En la plaza, unos niños aprovechan que no tienen colegio para jugar al fútbol bajo un cartel de Prohibido jugar a la pelota; una pareja se sienta en un banco a besarse y así arañarle placeres al tiempo libre por obligación y un camarero, cansado ya, se quita los guantes que su jefe le ha dado. Es como si no pasara nada. Pero a la plaza, del madrileño barrio de Chamberí, le falta su elemento más célebre, que está recluido en su casa, sin salir más que a abrir o cerrar la puerta de la terraza: Javier Ortega Smith (Madrid, 1968).

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El diputado de Vox en el Congreso y concejal de la formación de extrema derecha en el Ayuntamiento de Madrid fue el primero de los políticos en dar positivo por coronavirus. Desde que la noticia se conoció, hay dos preguntas que inevitablemente salen al aire. ¿A quién ha podido contagiar él, que en los últimos días ha ido besando y dando abrazos como en campaña electoral?. Y, ¿quién cuida de Ortega Smith, que vive solo?. La primera se irá respondiendo sola por la fuerza del Covid-19 y, la segunda, por suerte para el político, según ha podido saber EL ESPAÑOL, justo en el piso de enfrente vive su hermano pequeño Fernando Eduardo Ortega Smith. Aunque el Eduardo y el Smith no lo usa para nada y sus vecinos todavía le conocen como El Chuches, por la tienda de golosinas que tenía hace unos años.

La infección por coronavirus ha alterado el día a día de Javier Ortega Smith, igual que el del resto de los 4.000 españoles infectados. Aunque no lo cumple a rajatabla, el político tiene que pasar la enfermedad en su casa, aislado, sin contacto con nadie a quien pueda contagiar. Es entonces cuando entra Fernando, su hermano, que es el familiar más cercano que tiene, ya que el líder de Vox no tiene pareja ni vive con nadie. Ambos son físicamente idénticos y residen, Javier, en el quinto derecha, y Fernando, en el quinto izquierda. Desde ese puesto de control Fernando puede, por ejemplo, hacerle la compra a Javier y ayudarle con los recados para que no tenga que salir de casa.

'Políticos infectados: Los extremos se tocan'

El pasado martes 10 de marzo Vox emitía un comunicado en el que informaba del contagio de Javier Ortega Smith y pedía perdón por haber celebrado el congreso de Vistalegre III, donde el diputado se dio un baño de masas. Aunque esto último lo hacía salvando los muebles y, en un giro dialéctico, culpaba al Gobierno de Pedro Sánchez de ello. Pensaron que si las manifestaciones del 8-M salían adelante, pues ellos también. Aunque Ortega Smith fue el primero, en el momento en el que se escribe este reportaje ya hay varios políticos con coronavirus. Los más relevantes son la ministra de Igualdad, Irene Montero; la ministra de Política Territorial, Carolina Darias; el líder de Vox, Santiago Abascal y la secretaria general de Vox en el Congreso, Macarena Olona.

Fernando ‘El Chuches’

Javier y Fernando Ortega Smith viven en uno de los barrios más acaudalados de Madrid. Ahí pasan sus días, en una plaza muy cercana a una calle que funciona como una de las principales arterias de la capital. Sobre un edificio de cinco plantas, los hermanos habitan los dos áticos. El de Javier, de 136 metros cuadrados, y el de su hermano, algo menor, de 123 metros. Los dos comparten una terraza que está partida por una pared, con una bandera de España entre ambas. Aunque el piso del político guarda una seña más: sobre su terraza hay otra bandera, la de Argentina, de donde proviene su familia materna. Por banderas que no quede. Además, hace poco, en la plaza han puesto una bandera gigantesca de España. “Para que la vea nada más levantarse, digo yo”, ironiza un vecino.

Y es que aquí todos les conocen. Llevan desde antaño afincados en el edificio y, aunque ya hacen poca vida por la zona, al final es inevitable fijarse en ambos. Uno es famoso y grandote, el otro es clavado a él. “Ambos son físicamente idénticos”, explica a este diario otro de los vecinos. “De espaldas parecen los mismos, así altos y fuertes, aunque Fernando estuvo enfermo y ha perdido algo de forma física y su pelo puede que sea algo más moreno”, explica. “Fernando también vive solo pero una vez vino con una chica. Cuando estaba en la calle pensé en hacerle una fotografía, así de lado, y mandarsela a mis amigos para que pareciera que [Javier] Ortega Smith por fin había encontrado a su media naranja”, dice riéndose.

Ortega Smith, con coronavirus, en el congreso de Vistalegre III. E.E.

Sin embargo, el que vivan juntos no responde a un especial vínculo entre Javier y su hermano. Puede que de eso tengan de sobra, nadie lo duda, pero ha sido la facilidad lo que les ha arrimado, aunque ahora tengan que tener una puerta psicológicamente infranqueable entre ambos por motivos sanitarios. Si están ahí y tan cerca es porque, según han comentado algunos vecinos y miembros de Vox a EL ESPAÑOL, los apartamentos pertenecían a la rica familia de ambos, a sus padres.

Así, en 2011 Javier Ortega Smith aprovechó para hacerse propietario de su vivienda y se ahorró parte del millón y medio de euros de media por los que se están vendiendo los pisos en el edificio, según Idealista. En ese piso, el político montó su escueto despacho de abogados. Pero su hermano Fernando, en cambio, decidió crear un negocio en el año 2000, convertirse en un propietario al por menor. Fernando cogió uno de los bajos del inmueble e instaló ahí una tienda de golosinas.

Es por eso que todos en el barrio conocen a Fernando como El Chuches. Por su local solían pasar, con esa felicidad innata que tienen, los niños a comprar gominolas con las vueltas que los padres les dejaban quedarse tras comprar el pan. Sobre el negocio todavía está, algo deteriorado, el cartel con el nombre de la tienda y letreros que rezan “Artículos de fiesta /Piñatas / Detalles de boda / Bolsas de cumple / Golosinas”, y un etcétera que haría las delicias de cualquier menor. A día de hoy, sin embargo, de esa felicidad poco queda.

Fernando, tal y como dejaba entrever un vecino al resaltar que su físico ha perdido talla, sufrió una enfermedad grave que le dejó muy tocado. Logró sobreponerse, al final, pero el negocio no ha vuelto a relucir como antes y cerró en 2015. Ahora queda un local vacío, con una mesa y una silla y algún cartel de lo que un día fue. No hay nadie dentro y la suciedad se acumula con el paso de los días. El local, de 160 metros cuadrados está a la venta por un precio de 680.000 euros, pero nadie lo compra.

Ahora es Javier Ortega Smith el que está enfermo y es a su hermano Fernando al que le toca cuidarle. Ayer fue por Fernando, hoy por Javier. Así que a Fernando le toca hacer la compra o llevarle las cosas. Uno se lo imagina dejándolas en la puerta y a Javier esperando a que su hermano entre en casa para abrirla y cogerlas. Aunque Fernando tiene que andar con cuidado ya que el contacto estrecho con su hermano Javier le obliga a tener que estar en cuarentena y asegurarse de que no le ha contagiado nada.

Ortega Smith, en la asamblea general de Vox del sábado 7 de marzo. E.E.

La familia rica

Tal y como ya contó EL ESPAÑOL, antes de entrar en política Ortega Smith tuvo una carrera como abogado bastante escueta. A pesar de poseer su propio bufete, en su última declaración de la renta nada más entrar en el Congreso, apenas declaraba un ingreso anual de 23.000 euros al año. Sin embargo, viene de una familia adinerada que le ha dado facilidades a lo largo de su vida. El piso en el que reside es una de ella.

Javier y Fernando son sólo dos de los cuatro hermanos que son en total. Están, además, Víctor Manuel Ortega Smith, que es el primogénito, y la pequeña María Elena. De ellos dos se sabe bastante poco más que Víctor Manuel es administrador de otra empresa y María Elena colabora como voluntaria en una una asociación cultural que busca paliar los efectos del fracaso escolar y transformar la realidad social de algunos jóvenes madrileños en situación de vulnerabilidad.

Igual que uno de sus hijos, el padre de los Ortega Smith, Víctor Manuel Ortega Fernández-Arias, también fue abogado. Su cargo de mayor relevancia fue cuando formó parte de la asesoría jurídica de Renfe. Él, a su vez, es hijo de Víctor Manuel Ortega Pérez, el abuelo del líder de Vox. Este último, también abogado, alcanzó su culmen profesional durante el franquismo y le fue concedida la Medalla de Plata de Madrid.

En el último mes, el diputado lleva una agenda digna de campaña electoral. E.E.

Pero, ahora, la que más capital acumula de la familia es la madre de los cuatro hermanos, Ana María Smith-Molina Robbiati. Nacida en Buenos Aires, Argentina, Ana María es descendiente de unos constructores argentinos que regentan la empresa Smith Molina, todavía activa a día de hoy y con un volumen de negocio bastante considerable. Víctor Manuel padre y Ana María se conocieron en Buenos Aires y ambos se volvieron a España a vivir y criar una familia.

La última vez que se vio a Ana María Smith-Molina en público fue el pasado lunes, 9 de marzo, un día antes de que Vox emitiera el comunicado del contagio. Y, aunque pueda parecer poco recomendable, estaba acompañada por su hijo, Javier, que ya mostraba los síntomas del coronavirus. Al pensar que podía estar enfermo, Javier Ortega Smith debería haberse quedado recluido en su casa, no salir a la calle y así evitar contagiar a otras personas. Pero no lo hizo, un programa de televisión de la cadena Cuatro, pilló al líder de Vox en el hospital con su madre.

Mientras que Vox pedía el estado de alarma y culpaba al Gobierno de Sánchez de la celebración de Vistalegre III, Ortega Smith andaba con su madre -mayor y por ende población de riesgo- por la calle y sin mascarilla. Según dijo el propio político, es porque ella “estaba enferma”. Pero él al acudir al hospital estaba poniendo en riesgo a la gente con la que se cruzaba. No acudir al hospital es una de las recomendaciones básicas que se está dando en estos casos. Pero como si la cosa no fuera con él.

Ortega Smith durante su pasada visita a Vitoria, donde pudo contagiarse. E.E.

Sin embargo, sus vecinos confirman que desde esa vez, el resto del tiempo sigue permaneciendo en su casa, alterando así su rutina diaria, casi de reloj, que solía llevar. “Suele salir como a las 10 u 11 de la mañana y vuelve siempre a las 12 de la noche”, explica a este diario un vecino. “El resto del tiempo no se le ve hacer vida por aquí. Vienen a buscarle sus dos guardaespaldas y se va”, añade.

-¿Cómo es que tiene guardaespaldas? No ocupa ningún cargo como para tenerlo.

-No lo sé. Parece un poco prepotente. Pero no son del Estado. Unos que le conocen dicen que son jóvenes de Cañas por España, la reunión esa de Vox. De todas formas, es muy gracioso, porque Javier le saca una cabeza a cada uno de sus guardaespaldas.

La ruta del coronavirus

Cuando el pasado martes se conoció que Ortega Smith estaba infectado con coronavirus, se desataron todas las alarmas. En un primer momento comenzaron los chascarrillos hacia su figura, algo que ya, viendo la gravedad de la situación, parece haber perdido su gracia, y se empezó a intentar averiguar dónde lo podía haber cogido. Para ello, EL ESPAÑOL ha reconstruido su agenda, día a día, desde el pasado 9 de febrero.

Tras un acto en Pamplona el 9 de febrero, el diputado de Vox volvió a reaparecer el día 17 de febrero en la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados. Entre medias, del lunes 10 al domingo 16 de febrero, Ortega Smith desapareció durante una semana. Ahora se sabe que estuvo de viaje en Milán, en la zona de Lombardía, gracias a una fotografía que un usuario de Twitter subió a la red social ese mismo sábado. Aunque no tiene pareja conocida el viaje se hizo en las fechas de San Valentín y en la fotografía aparece junto a una mujer.

Italia, como ya es de sobra sabido, se convirtió antes que España en uno de los principales focos mundiales del coronavirus y el viaje de Ortega Smith se produjo tan solo unos días antes de que la situación se volviera tan alarmante como lo es ahora. Ahí apuntaban los indicios sobre su contagio. Sin embargo, si se tiene en cuenta el tiempo que el coronavirus tarda en mostrar sus efectos, hasta dos semanas, puede que el viaje a Italia quede demasiado lejos.

Captura del tuit que sitúa a Ortega Smith en Milán el día 15 de febrero. E.E.

Tras regresar de Milán, Ortega Smith vivió con una agenda digna de campaña electoral. Estuvo en varias ocasiones en el Congreso de los Diputados, pasó por el Fórum Europa del 21 de febrero, visitó Antequera, Huelva, inauguró una sede de Vox en Palencia… Todo ello lo hizo tal y como es él, según comentan los que le conocen: de los que se queda hasta el final saludando a todo el mundo y haciéndose fotos con todo el que se lo pide, aumentando el riesgo de contagiarse o contagiar a los demás en caso de que él ya lo estuviera.

Pero, teniendo en cuenta el riesgo y las fechas, el viaje que se lleva todas las apuestas sobre cuándo se contagió es el que realizó a Vitoria el 29 de febrero. Aquel día participó en un acto multitudinario cuando País Vasco ya se había convertido en uno de los focos principales del Covid-19 en España. Esa noche se fue directamente a Zaragoza y el 3 de marzo ya estaba de nuevo en Madrid.

Aunque a partir de esa fecha viajó menos y no volvió a salir de la capital, Ortega Smith participó en numerosos actos con mucha gente. Ya saben: saludando, haciéndose fotos, repartiendo besos. El 3 de marzo estuvo en la manifestación del sindicato de policías Jusapol frente al Congreso; el 4 y 5 volvió a la Cámara Baja; el 6 participó en el Nueva Economía Fórum con numerosas personalidades; el sábado siete estuvo con cerca de 1.000 personas en una asamblea general de Vox y después en una numerosa cena y el día 8 en el congreso de Vistalegre III. Ahí ya daba muestras de estar contagiado, tosiendo y teniendo que beber agua constantemente.

Algunos de los miembros de Vox que estuvieron con él se han contagiado también, como Santiago Abascal, y otros que han permanecido en un contacto estrecho con él se han puesto en cuarentena. Ahora todo Vox está en sus casas, intentando esquivar la situación. Quizás Ortega Smith se siente algo culpable por todo lo que ha desatado. Quién sabe. Quizás no sienta que todo sea culpa de Pedro Sánchez. Pero no pasa nada, ahí está su hermano Fernando para apoyarle. Sólo tiene que cruzar el pasillo que separa ambas puertas. Aunque, por precaución, no debería.