de este miércoles.