La natalidad desciende sin frenos en todo el mundo. La fecundidad se ha reducido de una media de 5 nacimientos por mujer en 1950 a 2,3 en 2021 y parece que no tiene frenos. En conjunto, se espera que descienda a 2,1 nacimientos por persona en 2050.
En el caso de España, por ejemplo, los efectos de esta cuesta abajo empiezan a ser palpables: ya hay más perros que niños en el país. Según datos del Gobierno, hay 7 millones de canes frente a 5 millones de menores de 12 años. Algo que ha llevado a acuñar el polémico término 'perrhijos'.
El concepto se refiere a mascotas que reciben atención y cuidados casi paternales por parte de sus tutores. Personas que, en muchos casos, han descartado la idea de que haya criaturas correteando por el pasillo de su casa.
Una postura que para el demógrafo Nicholas N. Eberstadt es un marcador "muy claro" del cambio de valores y el giro en la forma de pensar de las últimas generaciones, que les lleva a preferir el cariño a los animales al amor paternofilial.
"Por supuesto, pueden tenerse ambas cosas: hijos y mascotas, pero este cambio es parte de la atmósfera actual", teoriza el profesor de la Cátedra Henry Wendt de Economía Política en el American Enterprise Institute.
En una conferencia organizada por la Fundación Areces, el experto ha sostenido que el pico de la población mundial "podría llegar mucho antes de lo que casi cualquiera espera". Aun así, pese al descenso de nacimientos y al envejecimiento, es optimista y cree que la sociedad puede seguir prosperando.
Eberstadt charla con ENCLAVE sobre las causas de este descenso en la natalidad, la sostenibilidad del estado del bienestar y el impacto de la despoblación en la geopolítica global.
Pregunta: En España hay más perros que niños. ¿Qué dice este dato sobre fecundidad, migraciones y sostenibilidad social, y qué prioridad debería tener en la Agenda 2030 española?
Respuesta: Parece que se ha producido una gran revolución de mentalidad en las dos últimas generaciones. Algunos estudiosos europeos han llamado a esto la segunda transición demográfica.
Según ellos, nos alejamos de los modelos familiares anteriores. Esto nos lleva hacia unas cifras por debajo del reemplazo. La natalidad actual no es suficiente para mantener la estabilidad de la población.
P: ¿A qué se debe el cambio?
R: Los mismos expertos mantienen que el cambio está impulsado por una variación en los valores y perspectivas de las personas, no tanto en el desarrollo socioeconómico o la tecnología. Sin embargo, puede que también esté relacionado con los dos últimos.
Se ha producido un giro hacia la autorrealización, la autonomía personal, la conveniencia y el intento de alejarse de los inconvenientes. Además, España ha vivido un cambio social muy rápido a lo largo del tiempo. Ha habido una gran caída de las tasas de matrimonio, un aumento de los divorcios y la desestigmatización de los nacimientos fuera del matrimonio.
Nicholas N.Eberstadt durante su conferencia en Madrid.
Todo esto crea una nueva situación en la vida familiar, las perspectivas de tener hijos y de crear una familia extensa.
P: En un mundo con un número de pensionistas cada vez mayor y una base de trabajadores fiscales cada vez menor, ¿es posible mantener el Estado del Bienestar del siglo XX sin abocar a las próximas generaciones a una deuda impagable?
R: Ese estado de bienestar fue un poco una artimaña demográfica. Los trabajadores pagan impuestos para financiar a los pensionistas y eso es maravilloso cuando hay muchos trabajadores y muy pocos pensionistas. Pero a medida que el mundo se va volviendo gris [con mayoría de personas mayores], se vuelve mucho más difícil.
Desde mi punto de vista, es posible para los países, con su población en declive y envejecida, seguir enriqueciéndose, ser más prósperos y productivos, pero no pueden hacerlo con la vieja fórmula. Van a tener que hacer muchos ajustes.
Si consideramos los mecanismos existentes en los programas de bienestar social como algo sagrado e intocable, nos veremos limitados. Por ejemplo, el ahorro personal cobrará mayor importancia y, probablemente, también lo haga guardar dinero para la jubilación.
Hablando de política gubernamental, enfoque empresarial, comunidades y familia, todos ellos tendrán que adaptarse. Si lo hacen, creo que podremos ser un mundo cada vez más próspero en un futuro indefinido.
P: Usted argumenta que la población es un factor clave en la competencia entre grandes potencias. ¿Cree que la Europa actual, con su dinámica demográfica, está perdiendo capacidad de influencia geopolítica?
R: Es igual que el estado de bienestar. Hay que hacer ajustes según las realidades demográficas o también habrá problemas con la geopolítica
El continente se está convirtiendo en un socio menos atractivo como aliado para Estados Unidos. Esto ocurre por el envejecimiento y la reducción de su población, con un número progresivamente menor de jóvenes en edad militar y los grandes compromisos de bienestar social actuales.
Es la muestra de que las realidades demográficas cambian los términos de intercambio en seguridad nacional. Si los europeos quisieran el potencial militar de Estados Unidos, no les sería tan difícil conseguirlo.
Si, de media, la gente en Europa renunciara a una semana de vacaciones al año, tendrían suficiente dinero para defensa y, tras una generación, tendrían una plataforma comparable. Es una elección, una puerta demográfica abierta.
Los términos de intercambio y seguridad nacional están cambiando, los países europeos necesitarán más a Estados Unidos, y tal vez esté menos dispuesto a ayudar, a menos que haya algún tipo de cambio importante.
Aun así, soy un firme partidario del pacto transatlántico. Creo que el mundo es más seguro con alianzas entre democracias y espero que nuestras fricciones sean temporales y puedan solucionarse.
P:Ha estudiado a fondo el declive demográfico de potencias como China o Rusia. ¿Hasta qué punto la falta de nacimientos puede desestabilizar el orden geopolítico mundial en las próximas décadas?
R: La geopolítica es un tanto implacable con respecto al número de seres humanos. En igualdad de condiciones, un estado con más personas tendrá más potencial.
Creo que una de las grandes sorpresas para el mundo es la asombrosa caída de natalidad en China en la actualidad. Por cada 100 mujeres de la generación actual, solo nacerán unas 40 o 45 hijas y unas 20 nietas. Es inevitable que esto tenga un impacto muy radical en la geopolítica.
Eso es lo que hemos visto también con Putin. Su población se reduce e intenta compensar el declive del potencial humano adoptando comportamientos más arriesgados a nivel internacional [como la invasión de Ucrania].
No es una buena fórmula para el mundo y no puede continuar con ella indefinidamente, pero me pregunto si también veremos lo mismo con China.
P: Estamos en plena revolución de la Inteligencia Artificial y la automatización. ¿Puede la tecnología suplir la falta de mano de obra humana en sociedades envejecidas, o estamos sobreestimando su capacidad para sostener la economía?
R: Este tipo de innovaciones tienen el potencial de aumentar drásticamente la productividad humana, pero también de desplazar a la mano de obra. Por lo tanto, las personas que se beneficiarán más de estas tecnologías serán las que tengan las habilidades, la educación y la capacidad.
Por otro lado, soy optimista. Somos el animal más adaptable, ingenioso, creativo y capaz de resolver problemas. Eso nos da una gran esperanza, porque estamos llegando a una coyuntura en la que vamos a necesitar hacerlo: adoptar ajustes drásticos, ser muy creativos al respecto.
No significa que estemos condenados al fracaso. El mundo es más rico que antes de la explosión demográfica. De hecho, podría serlo todavía más en el futuro, incluso con una situación de despoblación, pero tenemos que adaptarnos.
