Barcelona

"Respecto al debate sobre el futuro político y nacional de Cataluña, las barcelonesas y los barceloneses tienen pareceres diferentes que se expresan políticamente en un amplio abanico de opciones. Los grupos políticos firmantes de este acuerdo establecen que, en todo aquello que afecta a esta cuestión, cada formación política actuará y se expresará dentro del Consistorio públicamente en coherencia con su programa político. Este es un acuerdo que expresa un compromiso hecho desde Barcelona y para Barcelona". 

Este párrafo se puede encontrar en la página 23 del acuerdo para gobernar Barcelona que en mayo de 2016 suscribieron Barcelona en Comú, el partido de Ada Colau (donde hay miembros de Podemos, Iniciativa per Catalunya, Izquierda Unida y la familia política de la alcaldesa), y el PSC, cuya cara visible en el Ayuntamiento es Jaume Collboni. 

Colau tenía el sábado una "valoración positiva del pacto con el PSC y de las políticas del gobierno de coalición", según dijo en una entrevista en Catalunya Radio. Poco importó. El pacto acabó saltando por los aires. Fue rechazado en una consulta por el 54% de los inscritos en Barcelona en Comú que participaron. 

Ni los inscritos ni el conjunto de los barceloneses conocieron en esta última semana la opinión de Colau sobre su propio gobierno o su voto. La dirección del partido y el grupo municipal había decidido mantenerse neutral y no defender ninguna posición. Tampoco después de que se hicieran públicos los resultados. "Ha sido una decisión difícil, pero la hemos tomado de la mejor manera posible: con radicalidad democrática", tuiteó la alcaldesa. Para los socialistas, la supuesta neutralidad era una invitación a la ruptura. 

¿Una pregunta para romper? 

La pregunta era la siguiente: "Ante el apoyo del PSC/PSOE a la aplicación del artículo 155, ¿debe Barcelona en Comú poner fin al pacto de gobierno con el PSC en la ciudad para gobernar en solitario?" La formulación fue cuidadosa: centra la atención sobre el artículo 155, rechazado ampliamente por la sociedad catalana, por lo que la elección no versó sobre la gestión de la ciudad. El voto positivo significó romper con un partido rival para además cumplir el sueño de cualquier formación política: gobernar en solitario.

Un total de 2.059 personas votaron a favor de acabar con el acuerdo de Gobierno frente a 1.736 que apostaron por continuar. Esos 323 votos de diferencia fueron decisivos para que la segunda ciudad de España, con 1.610.000 habitantes, pase a estar gobernada por 11 concejales de los 41 que tiene el consistorio.

La consulta divide en dos al partido de Colau

Los referentes de Iniciativa per Catalunya Joan Coscubiela y Lluis Rabell, hasta ahora diputados en el Parlament, pidieron mantener el acuerdo y ayer lamentaron la ruptura. Es "una pésima noticia para Barcelona y peor todavía para Cataluña. Fue una consulta condicionada, con un resultado previsible, destinada a vestir una decisión de ruptura tomada de antemano. Una irresponsabilidad mayúscula", tuiteó Rabell. "La participación democrática no puede ser excusa para evadir la responsabilidad de gobierno. Lo siento, Barcelona", tuiteó Raimundo Viejo, diputado en el Congreso de En Comú Podem. 

Si el pacto se cumplía, la alcaldesa estaba contenta con los concejales socialistas y además la consulta ha dividido en dos a su partido, ¿por qué la hizo? La respuesta probablemente haya que buscarla en el calendario electoral. Los resultados se conocieron exactamente a 40 días de las elecciones en Cataluña y un día después de que Catalunya en Comú cerrase sus listas electorales. 

Tanto Colau como Xavier Doménech, que es el candidato a la Generalitat, arremetieron contra el PSC este fin de semana por dos motivos: apoyar el 155 y colocarse al lado del PP y de Ciudadanos, por una parte; e incluir en su lista electoral a miembros de Uniò, un partido de centroderecha. "¿Adónde has ido a parar, PSC? ¿Quo vadis, PSC?", llegó a decir Domènech, que lamentó que Miquel Iceta se alíe con "aquellos que niegan el libre derecho de decidir de las mujeres y de los homosexuales".

Catalunya en Comú coincide con los partidos independentistas en considerar "presos políticos" a los 10 referentes independentistas en prisión provisional, asegura que el Estado se comporta con ansias de "venganza" con los encarcelamientos y la aplicación del 155, según dijo la propia Colau, que el sábado asistió a la manifestación independentista. Su partido también cree en el derecho de autodeterminación pactado, una reinvindicación donde podrían desembocar los partidos independentistas después de las elecciones y visto el nulo éxito de la via unilateral.

¿Un cambio de cromos Generalitat-Ayuntamiento?

ERC ha ofrecido en numerosas ocasiones su apoyo a Colau si desalojaba del Gobierno municipal al PSC. También el PDeCAT, pero con ellos no comparten prioridades sociales. En Barcelona lo lidera además Xavier Trias, el alcalde al que Colau desalojó y que ha reconocido tener dinero en el extranjero a través de una sociedad familiar

En otras palabras: la ruptura de Colau con el PSC hace que necesite ayuda de manera imprescindible para gobernar. El partido disponible más cercano a sus posiciones es ERC. El partido de Oriol Junqueras, que salvo sorpresa será el primero en las elecciones catalanas, necesitará a su vez apoyos, y muy probablemente el de Colau, si quiere llegar a la Generalitat, cuya sede se sitúa en Barcelona casualmente enfrente a la del Ayuntamiento, en la plaza de Sant Jaume.

Ambos partidos tendrían una posición de fuerza en las dos instituciones más importantes de Cataluña. Aunque no sumasen la mayoría en ninguna, un acuerdo entre ambos sería más difícil de tumbar que de complementar. Los independentistas (PDeCAT y CUP) podrían arropar a ERC en asuntos identitarios. Incluso el PSC (en caso de que Junqueras renuncie a la unilateralidad) podría aportar sus votos para algunas políticas sociales. Dependiendo del momento, Colau podría buscar socios distintos y también condicionar su propio apoyo, haciendo fluctuar su posición según sus prioridades estratégicas.

Colau le hace un roto a Iglesias

La decisión de romper con el PSC no es, en principio, una buena noticia para Pablo Iglesias. El líder de Podemos no para de bajar en las encuestas. El último sondeo de SocioMétrica para EL ESPAÑOL le otorga 45 escaños, una bajada de 26 frente a los 71 que tiene en la actualidad. Su caída sería ampliamente aprovechada por Ciudadanos, que se convertiría en el tercer partido en España. Otro sondeo, el de Metroscopia, publicado este domingo, también augura un bajón de cinco puntos para Podemos

La crisis de Cataluña está lastrando a Iglesias. A Colau puede funcionarle el doble rechazo a la independencia unilateral y el 155, tratando de abrir un espacio central y apelando al electorado de ambos extremos, pero para Iglesias es un torpedo en la línea de flotación, habida cuenta del distinto comportamiento de los electores en el conjunto de España. 

La operación tiene también evidentes riesgos para Colau. Para empezar, por la división interna que ha creado. Tiene que ver con el fondo, ya que muchos en su partido creen que deben tenderse puentes con el PSC, como con la forma, ya que critican que Colau no es clara y pone por delante el cálculo electoral a las políticas.

El contraataque del PSC

El PSC también tratará de erosionar a una Colau con la que, en realidad, comparte buena parte del electorado, tanto en Barcelona como en las áreas metropolitanas, clave el 21-D.

"Entre Barcelona y la independencia ha elegido independencia. Entre estabilidad e inestabilidad ha elegido inestabilidad. Entre un gobierno de izquierdas y plegarse a las exigencias de Xavier Trias y Alfred Bosch ha elegido lo segundo", dijo Iceta este domingo. "Puede ser la alcaldesa, pero no es la líder que Barcelona necesita", según él.

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