La biodiversidad ha dejado de ser una cuestión exclusivamente ambiental. Hoy es una cuestión económica, empresarial y estratégica. Como viene señalando el World Economic Forum, más de la mitad del PIB mundial depende moderada o altamente de la naturaleza.
El agua que utilizan las industrias, los suelos que sostienen la producción agrícola, la polinización, la regulación climática o la disponibilidad de materias primas forman parte de un equilibrio ecológico natural imprescindible sobre el que se sostienen la actividad empresarial y el funcionamiento de la economía global.
Por ello, la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica, que se celebrará este mes en Ereván, Armenia, tiene una relevancia que trasciende ampliamente el ámbito de la conservación.
Será la primera revisión global de los avances colectivos en la implementación del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal y una oportunidad para evaluar hasta qué punto gobiernos, empresas y sistema financiero están siendo capaces de transformar los compromisos adoptados en 2022 en acciones concretas.
La urgencia es evidente. El Living Planet Index (LPI) 2026 muestra que el tamaño de las poblaciones monitorizadas de vertebrados han disminuido un 73% de media desde 1970. La biodiversidad continúa deteriorándose a una velocidad incompatible con los objetivos internacionales acordados para esta década y con la estabilidad económica que requieren las cadenas de valor globales.
Ereván puede marcar un punto de inflexión en la agenda global de biodiversidad. El reto consiste en acelerar la implementación de las 23 metas del Marco Mundial de Biodiversidad y traducir la ambición en resultados medibles que permitan avanzar hacia las metas de 2030.
Las decisiones empresariales
Desde la perspectiva empresarial, una de las cuestiones más relevantes será el avance de la Meta 15, la más directamente vinculada con la gestión corporativa. Su objetivo es impulsar que las empresas evalúen, gestionen y divulguen sus impactos, dependencias y riesgos relacionados con la naturaleza.
En apenas unos años hemos pasado de debatir por qué la biodiversidad es relevante para las empresas a preguntarnos cómo incorporarla en la toma de decisiones.
Iniciativas como el Taskforce on Nature-related Financial Disclosures (TNFD), el marco internacional de referencia para que empresas y entidades financieras integren la naturaleza en sus procesos de gestión del riesgo y divulgación de información, están acelerando este cambio.
Pero el verdadero cambio no está ocurriendo únicamente en el ámbito del reporte. La naturaleza está entrando progresivamente en los procesos de gestión del riesgo, las decisiones de inversión y el acceso a financiación.
Cada vez más empresas analizan no solo cómo impactan sobre la naturaleza, sino también hasta qué punto dependen de ella para desarrollar su actividad. Un ejemplo sencillo es el agua. Para muchas empresas industriales, energéticas o agroalimentarias, la disponibilidad de recursos hídricos es una condición necesaria para operar.
Cuando esa disponibilidad disminuye, aumentan los costes, se reduce la productividad y crece la incertidumbre para el negocio. Lo que comienza como una dependencia de la naturaleza puede acabar convirtiéndose en un riesgo empresarial.
Abordar esta dependencia desde la estrategia empresarial, como plantea Forética en su Guía para CEO: El agua en el centro de la estrategia, permite anticipar riesgos y reforzar la resiliencia del negocio.
El creciente interés de inversores y bancos centrales por comprender cómo estas dependencias se traducen en riesgos financieros es una muestra de ello. El Banco Central Europeo señala que estos riesgos ya han empezado a influir en las decisiones de concesión de crédito.
La biodiversidad está dejando de ser una cuestión reputacional para convertirse en un factor de resiliencia, competitividad y creación de valor a largo plazo.
La COP17 permitirá evaluar hasta qué punto estamos avanzando desde la medición hacia la acción. Comprender los riesgos asociados a la naturaleza es un primer paso necesario, pero insuficiente.
El verdadero desafío consiste en traducir ese conocimiento en decisiones empresariales, inversiones y modelos de negocio capaces de generar prosperidad económica dentro de los límites del planeta.
Reformar los incentivos
Si la Meta 15 es la meta de la integración empresarial de la naturaleza, la Meta 18 representa probablemente el gran debate económico de la COP17. Su objetivo es identificar, eliminar o reformar los incentivos perjudiciales para la biodiversidad y reducirlos al menos en 500.000 millones de dólares anuales antes de 2030.
Actualmente los gobiernos destinan cada año alrededor de 2,6 billones de dólares a subvenciones perjudiciales para el medio ambiente, una cifra equivalente al 2,5 % del PIB mundial, según Business for Nature.
Se trata de recursos públicos que, de manera involuntaria, siguen incentivando actividades que degradan los ecosistemas y aceleran la pérdida de biodiversidad.
Movilizar financiación
Corregir las señales económicas que incentivan la pérdida de biodiversidad es una parte de la ecuación. La otra pasa por movilizar capital a la escala necesaria para acelerar la transición. Precisamente ahí se sitúa la Meta 19 del Marco Mundial de Biodiversidad, que busca movilizar al menos 200.000 millones de dólares anuales para biodiversidad antes de 2030.
Las Metas 18 y 19 deben entenderse como dos caras de una misma moneda: reformar aquellos incentivos que siguen impulsando su pérdida y movilizar más recursos hacia actividades positivas para la naturaleza.
La COP17 también será un momento clave para debatir cómo reforzar el Fondo Cali, aumentar la participación empresarial y consolidar su capacidad para movilizar nuevos recursos para la biodiversidad. Su evolución será especialmente relevante para sectores como la biotecnología, la industria farmacéutica, la agricultura o la cosmética.
La implementación
Las empresas tienen un papel decisivo en la implementación del Marco Mundial de Biodiversidad y cada vez son más conscientes de que la naturaleza es un factor de competitividad, resiliencia y creación de valor. Por eso se espera que Ereván sea recordada como la conferencia que ayudó a trasladar el debate desde los compromisos hacia la implementación.
La conferencia en la que gobiernos, empresas y sistema financiero aceleraron la aplicación del Marco Mundial de Biodiversidad, impulsaron la reforma de incentivos perjudiciales y movilizaron los recursos necesarios para avanzar hacia sus compromisos.
La cuestión principal es si seremos capaces de actuar con la ambición necesaria para convertir los compromisos adoptados en Montreal en resultados tangibles antes de 2030. Y esa es, precisamente, la prueba que tendrá lugar en Armenia.
*** Irene Alcocer, Senior Manager de Forética.