Llevo toda la vida vinculada a una marca que nació para acompañar a los niños en sus primeros pasos. Pablosky fue fundada en 1969 con una idea muy sencilla y muy profunda: ayudar a las familias a cuidar de los pies de sus hijos.
Durante más de 50 años, esa ha sido nuestra forma de estar cerca de las familias. Fabricar zapatos infantiles no es solo fabricar un producto. Es acompañar momentos de crecimiento, de autonomía, de colegio, de juego, de caídas, de carreras y de descubrimientos.
Pero las preocupaciones de las familias cambian. Lo que antes se resolvía pensando en comodidad, resistencia, salud o calidad, hoy convive con preguntas nuevas. Muchas de ellas tienen que ver con el entorno digital en el que crecen nuestros hijos.
Como madre, sé que compartimos imágenes de nuestros hijos desde el cariño, desde el orgullo y desde la ilusión. No hay nada más natural que querer guardar y enseñar momentos importantes de su infancia. Durante muchos años, esas imágenes terminaban en un álbum, en una pared o en un marco familiar.
Hoy, sin embargo, una imagen puede circular, guardarse, reenviarse, permanecer durante años o acabar en contextos que nunca imaginamos cuando fue tomada. La inteligencia artificial ha añadido además nuevas preguntas sobre el uso, la manipulación y la permanencia de esas imágenes.
En Pablosky hemos querido escuchar esa preocupación. En un estudio realizado entre 1.126 padres y madres en España con hijos de 0 a 14 años, el 91% considera que compartir imágenes de menores puede afectar a su privacidad futura, y el 87% afirma que la inteligencia artificial ha cambiado su percepción del riesgo.
Estos datos no hablan de miedo. Hablan de sensibilidad, de prudencia y de una reflexión que muchas familias ya están haciendo. Como marca infantil, nos sentimos interpelados por esa realidad. No desde la alarma, sino desde la responsabilidad.
Por eso nos hicimos una pregunta muy sencilla: ¿necesitamos mostrar el rostro de un niño para vender zapatos? La respuesta apareció de forma natural: no. Y si no lo necesitamos, ¿por qué seguir haciéndolo?
Hemos decidido dejar de mostrar rostros identificables de menores en nuestras comunicaciones. No porque queramos esconder la infancia, ni porque dejemos de hablar de niños. Todo lo contrario. La infancia seguirá estando en el centro de Pablosky.
Seguiremos mostrando juego, movimiento, pasos, manos, espaldas, rutinas, colegio, autonomía y alegría. Seguiremos contando la infancia desde aquello que la hace reconocible. Pero lo haremos sin convertir el rostro del menor en el centro de nuestra comunicación.
Esta decisión no nace para decirle a ninguna familia lo que debe hacer. Cada familia vive este tema desde su realidad, sus criterios y sus circunstancias. Tampoco nace para señalar a otras marcas. Nace de una reflexión interna sobre cómo queremos actuar nosotros.
Creemos que las marcas que trabajamos alrededor de la infancia tenemos una influencia. Generamos imágenes, construimos imaginarios y formamos parte de la cultura visual que acompaña a las familias. Por eso también podemos contribuir a una mirada más consciente.
Para nosotros, esta decisión conecta con algo que está en el origen de Pablosky: cuidar. Antes cuidábamos los pasos desde el producto. Hoy seguimos haciéndolo, pero entendiendo que cuidar también puede significar revisar cómo representamos a los niños en un entorno digital nuevo.
Ser fiel a un legado no siempre significa repetir lo que se ha hecho siempre. A veces significa entender qué preocupa hoy a las familias y adaptar nuestras decisiones a ese nuevo contexto.
Cuando cambia el contexto, cambia el criterio. La infancia sigue estando en el centro de Pablosky. Lo que cambia es nuestra forma de protegerla.
*** Eva Martín-Caro es directora general de Pablosky.