La batalla por la desinformación fue un elemento desestabilizador durante la celebración del referéndum ilegal del 1-O. El independentismo catalán contaba con un ejército de bots [cuentas dirigidas por una máquina simulando el comportamiento humano] para difundir noticias sesgadas, manipuladas o directamente falsas. El resultado de aquella jornada, más allá de posibles recuentos de votos, se libraba en las trincheras de la opinión pública.

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Twitter tardó casi dos años en reconocerlo. En junio de 2019, la red social clausuró 130 cuentas "directamente adscritas" al partido independentista ERC por publicar contenidos creados "con el objetivo de influir de forma inorgánica la conversación en la red para sacar partido político". Algunas de esas cuentas tenían hasta 13.000 seguidores.

Los datos se recogen en el libro #Desinformación. Poder y manipulación en la era digital [editorial Comares], coordinado por el experto Manuel R. Torres de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Se trata de un proyecto auspiciado por el Instituto de Seguridad y Cultura que se presenta este martes, 26 de noviembre, en un acto celebrado en la Asociación de la Prensa de Madrid y que cuenta con la presencia de Miguel Ángel Ballesteros, director del Departamento de Seguridad Nacional (DSN).

Venezuela, Rusia, Irán

El libro se divide en capítulos expertos en la materia. El periodista David Alandete detalla cómo la desinformación agravó la crisis de la independencia catalana: "Que hubo bots o cuentas automatizadas activas durante el referéndum de independencia en Cataluña en 2017 lo ha admitido incluso Twitter, aunque lo haya hecho tarde".

¿Quién propició esa desinformación? No sólo fue el separatismo catalán. "Esas cuentas, ya suprimidas, difundieron contenido de los medios de propaganda rusos. Twitter cerró también cientos de cuentas radicadas en Rusia, Venezuela e Irán.

Esas cuentas actúan como espoletas de acción. Difunden las primeras informaciones falsas o manipuladas en torno a un episodio que a su vez son rebotadas por otras cuentas, esta vez dirigidas por seres humanos. El contagio emocional en base a mentiras ya ha surtido efecto.

El informe del CNI

Según un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Estados Unidos basado en 126.000 contenidos manipulados, las noticias falsas se propagan seis veces más rápido que las verdaderas. Apelan a emociones en momentos críticos y logran una mayor difusión.

Tal es la preocupación sobre la desinformación en España -también se emplea el término fake news- que el CNI editó su primera guía para evitar su propagación. Como contó EL ESPAÑOL, el documento estaba redactado por el Centro Criptológico Nacional y se dirigía al usuario medio; un decálogo de recomendaciones para prevenir a la ciudadanía. En él también se recogían varios ejemplos sobre el escenario catalán.

Porque en escenarios sensibles, las fake news hacen tambalear el Estado de derecho. Son el principal arma en unas trincheras que van más allá de lo físico y apelan directamente a las emociones del lector. El campo de batalla está dentro de la propia ciudadanía.