Los vecinos del barrio madrileño de Chamberí se encontrarán a su paso por la plaza del Conde de Valle Súchil con un nuevo monumento: la estatua dedicada a los últimos filipinas. Una obra del escultor Salvador Amaya que, además del empuje del Ejército de Tierra y de los descendientes de los héroes de Baler, ha tenido que salvar numerosos obstáculos para ver la luz.

Noticias relacionadas

Contratiempos técnicos, pero también políticos. Porque el Ejército de Tierra, a través de su Fundación Museo del Ejército, tenía intención de inaugurar la estatua en 2019, coincidiendo con el 120º aniversario del fin del sitio de Baler. Pero diversas vicisitudes lastraron el proyecto.

¿Por qué una estatua a los últimos de Filipinas? El Ejército quería recordar la gesta de los 49 militares españoles y tres frailes que aguantaron el sitio en una iglesia remota de Filipinas. No creían las noticias de que España hubiese cedido su soberanía en las islas y prolongaron la defensa del templo durante 337 días de asedio.

Con el objeto de recordar aquel episodio, la Fundación Museo del Ejército puso en marcha una campaña de micromecenazgo para financiar la obra. Un boceto del pintor Augusto Ferrer Dalmau sirvió a Salvador Amaya para esculpir la estatua, que evoca la figura del segundo teniente Saturnino Martín Cerezo.

Tiranteces políticas

Sólo faltaba encontrar la ubicación ideal para su emplazamiento. Y es ahí donde surgieron los problemas para el Ejército de Tierra y para el Ayuntamiento de Madrid.

Porque el Consistorio de la capital, entonces bajo el mando de la alcaldesa Manuela Carmena (Ahora Madrid), no encontraba el lugar idóneo. "Daba largas", señalan fuentes que han seguido todo el proceso desde el primer momento.

Como ejemplo ponen el pleno de la Junta Municipal de Chamberí en el que se debatió la instalación de la estatua, así como la celebración de otros actos conmemorativos en el 120º aniversario de los hechos. Desde Ahora Madrid se criticó que aquellos militares formaban parte de "un ejército colonial". Y votaron en contra. Ciudadanos, PSOE y PP, a favor.

Lo cierto es que el pedestal de la estatua, además de recordar a todos los protagonistas de aquel episodio, tiene grabada "2019" como fecha de inauguración; precisamente el año en que estaba prevista su presentación. El acto, no obstante, tuvo lugar este lunes, 13 de enero de 2020.

La estatua se ha instalado en la plaza del Conde de Valle Súchil.

Las mismas fuentes aseveran que no fue posible hasta que hubo "verdadera voluntad" por parte del Ayuntamiento de Madrid, así como de otras fuerzas que habían votado a favor de la iniciativa -en referencia al PSOE-.

Problemas técnicos

Desavenencias políticas a las que hay que sumar los contratiempos técnicos. La idea original era instalar la estatua en la avenida de Filipinas, en un claro guiño al país del Pacífico. Pero los informes eran desfavorables: el peso de la obra hacía peligrar el terreno por los túneles de Metro y los aparcamientos subterráneos que hay en la zona.

Se buscaron alternativas. El Consistorio de Manuela Carmena planteó los jardines de Madrid Río como ubicación alternativa. La idea tampoco cuajó.

Finalmente se ha optado por la plaza del Conde de Valle Súchil, en el barrio de Chamberí. Un lugar no exento de nuevos problemas técnicos, detallan fuentes municipales: "Allí había una antigua fabrica y el centro de la plaza está ocupado por el antiguo vertedero, lo que hacía que no hubiera sustentación. Por eso está situada un poco desplazado del eje real de la plaza".

Pese a todos los contratiempos, este lunes por fin se descubrió la estatua dedicada a los héroes de Baler. Al acto asistieron miembros del batallón Filipinas perteneciente al Regimiento Palma 47 del Ejército de Tierra, uniformados con trajes de época. También el Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, general Francisco Javier Varela Salas, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, así como otros miembros de la corporación municipal.

Y, además, un nutrido grupo de descendientes de aquellos militares que sobrevivieron al asedio durante 337 días en la isla de Luzón.