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Diez años después de la aprobación de la Agenda 2030, el balance de los ODS combina avances históricos con una realidad incómoda: solo el 36% de las metas evaluables está en buen camino o registra un progreso moderado.

Cristina Sánchez, directora ejecutiva del Pacto Mundial de la ONU España, advierte de que los próximos cuatro años serán decisivos para acelerar una agenda amenazada por los conflictos, la crisis climática y la falta de financiación.

En esta entrevista analiza los progresos logrados, las principales brechas y el papel que debe asumir el sector privado en la recta final hacia 2030. Y defiende que la sostenibilidad ya no puede entenderse como reputación o cumplimiento, sino como una cuestión estratégica ligada a la competitividad y al futuro del negocio

Pregunta: Han pasado más de diez años desde la aprobación de la Agenda 2030 y entramos ya en su recta final. Si tuviera que hacer hoy un diagnóstico, ¿en qué punto real estamos?

Respuesta: El diagnóstico es claro: el progreso es real, pero insuficiente. Se han logrado avances significativos en todos los ODS, pero estos siguen siendo desiguales y están amenazados por conflictos, crisis climática, endeudamiento creciente y una fuerte caída de la ayuda internacional.

Los datos muestran que solo el 36% de las metas evaluables están en buen camino o registran un progreso moderado, mientras que el 15% han retrocedido respecto a los niveles de 2015.

Debemos ser realistas, es muy difícil que lleguemos a 2030 con todos los objetivos cumplidos. Sin embargo, eso no significa que la Agenda 2030 haya fracasado. Al contrario, ha demostrado que cuando existe voluntad política, inversión, innovación y cooperación, es posible transformar vidas a gran escala.

El aniversario de la Agenda 2030 debe ser un momento de rendición de cuentas y de movilización. La respuesta debe ser un último impulso decisivo. Por eso los próximos cuatro años serán determinantes.

P.: En medio de un relato muchas veces pesimista, también ha habido avances importantes. ¿Cuáles considera que son los grandes logros de la Agenda 2030 desde 2015?

R.: En efecto, a veces el relato pesimista se impone incluso a los números y olvidamos que la Agenda 2030 ha generado avances históricos. Desde 2015, casi 1.000 millones de personas han accedido a agua potable gestionada de forma segura y 1.200 millones a servicios de saneamiento seguros. La electricidad alcanza ya al 92% de la población mundial y el acceso a internet ha pasado del 40% al 74%.

Además, por primera vez en la historia, la protección social cubre a más de la mitad de la población mundial. También se han reducido aproximadamente en un tercio las nuevas infecciones por VIH y las muertes relacionadas, mientras que 134 países han alcanzado el objetivo de reducción de la mortalidad infantil.

Estos logros demuestran que los ODS no son una declaración de intenciones, sino una hoja de ruta que ha contribuido a mejorar la vida de millones de personas.

¿Dónde hemos fallado?

P.: Si hacemos el ejercicio contrario, ¿cuáles son los ODS que más le preocupan y en cuáles hemos avanzado mucho menos de lo esperado?

R.: Las mayores preocupaciones están en aquellos ámbitos donde confluyen crisis globales especialmente complejas. La igualdad de género es uno de los ejemplos más claros. También es muy preocupante la pobreza extrema, que sigue afectando a una de cada diez personas; o la inseguridad alimentaria, que alcanza a 2.300 millones de personas.

A ello se suman los efectos del cambio climático y los conflictos. Solo en 2025, las temperaturas globales alcanzaron 1,43 grados por encima de los niveles preindustriales y los conflictos violentos desplazaron a 118 millones de personas, borrando años de desarrollo en apenas unos meses.

P.: Queda muy poco tiempo hasta 2030. Si pudiéramos concentrar los esfuerzos mundiales únicamente en tres grandes prioridades capaces de acelerar varios ODS simultáneamente, ¿cuáles elegiría?

Elegiría, en primer lugar, cerrar la enorme brecha de financiación de los ODS, que supera los 4 billones de dólares anuales. Sin recursos suficientes será imposible acelerar el cumplimiento de los objetivos.

En segundo lugar, acelerar la transición energética. Las energías renovables ya son la fuente de electricidad nueva más barata y escalable en gran parte del mundo y representan una de las herramientas más poderosas para responder a la crisis climática.

Y, en tercer lugar, aprovechar la tecnología y los datos para que nadie quede atrás. La inteligencia artificial y la digitalización pueden impulsar el desarrollo, ampliar servicios públicos y crear empleo, siempre que se utilicen de tal manera que sirvan para reducir desigualdades y no para ampliarlas.

"La Cumbre de los ODS de 2027 tendrá una doble función: impulsar la aceleración final hasta 2030 y comenzar a abordar qué viene después", explica Cristina Sánchez. Cedida

P.: Si trasladamos la fotografía global a nuestro país, ¿en qué ODS está España haciendo especialmente bien los deberes y cuáles siguen siendo nuestras grandes asignaturas pendientes?

España presenta avances importantes, pero sigue enfrentándose a retos significativos. En Pacto Mundial de la ONU no manejamos datos de ODS a nivel España como país (sí desde el punto de vista de las empresas). Pero, según los últimos datos de SDSN Europe, que recoge en su Informe Europeo de Desarrollo Sostenible 2026, nuestro país ha descendido del puesto 20 al 22 en el Índice ODS del continente.

Los principales desafíos se concentran actualmente en cinco objetivos: ODS 2 (Hambre Cero), ODS 12 (Producción y Consumo Responsables), ODS 13 (Acción por el Clima), ODS 14 (Vida Submarina) y ODS 15 (Vida de Ecosistemas Terrestres).

Según esta organización, el 40% de las metas está cumplida o en camino de hacerlo en nuestro país. Y registra buenos datos en el ODS 3 o 5, por ejemplo.

El papel de las empresas

P.: La Agenda 2030 nació como un compromiso de los Estados, pero hoy parece imposible alcanzarla sin el sector privado. ¿Ha entendido realmente la empresa española que los ODS forman parte de su estrategia de negocio o todavía existe demasiada sostenibilidad vinculada al marketing y la reputación?

R.: Es imposible imaginar el éxito de los ODS sin el sector privado. Las empresas deben ser consideradas actores fundamentales del desarrollo sostenible, no únicamente colaboradores puntuales en aspectos como la energía, la conectividad digital, la reducción de la pobreza o la creación de empleo.

Sobre su papel, cada vez más empresas entienden que la sostenibilidad forma parte de su estrategia de negocio. Según nuestros propios datos, las empresas españolas tienen a día de hoy como ODS más trabajados el 5, 13 y 7. Y sí que hay buenos datos sobre el concepto que la empresa tiene de ello para su negocio.

La percepción empresarial sobre la relación entre sostenibilidad y resultados económicos continúa consolidándose en 2026. Un 51% de las empresas considera que el trabajo en sostenibilidad y ODS tiene un impacto positivo sobre el rendimiento económico de la organización.

Es una tendencia en aumento, que refuerza la idea de que la sostenibilidad deja de percibirse únicamente como una cuestión reputacional o normativa para adquirir un papel cada vez más estratégico, que no está vinculada a la comunicación externa, sino a cuestiones como la inversión, la gestión o la cadena de suministro.

Una de las principales conclusiones de nuestro informe Comunicando el Progreso: análisis de los informes ESG 2025, es que la sostenibilidad continúa afianzándose en los máximos órganos de decisión empresarial.

En España, el 77% de las empresas indica que la junta, el órgano de gobierno o la persona ejecutiva de mayor jerarquía, supervisa los informes ESG. El estudio también confirma que las empresas españolas siguen avanzando en la formalización de estructuras internas para gestionar la sostenibilidad.

En concreto, el 96% de las empresas ha designado personas o equipos responsables en normas laborales, el 94% dispone de personas responsables en medioambiente, el 89% ha designado responsables en anticorrupción y el 87% tiene responsables en derechos humanos.

Esta evolución, que mejora ligeramente respecto al año anterior, muestra que la sostenibilidad no es algo periférico, sino integrado en la organización y en los procesos de gestión.

P.: ¿Cómo distinguimos compromiso real de greenwashing?

R.: Por fortuna, hoy existe una vigilancia mucho mayor por parte de consumidores, inversores, reguladores y otros grupos de interés. La coherencia entre lo que una empresa dice, lo que hace y lo que impulsa en su entorno se ha convertido en un factor determinante para la credibilidad corporativa.

Cuando la sostenibilidad se utiliza solo como una herramienta de comunicación o marketing, sin cambios reales en la estrategia y las operaciones, aparece el riesgo del greenwashing, que no solo perjudica la credibilidad de una empresa, sino que puede tener consecuencias económicas y erosiona la confianza, penalizando a la vez a las empresas que hacen sostenibilidad genuina.

Nuestro enfoque es aquel en el que la comunicación sobre sostenibilidad no es un mensaje, sino la consecuencia de una estrategia de negocio, con objetivos medibles, monitorización de progresos y reporting transparente.

P.: En Europa estamos viviendo un debate sobre regulación, competitividad y simplificación de las exigencias de sostenibilidad. ¿Existe el riesgo de que las empresas empiecen a percibir la sostenibilidad como una carga en lugar de como una oportunidad?

R.: Existe ese riesgo si la sostenibilidad se percibe únicamente como una obligación regulatoria. Sin embargo, la evidencia demuestra que también es una enorme oportunidad económica.Es una realidad que la presión normativa alrededor de la sostenibilidad ha ido en aumento y las empresas que se ven obligadas a implementar acciones que no tenían, lo acusan.

En nuestra última consulta a empresas, hemos visto cómo solo un 8% de ellas consideran que hay demasiada regulación. Para nosotros es un dato que apunta a que el valor que la sostenibilidad aporta a la competitividad se está percibiendo, pues el 84% considera que les permite tener ventajas competitivas.

Cristina Sánchez lleva siete años al frente del Pacto Mundial de la ONU España y 19 vinculada a la organización. Cedida

P.: ¿Cómo se demuestra que avanzar en los ODS también puede generar innovación, resiliencia y negocio?

R.: En el Pacto Mundial de la ONU España llevamos más de un año trabajando sobre este binomio de competitividad y sostenibilidad. Sabemos que la sostenibilidad empresarial se ha convertido en un elemento estratégico para las organizaciones que quieren anticiparse a los cambios, reforzar su resiliencia y generar valor a largo plazo.

Integrarla en la gestión permite anticipar riesgos, mejorar la eficiencia, reducir costes y responder a las expectativas de la clientela, inversores y otros grupos de interés. También puede facilitar el acceso a mercados y financiación, impulsar la innovación, reforzar la reputación y mejorar la resiliencia de la empresa ante cambios regulatorios, tecnológicos y sociales.

El 88 % de las compañías a nivel global ya perciben sus iniciativas sostenibles como una vía para generar valor futuro, según el Institute for Sustainable Investing de Morgan Stanley. Según el Instituto de Liderazgo en Sostenibilidad de la Universidad de Cambridge, en 2035 las industrias sostenibles serán las dominantes en los mercados mundiales.

Además, un estudio europeo realizado por distintas redes de Pacto Mundial de la ONU el año pasado destaca que un 85% de las personas encuestadas en España considera importante la sostenibilidad en sus decisiones de compra.

P.: La fecha está cada vez más cerca y sabemos que muchas metas probablemente no se habrán alcanzado. ¿Qué ocurrirá el 1 de enero de 2031?

R.: Todavía no existe una nueva agenda global aprobada que sustituya a la Agenda 2030. Lo que sí ha comenzado en Naciones Unidas es la reflexión sobre el marco de desarrollo sostenible posterior a 2030.

P.: ¿Necesitaremos una nueva Agenda global o los ODS deberían evolucionar y continuar más allá de su fecha inicial?

R.: La Cumbre de los ODS de 2027 tendrá una doble función: impulsar la aceleración final hasta 2030 y comenzar a abordar qué viene después. Pero tampoco debemos permitir que la conversación sobre 2031 nos distraiga del presente. Nos quedan años en los que todavía pueden conseguirse avances muy relevantes.

Y probablemente muchas de las grandes cuestiones seguirán siendo las mismas después de 2030: lucha contra la pobreza y las desigualdades, cambio climático, empleo digno, paz, derechos humanos o acceso a recursos básicos. 2030 es una fecha referencia importante, no la fecha de caducidad del desarrollo.