Leticia Fernández Rascón es el rostro detrás de Miel La Cazurra, una empresa familiar nacida en el corazón de la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga (León).
Su historia es la de una mujer que, tras explorar el mundo y formarse académicamente, eligió conscientemente el entorno rural como el mejor escenario para emprender, cuidar del medioambiente y criar a su familia.
Esta semblanza forma parte de Vidas Protegidas, la webserie audiovisual de la campaña Nuestros Espacios Protegidos, que muestra el vínculo de las personas con estos entornos naturales.
Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de León y, tras haber vivido un año en Lisboa gracias a una beca Erasmus, Leticia vio cambiar su rumbo vital y profesional con la maternidad.
En 2018, al intentar reincorporarse al mercado laboral con dos hijos de dos y cuatro años, se encontró con un sistema sin opciones de conciliación. Así que, junto a su familia, dio forma a Miel La Cazurra, un proyecto que había comenzado a dar sus primeros pasos con unas pocas colmenas en 2015.
Hoy, ubicados en el entorno del Faedo de Ciñera, cuentan con un volumen importante de colmenas y producen varios tipos de miel, propóleo y polen, y han cosechado ya múltiples premios internacionales.
"Nos pareció que podía ser un buen proyecto no solo profesional, sino también familiar para poder criar a mis hijos en el entorno rural, que era lo que, al fin y al cabo, nos había movido a retornar al pueblo", relata esta apicultora de primera generación.
La miel leonesa
Fernández Rascón tiene clara una premisa que transmite constantemente a sus compañeros del sector: la necesidad de enorgullecerse de sus métodos de trabajo. "Nosotros tenemos que hacer valer nuestros modos de trabajar en cierta forma artesanales y tan cuidados, mimando tanto el producto y a la abeja", afirma.
En sus ventas internacionales, ha comprobado cómo los compradores extranjeros valoran enormemente esta labor, a menudo por encima de lo que se aprecia a nivel local. "Tenemos que dar valor a nuestros productos porque realmente en el mercado no tenemos competidores", asegura con firmeza.
La Reserva de la Biosfera
El éxito y la pureza de sus productos no se entienden sin su entorno: la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga, un territorio reconocido internacionalmente por preservar ecosistemas únicos y fomentar sistemas productivos sostenibles que ayudan a fijar población.
Para Fernández Rascón, tener sus colmenas en este enclave aporta a su miel unos valores medioambientales inalcanzables en otras zonas.
Le permite etiquetar sus productos con un sello de calidad ambiental que diferencia su marca, indicando al consumidor que "ese producto se ha elaborado de acuerdo a prácticas sostenibles, en entornos lejos de contaminantes y de pesticidas".
Un apicultor revisando sus colmenas en el campo.
El resultado es un producto tan puro que, en una sola cucharada, "se concentra toda la esencia de la montaña de León". Pero su labor va mucho más allá de las ventas. Trabajar con abejas le permite sentir que tiene un impacto directo y positivo en el planeta.
"Me permite acostarme tranquila porque mi actividad contribuye a frenar el cambio climático y a mantener la biodiversidad", detalla, recordando un dato vital, cerca del 90% de las plantas silvestres con flor necesitan de la polinización para dar fruto.
Apostar por los pueblos
Mirando hacia el futuro, el objetivo de Fernández Rascón es seguir creciendo dentro de la Reserva del Alto Bernesga, pero sumando una mayor proyección social y medioambiental.
Entre sus planes destaca la voluntad de realizar una labor más didáctica para defender el valor de los pueblos. Para ella, vivir y trabajar en el campo no es un premio de consolación, sino una elección libre y meditada que reivindica con fuerza.
"El mundo rural es una cosa que yo decidí, no me quedé porque no tuviera más opciones", concluye con orgullo. Hoy, no tiene dudas: "Cada día estoy más convencida de que es la mejor decisión que he tomado en mi vida; tanto para mí personalmente, como para mi negocio y para criar a mis hijos".
La historia de Leticia demuestra cómo el futuro del medio rural y la conservación ambiental avanzan unidos cuando valoramos el territorio.
Proteger estos entornos garantiza que los pueblos sigan vivos creando oportunidades de empleo sostenible y resguardando una identidad cultural y natural que preserva la biodiversidad, combate el cambio climático y otorga calidad, identidad y sello de origen al trabajo local.
