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Ana Hernández lleva enamorada del mar desde niña. Tanto, que decidió convertirlo en su forma de vida y su trabajo. Combinando esa con su otra gran pasión, la de los viajes, fundó Destinos Entre Azules, una agencia que lleva a sus clientes a destinos como las Islas Maldivas o Baja California.

El proyecto nació de su intención de hacer que la gente le perdiera el miedo al océano. "La gente tiene pánico al mar, pero en las vacaciones todo el mundo va corriendo ahí. Todos quieren ir a la playa y busca la paz, aunque luego les da miedo meterse [en el agua]".

Ella no entiende esta forma de turismo como un mero viaje para bucear. Al contrario, quiere que quienes eligen Entre Azules vuelvan a casa conociendo estos ecosistemas porque, según ella, es la única forma de que lo protejan, como sostiene en conversación con ENCLAVE.

Ese ha sido también el motivo que le ha llevado a ser la imagen de la última campaña de la marca de joyería Hoss Intropia 'Lo que no se ve'. En ella va a destinar los beneficios de la venta de la nueva edición de su collar Posidonia a la protección de esta emblemática planta del Mediterráneo.

Para la empresaria resulta primordial desmontar falsos mitos locales. Critica que se sienta "asco" al ver la posidonia en la orilla cuando se desprende, celebrando que se enseñe que no es "ni asqueroso ni malo" y que las aguas cristalinas del Mediterráneo son gracias a ella.

Hernández habla con ENCLAVE sobre cómo viajar de forma sostenible y la importancia de alimentar la economía circular trabajando con gente local en cada lugar donde establece su agencia un destino. "El turismo respetuoso no es una utopía, pero muchas veces da vértigo"

Pregunta: Su trayectoria profesional empezó en el diseño de moda y, curiosamente, ha cerrado el círculo colaborando como embajadora e imagen de la campaña de primavera-verano de Hoss Intropia. Teniendo en cuenta que es una marca que apuesta fuertemente por la sostenibilidad y las materias primas recicladas, ¿cómo ha sido volver a la moda desde esta perspectiva de respeto al medio ambiente?

Respuesta: Cuando me contactaron, me encantó porque yo siempre digo que la moda siempre busca la belleza y ¿qué hay más bello que el océano? De hecho, muchas veces se inspiran en él y vemos estampados, colores, tejidos de formas que que vienen del mar.

Por eso me encantó colaborar con Hoss Intropia, porque es una marca que, además, de apoyarse en estos ecosistemas para sus diseños, está intentando protegerlo. Sobre todo, porque creo que el Mediterráneo es una de las riquezas más importantes que tenemos en en nuestro país.

P: ¿Cree que alianzas entre proyectos de ecoturismo como Entre Azules y marcas de moda consciente son canales necesarios para llevar el mensaje de la protección de los océanos a un público masivo que quizás no se mueve en entornos científicos o activistas?

R: Por supuesto. Es un canal totalmente necesario y un altavoz gigante para poder llegar a muchísima gente que no se hubiera parado a pensar en la importancia de la Posidonia de otra manera.

Al final, solo proteges lo que amas, y para eso hay que conocer las cosas. Con proyectos como Entre Azules o campañas como la de Hoss Intropia, podemos ayudar a que el viajero aporte al medioambiente y a la ciencia, que entienda el océano y alce la voz para defenderlo.

El mar tiene que convertirse en algo muy importante que todos debemos conocer porque supone un porcentaje altísimo de nuestro planeta. ¿Cómo puede ser que nos dediquemos los seres humanos a ir a la luna y no exploremos el fondo de estos ecosistemas?

P: Entre Azules nació de una necesidad vital de reconexión y terminó convirtiéndose en un proyecto que lleva a miles de personas al océano. ¿Es posible el turismo sostenible y responsable?

R: Creo que sí, aunque hay que ser realista. Lo mejor para la naturaleza es que no interactuemos con ella. Es muy difícil hablar de turismo responsable cuando estás interactuando con animales en libertad.

Ana Hernández nadando junto a un tiburón tigre. Cedida

Yo siempre digo que aunque creo que el impacto que tiene es más positivo que negativo, al final para la naturaleza sería mejor que no hubiera barcos ni turistas. Es complicado, pero se puede hacer bien

P: ¿Cómo se transforma un viaje de aventura en una herramienta de sensibilización ambiental para el viajero?

R: Para empezar, es un trabajo enorme de comunicación. Desgraciadamente el ser humano es un poco egoísta y en sus vacaciones no quiere pensar, trabajar ni, mucho menos, que les des una charla de biología marina pesada.

Nosotros, primero, hacemos una inmersión en el mar para que ellos conozcan el ecosistema y su belleza y, al salir del agua, es al propio viajero al que le surge la curiosidad. Entonces nos preguntan por todo eso que han observado, la alimentación de los animales o su reproducción, por ejemplo.

Ahí es cuando llega el trabajo difícil de divulgación. Les explicamos todo y, de pronto, cuando lo empieza a entender, nacen las ganas de ayudar.

Nosotros decimos que Entre Azules es un turismo responsable, porque, además de que en los destinos colaboramos con asociaciones que están protegiendo esos animales, hacemos que nuestros clientes también participen de esa ayuda.

P: Entre Azules ha dado un giro muy claro hacia el valor educativo y divulgativo. ¿Cuáles son los principales retos de conservación marina que intentan trasladar a quienes viajan con ustedes?

R: Después de trabajar con tantos grupos, me he dado cuenta de que el mayor desafío es la falta de información.

La gente no tiene ni idea de los problemas que hay en el mar. Los más importantes son el cambio climático y la sobrepesca. Se saca del agua una gran cantidad de animales. Estamos vaciando nuestros océanos.

Dos orcas nadando. Cedida

Aun así, intento no ser pesimista y también me fijo en cosas positivas, como que ha mejorado la población de las ballenas jorobadas en los últimos años. También se están consiguiendo cosas bonitas.

P: Ha pasado de Maldivas a expandirse por Baja California, Bahamas o Tonga. Cada ecosistema marino es único y vulnerable. ¿Cómo logran que el impacto de sus expediciones sobre la fauna y los hábitats marinos sea netamente positivo o regenerativo?

R: En cualquiera de nuestros destinos, todos los proveedores son locales, igual que los guías. También hay lugares que ya están controlando mucho la situación. Por ejemplo, en Baja California [uno de los sitios donde operan] no se puede trabajar con personal que no sea de allí y cuente con certificado.

Lo aplican, por ejemplo, en Cabo Pulmo y, realmente, es muy bonito porque, además de dar trabajo a la gente local, nadie sabe mejor que ellos sobre su territorio. Es algo diferencial.

P: Con el sector turístico ya masificado a nivel global, ¿es posible encontrar un equilibrio real entre el crecimiento de una agencia de viajes y los límites biofísicos de los destinos?

R: Sí, pero para eso hay que seguir las regulaciones de cada país. Hoy en día casi todos los países ya han empezado a proteger a su fauna y a su vida marina.

Un ejemplo es el de Islas Mauricio, que tenía el mejor avistamiento de cachalotes, pero lo cerró por el turismo masivo que empezó a acudir. La experiencia se hizo famosa en redes sociales y, de repente, todo el mundo quería ir.

Cuando las autoridades prohibieron esta actividad, nosotros cerramos el destino porque una manera de crecer bien es seguir las regulaciones, por mucho que te duela como agencia. Otras empresas siguen operando igualmente.

No es fácil posicionarse. Nosotros, por desgracia, tuvimos pérdidas [algunos clientes dejaron de contratarles]. Por eso, quien quiera viajar de verdad de manera responsable, tiene que informarse muy bien de con quién lo hace.

P: Ha defendido firmemente que el mar es un espacio de igualdad y se siente muy orgullosa de haber acercado el océano a miles de mujeres. ¿El entorno marino y el buceo han dejado de ser una cosa de hombres?

R: Efectivamente, el buceo y las actividades de mar antiguamente estaban consideradas como para el género masculino, pero hoy en día para nada. Puedo afirmar que miles de mujeres son ahora increíbles amneístas y buzas.

Para mí es increíble porque creo que le aportamos una mayor sensibilidad al mundo y el océano no iba a ser menos. Creo que es fundamental que le demos voz a las mujeres en el entorno marino.

P: Muchas de las mujeres que viajan con usted aseguran que la experiencia les "cambia la vida" o les ayuda a superar miedos, algo que usted misma vivió. ¿Existe un vínculo especial entre la sanación personal, el apoyo mutuo entre mujeres y la inmensidad del océano?

R: Totalmente. Lo más importante es que, para muchísima gente, el océano es terapia, es ese lugar de calma donde una se siente bien consigo misma y, muchas veces, para llegar ahí hay que romper miedos.

Yo considero que mi público es 90% femenino, porque las mujeres, generalmente, nos lanzamos mucho antes a viajar. Además, estamos un poco más trabajadas a nivel emocional y el mar te conecta con sentimientos a los que, a veces, cuesta años de terapia llegar.

Romper el miedo, lanzarse al agua y verse nadando al lado de un animal de 18 metros y toneladas de peso, como puede ser una ballena, te llena de adrenalina y te lleva a llorar de emoción, de alegría. Eso es, para mí, lo más bonito de la agencia.

Saber que hemos conectado con esas emociones a las personas y escuchar, que el mar les ha cambiado la manera de ver la naturaleza y la vida, que antes lo veían como un lugar que les daba miedo y ahora solo quieren protegerlo.